Es innegable que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, lidera hoy las fuerzas más progresistas de América Latina y el mundo en oposición al sanguinario modelo imperial de los Estados Unidos. Junto a Fidel Castro, ha logrado constituir el núcleo principal de una corriente revolucionaria, que partiendo de Cuba y Venezuela recorre hoy millones de conciencias en todo el mundo, impulsando nuevas y poderosas organizaciones por doquier.
Hasta sus enemigos reconocen que "la táctica principal ha sido innovadora: combinar procesos insurreccionales revolucionarios con rutas electorales de la democracia representativa". Y nuevamente, como ocurrió a lo largo de toda la historia, los escribas a sueldo de los poderosos ven como horrendas herejías los mismos postulados que constituyen la razón de ser para existencias fructíferas, en opinión de los revolucionarios. El declarado objetivo bolivariano de"reemplazar la democracia representativa burguesa, por la democracia participativa que conducirá al socialismo" (peyorativamente dicho por el periodismo opositor) es a todas luces lo que está llevando definitivamente por un camino promisorio a Venezuela.
"Es increíble la forma en que el condicionamiento cultural los ciega (a las clase media-alta y los poderosos de Venezuela) hasta impedirles tener una idea real de su propio país", dice el destacadísimo periodista argentino Luis Bruschtein. "La televisión que ven, las radios que escuchan, los periódicos que leen y las amables conversaciones de sobremesa que sostienen con sus amigos, colegas y compañeros de trabajo crean un microclima que responde a una porción minoritaria de la realidad que, por otra parte, fue la que efectivamente decidió la política en el pasado" (1).
Una política, como se sabe, determinante para que, a pesar de haberse posicionado Venezuela hacia los 70 como uno de los principales proveedores del norte opulento, y haber succionado para sus clases dominantes ganancias extraordinaria, luego de 50 años de esta "democracia" tenga el 70 por ciento de sus pobladores en situación de pobreza. Esta obtusa realidad es la que Chávez vino a corregir ahora, con su democracia participativa. En la cual, por cierto, irrita a los atildados representantes del privilegio la presencia de millones de rústicos ciudadanos, a quienes durante años ellos quisieron ignorar.
"El énfasis revolucionario continental se encuentra hoy en la región andina, pero la Revolución Bolivariana avanza de manera rauda en otros países del Continente" constatan entonces, alarmados, sus periódicos informados por la CIA. Y es verdad. Pero esto no es, para América Latina, un nubarrón ominoso, sino por el contrario, anuncio de nuevas y radiantes auroras para la futura felicidad y libertad de nuestros pueblos, desde hace muchos años ofendidas por dictaduras traidoras a su patria y "democracias" compuestas por sirvientes de los norteamericanos.
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