En el modelo de capitalismo actualmente imperante en todo el mundo los gobernantes pueden ser considerados como el tren ejecutivo de la empresa y los gobernados como la Junta de Accionistas. Ya el hecho de que se llame gobernantes a unos y gobernados a otros da a entender que las cosas no son tan sencillas como parecen o como debieran ser.
Se dice de todo sobre el terrorismo y la mayor parte de las cosas que se dicen son expresión de sentimientos más que de argumentos. Se juzga, se repudia, se condena…nadie puede dudar de que se trata de un flagelo social, pero también lo es el SIDA y nadie espera que se emitan juicios de valor sobre el virus, calificándolo de malvado o de perverso: lo que se espera es que se encuentre la manera de erradicarlo.
Si el investigador a cargo del experimento del que depende un asunto de salud pública se excusa de su fracaso diciendo que la enfermedad del caso es demasiado maligna o demasiado artera para ser combatida con eficiencia, entenderemos simplemente que no ha encontrado la cura: podemos disculparlo porque sabemos que la ciencia avanza lentamente…lo que no podemos es felicitarlo por su fracaso y proponerlo para el premio Nobel.
Los estados que hoy tienen en el combate del terrorismo una de sus tareas más urgentes, reciben cada nuevo ataque con exclamaciones de sorpresa y con pésames adoloridos: si el presidente de una empresa privada utilizara esa fórmula para dirigirse a los accionistas cada vez que la cotización en bolsa de la compañía cae, es muy probable que no durara mucho en su cargo.
Los accionistas pensarían que a ese señor se le paga para que actúe y no para que se queje de la eficiencia de los competidores.
“Es que la competencia hace trampa” parece ser el argumento de muchos presidentes de las empresas públicas que son los países atacados por el mal.
O, puesto en otros términos, es el General en Jefe de un ejército que explica que pierde una tras otra las batallas porque el enemigo “no juega limpio.”
No es juego, es guerra, le dirán. Y lo que se espera de usted es que haga lo que sea para ganarla.
“No nos dividirán, no nos vencerán” exclama el Sr. Blair con pasión y con firmeza inquebrantables... ¿A quién se dirige? ¿Por qué no se dirige más bien a su despacho y ordena lo que tiene que ordenar para demostrar que es capaz de cumplir lo que promete? ¿O por qué no se declara incompetente y deja que otros se ocupen del asunto?
Pareciera que en cada “ataque sorpresa” lo importante es señalar ese carácter sorpresivo como una excusa para minimizar la responsabilidad del gobierno. ¿No es la sorpresa un ingrediente fundamental de la guerra? ¿Por qué no los sorprendemos nosotros a ellos de la misma manera?
“No es tan fácil” dirán muchos. Ya sabemos que ni esa ni ninguna otra de las cosas que les pedimos a nuestros “gobernantes” a cambio del poder y del dinero que les damos es fácil: están allí para realizar la nada fácil tarea de cumplir con su deber. Ellos se ofrecieron,
Pero tampoco es fácil para las víctimas tragarse, además de su dolor, declaraciones como las de un jefe de Estado que afirma que “los terroristas no lograrán sus objetivos”. ¿Es que las muertes que ya están produciendo le parecen poco como “objetivos” logrados?
Si éste fuera un modelo capitalista realmente eficiente, los accionistas convocarían una Asamblea General Extraordinaria y considerarían como primer punto del orden del día un ultimátum para los políticos que dedican su tiempo a echarle la culpa al enemigo (o unos a otros, como ocurre en España) en lugar de combatirlo.
El caso está demasiado caliente (como todavía algunos de los cadáveres) para ser objetivos. Pero si aplicamos esta óptica a los otros deberes de los gobernantes veremos que su gestión política, económica y social deja demasiado que desear.
Curiosa y oportunamente, hechos como los que hoy ocurren en Londres sirven para dejar en segundo plano, al menos por un momento, la insatisfacción generalizada sobre un modelo de mundo que sólo sirve y conviene para aquellos que lo dirigen hacia un abismo en el cual son los únicos provistos de paracaídas.
Porque ¿No es el terrorismo un ataque contra los Estados en el que pagan por lo general los que no forman parte del Estado?