{"article":{"id":264645,"heading":"La Monarqu\u00eda de Felipe VI y la III  Rep\u00fablica","author":"partido comunista internacional","created":"2014-06-18 19:08:52","modified":"2014-06-18 19:08:52","last_modified":"Thu, 19 Jun 2014 02:08:52","article":"<br><br><br><br>\r\nLA MONARQU&Iacute;A DE FELIPE VI Y LA III REP&Uacute;BLICA S&Oacute;LO SON FORMAS DE GOBIERNO DE LA CLASE BURGUESA\r\nY POR LO TANTO DE EXPLOTACI&Oacute;N Y MISERIA PARA EL PROLETARIADO<br><br><br><br>\r\n\r\n\r\nSeis a&ntilde;os de crisis econ&oacute;mica, acompa&ntilde;ados de los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n en la Casa Real y del descontento cada vez mayor que en amplias capas de la sociedad existe hacia la monarqu&iacute;a, han bastado para poner en cuesti&oacute;n un modelo que se impuso durante la Transici&oacute;n y que durante los &uacute;ltimos 39 a&ntilde;os ha cumplido la funci&oacute;n de garantizar la sumisi&oacute;n de la clase proletaria a las exigencias de la burgues&iacute;a bajo el manto de la colaboraci&oacute;n democr&aacute;tica entre clases.\r\nA la muerte de Franco otra crisis econ&oacute;mica, aquella llamada &ldquo;del petr&oacute;leo&rdquo;, daba lugar a un aumento considerable del enfrentamiento entre proletarios y burgueses sobre el terreno de la lucha inmediata por el salario, las condiciones de existencia y, por a&ntilde;adidura, sobre aspectos &ldquo;sociales&rdquo; que generaban una tensi&oacute;n soterrada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la dictadura (la cuesti&oacute;n vasca y catalana, la situaci&oacute;n de la mujer, etc.) Adem&aacute;s el ejemplo cercano de Portugal, donde la guerra colonial de d&eacute;cadas acab&oacute; por liquidar la dictadura y volver incontenible la lucha de amplios estratos de la clase obrera, recorr&iacute;a como un espectro infernal las mentes de la clase burguesa espa&ntilde;ola y europea. La llamada Transici&oacute;n democr&aacute;tica fue un gran pacto social capitaneado por la cabeza visible del Rey pero dirigido realmente por el concurso simult&aacute;neo de las burgues&iacute;as europeas y americanas con la colaboraci&oacute;n de todos los sectores del R&eacute;gimen y de la oposici&oacute;n. Se trataba, entonces, de garantizar el gobierno de la clase burguesa enfrentada tanto a una agudizaci&oacute;n de la lucha de clases como a la necesidad imperiosa de reorganizar los sectores estrat&eacute;gicos de la econom&iacute;a nacional para defender su posici&oacute;n en los enfrentamientos con sus rivales imperialistas y esta tarea no pod&iacute;a realizarse si la forma del Estado continuaba siendo la &ldquo;democracia org&aacute;nica&rdquo; que hab&iacute;a existido desde el final de la Guerra Civil: era necesario realizar una reforma democr&aacute;tica que permitiese extender la ficci&oacute;n de que el proletariado pod&iacute;a ver realizadas sus aspiraciones no mediante la lucha en defensa de sus intereses de clase sino mediante la colaboraci&oacute;n con la burgues&iacute;a que garantizaban las elecciones, las Cortes, la Constituci&oacute;n y la Monarqu&iacute;a parlamentaria y de que deb&iacute;a aceptar los sacrificios que se le exigir&iacute;an a favor del bien com&uacute;n, la democratizaci&oacute;n del Estado y la buena marcha de la econom&iacute;a. La burgues&iacute;a alemana por medio de su partido socialdem&oacute;crata, la burgues&iacute;a francesa como principal potencia con intereses en Espa&ntilde;a, los mismos Estados Unidos y, por supuesto, la llamada oposici&oacute;n democr&aacute;tica (que abarcaba desde el nacionalismo vasco y catal&aacute;n hasta los partidos de extrema izquierda unidos en la llamada <i>Platajunta<\/i> democr&aacute;tica pasando por el PCE) colaboraron codo con codo para garantizar que esta reforma institucional se realizase con el m&iacute;nimo coste posible (aunque, por supuesto, hubo costes insalvables que se asumieron sin problemas: la Transici&oacute;n fue de todo menos pac&iacute;fica como demuestran los cientos de muertos habidos durante el proceso). <p>\r\nSe trat&oacute;, en definitiva, de una remodelaci&oacute;n del r&eacute;gimen franquista (que ya era considerablemente diferente del que se impuso en 1939) realizada por el mismo aparato del Estado, que se dio la mano con los partidos de oposici&oacute;n a los que encomend&oacute; la tarea de mantener, mediante su influencia en la clase proletaria, a los trabajadores dentro del respeto del pacto social establecido. De esta manera la Constituci&oacute;n mon&aacute;rquica fue aceptada tanto por los sectores del R&eacute;gimen franquista que representaban el dominio de la burgues&iacute;a desde hac&iacute;a casi cuarenta a&ntilde;os como por los partidos llamados obreros que sometieron a los proletarios a la disciplina necesaria para que el proceso se realizase sin excesivas dificultades. De hecho estos partidos, capitaneados por PCE y PSOE impusieron el orden incluso en las calles, atacando sin miramientos cualquier huelga o protesta que pusiese en peligro incluso los aspectos m&aacute;s secundarios de la reforma, obligando a los proletarios a aceptar la primac&iacute;a del inter&eacute;s nacional por encima de sus intereses de clase, colaborando tambi&eacute;n con la guerra sucia ejercida especialmente contra los militantes de ETA&hellip; Quienes hoy claman por la III Rep&uacute;blica no s&oacute;lo est&aacute;n en el origen de la Constituci&oacute;n mon&aacute;rquica sino que la defendieron a capa y espada contra cualquiera que se opusiese a ella.<\/p><p>\r\nHoy el llamado <i>juancarlismo<\/i> ha tocado a su fin: la figura del rey se encontraba sumamente desgastada como consecuencia de un progresivo desgaste general de la confianza en las instituciones p&uacute;blicas y de los esc&aacute;ndalos particulares que han tocado a la Familia Real. Para que el mito de la colaboraci&oacute;n democr&aacute;tica siga en pie, sobra el rey, que se ha hecho blanco de todo el descontento en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Con la abdicaci&oacute;n se pretende atenuar esta tensi&oacute;n, renovar la jefatura del Estado y con ella la confianza en este, contribuir, en una palabra, a hacer gobernable un pa&iacute;s en crisis tambi&eacute;n por esta v&iacute;a.<\/p><p>\r\nA la vez que la monarqu&iacute;a representada por Juan Carlos I se ha desprestigiado hasta el punto de ser un elemento de tensi&oacute;n m&aacute;s que de cohesi&oacute;n social, este malestar generalizado que afecta tanto al proletariado como a ciertos sectores de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, ha encontrado su expresi&oacute;n pol&iacute;tica en una vieja y nueva izquierda parlamentaria que defiende la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica de que un cambio en el modelo de Estado, el paso de la monarqu&iacute;a constitucional a la rep&uacute;blica burguesa democr&aacute;tica, lograr&iacute;a mejorar las condiciones de vida del <i>pueblo<\/i>. Esta ilusi&oacute;n se basa en dos puntos. Por un lado, en la idea de que la rep&uacute;blica es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de la democracia, que la democracia, a su vez, es un r&eacute;gimen pol&iacute;tico que se coloca m&aacute;s all&aacute; del capitalismo y en el que, por tanto, crisis y miseria quedan excluidas definitivamente. Por otro lado, en la fantas&iacute;a de que las penosas condiciones de existencia a las que ha sido arrojado el proletariado, clase que constituye la gran mayor&iacute;a de la sociedad en el mundo capitalista, son consecuencia no de una crisis capitalista consecuencia de la ca&iacute;da de la tasa de beneficio empresarial, sino de una <i>estafa<\/i> por la cual las &eacute;lites dirigentes habr&iacute;an expoliado a las clases populares de sus derechos sociales y econ&oacute;micos. A partir de estos puntos, la rep&uacute;blica burguesa permitir&iacute;a reorganizar el pa&iacute;s de manera que todas las clases sociales conviviesen arm&oacute;nicamente, sin enfrentarse y para mayor gloria de la econom&iacute;a nacional (puesta ahora al servicio del <i>pueblo<\/i>, claro).<\/p><p>\r\nEl mecanismo es el mismo que en 1978 con la Constituci&oacute;n mon&aacute;rquica: es posible un pa&iacute;s en el que, mediante la reforma democr&aacute;tica, todas las clases sociales coexistan en paz. No debe haber, por lo tanto, lucha entre proletariado y burgues&iacute;a, sino conciliaci&oacute;n democr&aacute;tica (mon&aacute;rquica ayer, republicana hoy). Y tambi&eacute;n es el mismo que defiende la burgues&iacute;a espa&ntilde;ola haciendo abdicar a Juan Carlos. La equivalencia entre monarqu&iacute;a y rep&uacute;blica la muestran claramente sus respectivos defensores, que utilizaron y utilizan los mismos argumentos y pretenden los mismos fines. De hecho los partidos republicanos que han defendido  una hipot&eacute;tica III Rep&uacute;blica lo han hecho desde el m&aacute;ximo respeto a la Constituci&oacute;n mon&aacute;rquica de 1978, que es la m&aacute;xima ley con la cual la burgues&iacute;a sanciona su dominio sobre el proletariado: convocatoria de un refer&eacute;ndum, modificaci&oacute;n democr&aacute;tica del Estado, papel central de las Cortes en el proceso&hellip; Pretenden que el Estado se reforme a s&iacute; mismo, cambiando de ropaje para cumplir mejor su funci&oacute;n de clase. De hecho se tratar&iacute;a de una repetici&oacute;n del famoso harakiri que las Cortes franquistas se hicieron para dar paso a la monarqu&iacute;a constitucional: en ambos casos se trata de defender t&eacute;rminos El Estado burgu&eacute;s, cualquiera que sea su forma.<\/p><p>\r\nLos intereses de la clase proletaria no se ver&aacute;n satisfechos ni bajo la monarqu&iacute;a de Felipe ni bajo la III Rep&uacute;blica. Para el proletariado lo esencial no es la forma que adopte el Estado burgu&eacute;s, sino la misma existencia del Estado burgu&eacute;s, que ejerce la funci&oacute;n de imposici&oacute;n y defensa de los intereses del capitalismo nacional tanto en lo referente a la situaci&oacute;n interna como en lo que afecta a su rivalidad con los imperialismos extranjeros. Esto no quiere decir que le sea indiferente la forma del Estado, esta forma responde a fuerzas materiales entre las cuales ocupa un lugar principal el enfrentamiento entre las clases. No se puede descartar que ma&ntilde;ana, como consecuencia de una agudizaci&oacute;n de la lucha del proletariado la propia burgues&iacute;a, sometida a la presi&oacute;n de esta lucha, hiciese girar el Estado hacia formas republicanas. Se tratar&iacute;a de una manera de disipar temporalmente la tensi&oacute;n social y encaminar al proletariado, de nuevo, por la senda de la sumisi&oacute;n a la fuerza pol&iacute;tica de la burgues&iacute;a. As&iacute; sucedi&oacute; en 1931, cuando la  burgues&iacute;a espa&ntilde;ola se vio incapaz de gobernar el pa&iacute;s por la v&iacute;a mon&aacute;rquica y le bastaron unas elecciones municipales para echar a Alfonso XIII e imponer un gobierno de partidos republicanos. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, la Rep&uacute;blica asesinaba a los campesinos de Casas Viejas; dos, a los proletarios del Alto Llobregat; en 1934 a los asturianos y en 1936 comenz&oacute; el exterminio del proletariado revolucionario que acabar&iacute;a el r&eacute;gimen franquista.<\/p><p>\r\nNo hay salida para las aspiraciones del proletariado dentro del sistema capitalista y su Estado. La clase proletaria est&aacute; enfrentada a la clase burguesa como consecuencia del mismo sistema capitalista, que generaliza la producci&oacute;n social pero la somete a las categor&iacute;as de propiedad privada y trabajo asalariado, con lo cual la clase productora cae una y otra vez en la miseria, es utilizada como carne de ca&ntilde;&oacute;n en las guerras imperialistas, es exterminada como fuerza de trabajo sobrante que es cuando la econom&iacute;a nacional ya no la requiere&hellip; La clase proletaria lleva en s&iacute; un nuevo modo de producci&oacute;n que se levantar&aacute; sobre los cimientos del actual, basado en la explotaci&oacute;n del hombre por el hombre. Pero para imponerlo, debe luchar en primer lugar por aniquilar el Estado burgu&eacute;s, cualquiera que sea la forma que este adopte, totalitaria o democr&aacute;tica, republicana o mon&aacute;rquica, porque es el instrumento de dominio pol&iacute;tico que utiliza su enemigo de clase para gobernarle. Debe sustituir este Estado por su propio Estado de clase, que ya no es un Estado en el sentido habitual del t&eacute;rmino (Engels), y ejercer a trav&eacute;s de &eacute;l su dictadura sobre los restos de la clase burguesa y el resto de clases aliadas a esta, que sin duda no abandonar&aacute;n su &eacute;poca hist&oacute;rica sin batirse a sangre y fuego. A trav&eacute;s de esta dictadura no s&oacute;lo deber&aacute; romper la resistencia de la burgues&iacute;a sino tambi&eacute;n intervenir desp&oacute;ticamente sobre la econom&iacute;a para comenzar a sentar las bases de la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad, una transformaci&oacute;n que volver&aacute; in&uacute;til por fin la existencia de cualquier tipo de Estado en la medida en que desaparecer&aacute;n las clases sociales (y no el enfrentamiento entre las clases como est&uacute;pidamente proponen los reformistas de todo tipo), haciendo innecesaria ning&uacute;n tipo de coerci&oacute;n pol&iacute;tica.<\/p><p>\r\nFrente a la disyuntiva monarqu&iacute;a o rep&uacute;blica, el proletariado s&oacute;lo tiene una alternativa: constituirse en clase, y por lo tanto en Partido pol&iacute;tico, para imponer su proyecto hist&oacute;rico, la revoluci&oacute;n comunista. Frente a las propuestas republicanas, que pretenden ligar a la clase proletaria a una lucha interclasista junto a peque&ntilde;os burgueses y burgueses, con la est&uacute;pida aspiraci&oacute;n de acabar con el antagonismo entre clases sin acabar con las clases, el proletariado s&oacute;lo puede dar una respuesta  comenzando a luchar sobre el terreno de sus exigencias inmediatas contra la burgues&iacute;a (peque&ntilde;a y grande), respondiendo a las agresiones que sufre en la crisis capitalista con su agresi&oacute;n de clase a los intereses de sus enemigos desarrollando y extendiendo sus organizaciones de clase que incluyan &uacute;nicamente a proletarios y rompan la presi&oacute;n que la competencia entre obreros ejerce sobre los salarios y las condiciones de vida; tomando la v&iacute;a que, de la lucha econ&oacute;mica de defensa se eleve, gracias a la intervenci&oacute;n del partido de clase, a la lucha pol&iacute;tica general, clase contra clase. Frente a la bandera rojigualda y la bandera tricolor, el proletariado s&oacute;lo puede levantar la bandera roja de la revoluci&oacute;n por la conquista del poder pol&iacute;tico, de la destrucci&oacute;n del Estado burgu&eacute;s y de la superaci&oacute;n del modo de producci&oacute;n  capitalista.<\/p><p><br><br>\r\n\r\n<b>&iexcl;Abajo la monarqu&iacute;a, la rep&uacute;blica y cualquier forma del Estado burgu&eacute;s!<\/b><br>\r\n<b>&iexcl;Por la reanudaci&oacute;n de la lucha de clase!<\/b><br>\r\n<b>&iexcl;Por la revoluci&oacute;n comunista!<\/b><\/p><p><br><br>\r\n\r\n5-6-14<br>\r\nPartido Comunista Internacional (El Proletario)<br><br><br>\r\n\r\n\r\n<\/p>\n","contact":"elprogramacomunista@pcint.org","link":"","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"application\/pdf","summary":"La abdicaci\u00f3n del rey Juan Carlos I a favor de su hijo Felipe tiene como objetivo, \u00fanicamente, reestructurar algunos aspectos de la forma del Estado.","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/2014\/06\/rep__blica_monarqu__a_espa__a.pdf","filesize":"64.8 kibibytes","article_url":"\/news\/2014\/06\/264645.php"},"attachments":[],"comments":[]}