Por: Jutta Schmitt / @din
Un amanecer se perfila en el horizonte de América Latina: el amanecer del ALBA. Contra este amanecer de los pueblos se han conjurado en santa jauría: la potencia de América del Norte junto a cuanto gobierno encuentre, esclavo de sus presiones.
No hay un solo gobierno progresista o anti-neoliberal a quien el gobierno de Norteamérica no moteje de populista, comunista o terrorista, ni un solo medio de comunicación de la corriente del pensamiento único, que no lance al rostro de las fuerzas más avanzadas la acusación estigmatizante de autoritarismo, socialismo, populismo, terrorismo y cuanto "ismo" se le ocurra. De este hecho se desprenden dos consecuencias:
La primera es, que el ALBA se halla ya reconocido como una potencialidad real por el gobierno de Norteamérica, y la segunda, que ya es hora de que quede expresado en términos claros lo que realmente está en juego para los pueblos de América Latina (y del mundo entero), saliendo así al paso de las difamaciones que constantemente se disparan en contra de esta propuesta, emanada de la Revolución Bolivariana de Venezuela bajo el liderazgo de su presidente, Hugo Chávez Frías.
La Alternativa Bolivariana para Las Américas es mucho más que el supuesto capricho anti-norteamericano de un presidente, o la "quema de petrodólares" con fines populistas. Es de amplio conocimiento, que la Alternativa Bolivariana para Las Américas ha nacido como una respuesta al Área de "Libre" Comercio de Las Américas (ALCA) promovido por EE.UU., cuyo único propósito es la total y des-regularizada maximización de las ganancias en beneficio de sus grandes corporaciones, y para cuyo efecto se pretende inhabilitar la función de los Estados de velar por el derecho de sus pueblos de acceder a los servicios básicos, necesarios para la propia supervivencia humana; es decir, pretendiendo eliminar por completo la soberanía nacional y seguridad social.
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