{"article":{"id":230387,"heading":"Heinrich Heine, las lieder del pueblo","author":"Francisco Valero","created":"2009-09-19 11:13:21","modified":"2013-11-11 01:01:00","last_modified":"Mon, 11 Nov 2013 08:01:00","article":"<br><br>  <br>  <br> Las lieder del pueblo de Heinrich Heine  <br><br> Francisco Valero  <br><br> Durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, toda su vida consciente, Heinrich Heine fue leal a la causa de la libertad. El hombre, un hombre de su tiempo, m&aacute;s no un tit&aacute;n, del que Goethe dijera que si no fuera tan golfo ser&iacute;a el mayor poeta de Alemania, era un mundo en transformaci&oacute;n.  <br><br> En ese tiempo, la opresi&oacute;n era no tan solo la opresi&oacute;n jud&iacute;a, adem&aacute;s se encontraba la opresi&oacute;n de los pueblos por los imperialismos. Aunado a la desuni&oacute;n de pueblos como Alemania, se produc&iacute;a la opresi&oacute;n capitalista, la de los banqueros y burgueses, delineada en los suaves compases de la historia, en Die Wanderratten :&rdquo; Los burgueses empu&ntilde;an las armas\/los curas tocan las campanas&hellip;&rdquo; Ese es el universo donde Heine compone, donde ve la poes&iacute;a como una fortaleza liberada, conquistada, mientras la prosa sigue esclava de los avatares del mundo. En la poes&iacute;a, encuentra su para&iacute;so de bondad, su &ldquo;tierra prometida&rdquo;, la libertad que reclama a gritos furiosos.  <br><br> Heine, a diferencia de muchos poetas en toda Europa que militaban en las filas del romanticismo, no se fue por su propia voluntad. No figura en su obra el suicidio como una patria so&ntilde;ada a la que tendiera, aunque en su Alemania, un cuento de inverno exclame: &ldquo;S&iacute;, eso de que antes nos fue tan mal\/en Alemania, es una exageraci&oacute;n\/ se pod&iacute;a huir de la esclavitud\/como en la antigua Roma, suicid&aacute;ndose&rdquo; (AUCI, p. 251).Fue el &uacute;ltimo poeta rom&aacute;ntico y el primer poeta postrom&aacute;ntico de Alemania, inaugurando las letras modernas. Para Heine la alternativa a esta vida opresiva y gris que las humaredas llameantes de la incipiente Revoluci&oacute;n Industrial ofrec&iacute;an a los pueblos no era la muerte, la desaparici&oacute;n individual, la desesperanza, la b&uacute;squeda del vac&iacute;o existencial, sino otra vida, la afirmaci&oacute;n social, el hegelianismo de izquierda, de la sociedad la Joven Alemania, el socialismo ut&oacute;pico, el marxismo&hellip;. Como afirma Men&eacute;ndez Pelayo, a Heine es muy dif&iacute;cil intentar encerrarlo en clich&eacute;s simplistas en sus posiciones tanto literarias como pol&iacute;ticas, a un alma tan compleja y por qu&eacute; no decirlo, contradictoria.  <br><br> En sus alforjas po&eacute;ticas llevaba un mundo nuevo no solo para las letras alemanas sino tambi&eacute;n para las universales, a&uacute;n cuando Alemania siempre se recortara, ah&iacute; al fondo, en los trascabos de su pensamiento, como en Anno 1839 donde declama: &ldquo;Oh, Alemania, amor lejano\/casi lloro pensando en ti&hellip;&rdquo;. Pero Heine no es un vulgar patriota, no es un chauvinista. Y dir&aacute;: &ldquo;me cae fatal esa chusma que, para conmover los corazones,\/va luciendo su patriotismo\/con todas sus &uacute;lceras&rdquo;. (AUCI, p. 243,) <br><br>  <br>  <br> Heine nos lo explica, comentando su Historia de la filosof&iacute;a alemana: &ldquo;A pesar de mi simpat&iacute;a por el sentimiento universalista de los franceses, a pesar de mi cosmopolitismo filos&oacute;fico, persevera la vieja Alemania con sus prejuicios burgueses en mi pecho&rdquo;. Se enoja con Alemania pero no puede ser franc&eacute;s. Nunca se naturaliz&oacute; mientras viv&iacute;a en Par&iacute;s.  <br><br>  <br>  <br> En H. Heine el alejamiento es extra&ntilde;amiento, Como sucede con su amado Rhin, cuando le canta tras trece a&ntilde;os de exilio,: &ldquo;&iexcl;Oh padre mio Rhin, saludos!\/Dime, &iquest;c&oacute;mo te ha ido?\/Muy a menudo pens&eacute; en ti\/con nostalgia y con anhelo&rdquo;. (AUCI, p. 57). Y tambi&eacute;n, s&iacute;, es nostalgia, sin duda: &ldquo;&iexcl;0h, c&oacute;mo a&ntilde;or&eacute; la dulzura\/del edred&oacute;n de mi patria\/cuando yac&iacute; en duros jergones\/en la desvelada noche del exilio&rdquo;. (AUCI, pag. 77)  <br><br>  <br>  <br> En Heine subyace el alma alemana, en esa particular relaci&oacute;n de amor-odio con su patria. Es la a&ntilde;oranza por el land, por la tierra. La esperanza de un futuro mejor para Alemania.  <br><br>  <br>  <br> Su padre Rhin es tan alem&aacute;n como franc&eacute;s. Le cansa no un pa&iacute;s sino lo viejo. Eso primero le cansar&aacute; de Alemania y luego de Francia, que ya no llevar&aacute; calzones (culottes) blancos sino rojos. Tal es la naturaleza de la aparente contradicci&oacute;n en diversas &eacute;pocas de su vida, deseando unas veces estar en Paris y otras en las ciudades alemanas. &ldquo;El aire franc&eacute;s, de ordinario\/tan ligero, empez&oacute; a oprimirme;\/deb&iacute;a respirar la atm&oacute;sfera\/ de Alemania para no ahogarme\/ A&ntilde;oraba el olor a carb&oacute;n de turba,\/a humo de tabaco alem&aacute;n;\/mis pies temblaban de impaciencia\/por pisar el suelo alem&aacute;n&rdquo;.(&hellip;) &ldquo;Y cuando llegu&eacute; a la frontera\/sent&iacute; un palpitar m&aacute;s fuerte en mi pecho; incluso creo que empezaron a gotear mis ojos\/ Y al o&iacute;r la lengua alemana\/sent&iacute; una cosa extra&ntilde;a:\/creo que era como si el coraz&oacute;n\/sangrara muy a gusto&rdquo;. (AUCI p. 71)  <br><br>  <br>  <br> Y cu&aacute;ndo su mam&aacute;, como alter ego en su inmortal Alemania, un cuento de invierno, le pregunta a su regreso del exilio, tras trece a&ntilde;os: &ldquo;&iexcl;Hijo m&iacute;o querido! en qu&eacute; pa&iacute;s\/ se vive mejor\/ &iquest;Aqu&iacute; o en Francia? &iquest;Y a qu&eacute; pueblo\/le das tu preferencia?&rdquo; La respuesta del poeta es clara: &ldquo;El ganso alem&aacute;n, querida mam&aacute;,\/ es bueno, pero los franceses\/rellenan el ganso mejor que nosotros,\/tambi&eacute;n tienen mejores salsas&rdquo;.Para luego afirmar en la misma obra, expres&aacute;ndose ahora a trav&eacute;s de la voz de la diosa: &ldquo;Qu&eacute;date en Alemania, te va a gustar\/ esto m&aacute;s ahora que antes;\/ vamos progresando, seguro que t&uacute; mismo\/has notado ese progreso&rdquo;. (AUCI; p. 251) &iquest;Acaso el poeta se hace mayor y m&aacute;s indulgente? Es probable que as&iacute; sucediera.  <br><br>  <br>  <br> Heine goz&oacute; de un reconocimiento p&uacute;blico en vida a pesar de las penurias econ&oacute;micas, como las atravesadas en su exilio parisino. &iquest;Y se debe decir exilio o encuentro? Para el esp&iacute;ritu de Heine era una sucesi&oacute;n de tiempos intensos y contradictorios, hoy Francia, hoy Alemania resurgiendo como ave f&eacute;nix de las cenizas del pasado.  <br><br>  <br>  <br> El esp&iacute;ritu de Heine hubiera solucionado la dicotom&iacute;a germanofrancesa, que luego, hist&oacute;ricamente, ser&iacute;a causante de dos guerras mundiales. Pero la l&oacute;gica interna de las ambiciones del imperialismo era de naturaleza extra&ntilde;a a los acordes de su l&iacute;rica. As&iacute;, a la par, en una contradicci&oacute;n dial&eacute;ctica exalta en su obra a Francia, lo mismo que har&iacute;a Marx, por encima de las tribus de esa Alemania dividida que horrorizan el esp&iacute;ritu heiniano.  <br><br>  <br>  <br> Ante la vieja Alemania, se yergue el esp&iacute;ritu joven de la Francia Revolucionaria. Este es el esp&iacute;ritu de Heine. Karl Immermann publicar&iacute;a en mayo de 1882, en las p&aacute;ginas de el Rheisnich-West-Faelische Azeiger una critica perenne sobre el poeta: &ldquo;En la mayor&iacute;a de las producciones de Heine vibra una riqu&iacute;sima vena vital, Heine tiene lo primordial y m&aacute;s importante de un poeta: coraz&oacute;n y alma, y tambi&eacute;n lo que resulta de ello: una historia &iacute;ntima. De esta suerte se nota en los poemas que Heine vivi&oacute; una vez y sinti&oacute; su contenido. Heine es un adolescente aut&eacute;ntico y esto quiere decir mucho en una &eacute;poca en que los hombres nacen ancianos&rdquo;. (Citado en Max Brod) Es un Quijote contra los molinos de viento de la desuni&oacute;n alemana. Es el poeta que ve en los escritos de Hegel la cumbre m&aacute;xima de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica alemana, el preludio de la revoluci&oacute;n antes de que sucediera. Heine es un visionario. Se adelanta a su tiempo. De ah&iacute; nacen tanto la incomprensi&oacute;n como los celos, la envidia de Plater y otros. La nueva era de las letras germanas est&aacute; naciendo con los versos de Heine que va a encontrarse con el pueblo en sus cantos.  <br><br>  <br>  <br> El esp&iacute;ritu de Heine, es el espiritu revolucionario de la libertad. &ldquo;Solo la libertad produce esp&iacute;ritu, solo el esp&iacute;ritu produce libertad&rdquo;, llega a expresar. O en los versos: Jene Menschen sind toool, so sagt ihr, von heftigen Sprechern\/Die wir in Frankreich laut hoeren auf Strassen und Marka\/Mir auch scheinen sie toll, doch redet ein Toller in Freiheit\/Weise Spr&uuml;che, wenn auch! Weisheit im Sklaven verstummt (Est&aacute;n locos, dec&iacute;s, esos hombres que hablan tan violentamente y cuyas altas voces o&iacute;mos en Francia y en las calles y en el mercado. A mi tambi&eacute;n me parecen locos; m&aacute;s, en libertad el loco pronuncia sentencias sabias, mientras enmudece la sabidur&iacute;a del esclavo).  <br><br>  <br>  <br> La afirmaci&oacute;n de la revoluci&oacute;n en Heine es m&aacute;s natural, nace de toda su evoluci&oacute;n personal. La revoluci&oacute;n francesa es para &eacute;l un acontecimiento leg&iacute;timo, vivido, que deja profundas huellas en el alma porque ha fulminado y herido con sus rel&aacute;mpagos ensordecedores todo aquello que Heine odiaba a su modo y rechazaba. En esto estriba toda su fuerza. Heine desemboca en la revoluci&oacute;n pero sin fundirse con ella. La universalizaci&oacute;n del propio Yo desvanece en cierta medida los l&iacute;mites de la persona para acercarlos a los de la colectividad, que es su contrario. Necesita estar en Paris y prepara todo para ir a la Francia libre ensalzada, es un exilio necesario, inconscientemente buscado, necesitado. Al poeta le ahoga la atm&oacute;sfera de Alemania. Posteriormente, le ahogar&aacute; la de Francia. Este es el ahogo vital de los rom&aacute;nticos, pero en Heine no conduce a la autodestrucci&oacute;n individual sino a la afirmaci&oacute;n ante el mundo de su inquebrantable fe en el porvenir por medio de la transformaci&oacute;n social.  <br><br>  <br>  <br> Que nadie piense que Heine era un estrecho nacionalista, un chauvinista. Es necesario repetirlo para que quede bien claro. Su car&aacute;cter y esp&iacute;ritu revolucionario y su alejamiento del estrecho esp&iacute;ritu filisteo chauvinista de las clases dominantes de Alemania, ensalzando a la Francia ilustrada y revolucionaria le ganaron la justa y merecida antipat&iacute;a, una medalla en verdad, de la plutocracia nacional. En la cuerda l&iacute;rica de su alma solo ten&iacute;a cantos universales.  <br><br>  <br>  <br> Para Heine el pueblo era lo fundamental. Las ra&iacute;ces de Heine son profundamente populares. En &eacute;l, el fondo &ldquo;pueblo&rdquo; no es artificial. La prueba de ello no reside en sus poemas sobre la rebeld&iacute;a popular sino en su lirismo. A&uacute;n cuando el propio Heine, en una humildad que nadie le exig&iacute;a, no considerar&aacute; sus cantos como canciones populares, sino tan solo en la forma. Y a pesar de lo que &eacute;l mismo opinaba de su obra, el pueblo de Alemania y otros pueblos germanos adoptaron muchas como sus cantos populares. 8.000 de sus cantos fueron musicalizados por Schubert y otros grandes compositores. En carta a Wilhem M&uuml;ller (citada en Max Brod, p&aacute;g. 200) expresa: &ldquo;Desde muy joven me he dejado influenciar por la canci&oacute;n popular alemana; m&aacute;s tarde, cuando estudi&eacute; en Bonn, August Schlegel me abri&oacute; el acceso a muchos secretos m&eacute;tricos, sin embargo no creo haber encontrado el sonido puro y la simpleza neta que anhel&eacute; siempre, sino en las canciones de usted. Qu&eacute; puros, qu&eacute; claros son sus poemas; y todos son poemas populares. En cambio los m&iacute;os no son populares sino por la forma, su contenido pertenece a la sociedad convencional&rdquo;. Tampoco se puede afirmar que El Capital de Karl Marx sea popular. &iexcl;Pero qu&eacute; importancia y qu&eacute; influencia tiene! Lo mismo es v&aacute;lido aseverar de los cantos de Heine.  <br><br>  <br>  <br> &iquest;Que entiende Heine por &ldquo;patria&rdquo;, por &ldquo;pueblo&rdquo;? Cuando el pueblo, las clases trabajadoras, hablan de la defensa de la patria, se representan la defensa de su casa, de su familia y de las otras familias contra la invasi&oacute;n del enemigo, contra las bombas y contra los gases. No la guerra de rapi&ntilde;a, conquista e incluso la anexi&oacute;n, la patria de los burgueses, curas y banqueros que detestaba Heine y de los que hacia escarnio p&uacute;blico en sus composiciones, los cuales lo forzaron al exilio, a no poder obtener su titulo de derecho a pesar de ser doctor juris. Y un pueblo como el alem&aacute;n, que forja poetas de tama&ntilde;o calibre nunca podr&aacute; ser un pueblo esclavo.  <br><br> Heine necesitaba atarse a esta tierra en la figura de la Francia revolucionaria, de su amado pa&iacute;s por el que sangraba o de su amada, para no volar tan alto que fuera inalcanzable, perderse para siempre en el limbo de los rom&aacute;nticos. Y fue un viaje para el que no tuvo acompa&ntilde;ante. En su interior llevaba el resorte creador de su propio destino, que no era otro que el destino de los pueblos: su exilio interior, su soledad del corredor de fondo, su fe inquebrantable en el futuro luminoso de Alemania y de la humanidad, su lucha hasta el &uacute;ltimo h&aacute;lito en combate no contra molinos de viento, como cuando hace el pr&oacute;logo a una edici&oacute;n del Quijote sino contra la enfermedad terrena, su optimismo hist&oacute;rico&hellip;.todo esto hace de Heine el m&aacute;s grande poeta moderno de Alemania, el Dante de las letras alemanas. Aun as&iacute; era un alma inasible, en perpetuo movimiento, en la b&uacute;squeda de los enigmas absolutos del hombre, del amor y de la sociedad, su sant&iacute;sima trinidad personal, junto a la literatura.  <br><br>  <br>  <br> Heine, a diferencia de Mariano Jos&eacute; de Larra y de otros, nunca se march&oacute; por propia voluntad, diciendo adi&oacute;s con su sangre a un amigo desconocido. Con su iron&iacute;a y ternura se march&oacute; sin protestar contra la vida, contra sus &uacute;ltimos a&ntilde;os postrado en su &ldquo;cama-tumba&rdquo; como la llamaba. Su iron&iacute;a correspond&iacute;a m&aacute;s en las letras castellanas a Quevedo que a Gustavo Adolfo B&eacute;cquer. Incluso sent&iacute;a m&aacute;s inclinaci&oacute;n en sus estudios sobre las letras jud&iacute;as por remontarse a tierras hisp&aacute;nicas que a Polonia. Era su escudo contra las agresiones del mundo, desde el sarcasmo taladrante de Eduard Gans hasta la desconfianza de su t&iacute;o y ante la guerra.  <br><br> H.Heine, en sus formas directas, nada diplom&aacute;ticas, en esa tierna agresividad no intentaba otra cosa que protegerse de la &eacute;poca brutal en que hab&iacute;a nacido. La insolencia no era arma sino defensa de un esp&iacute;ritu sensible.  <br><br> La revoluci&oacute;n penetra con toda su fuerza en Alemania: un cuento de invierno. Heine no fue extra&ntilde;o a la revoluci&oacute;n. Pero no eran de la misma naturaleza. Heine, era un ser interior, tierno, l&iacute;rico .Y la revoluci&oacute;n es &eacute;pica, p&uacute;blica, llena de desastres.  <br><br>  <br>  <br> El ideal del socialismo penetr&oacute; violentamente en la estructura de sus versos y en sus im&aacute;genes. Heine &ldquo;no era de este mundo&rdquo;. Lo que destaca es la sinceridad interna de la poes&iacute;a de Heine, cada una de cuyas estrofas est&aacute; escrita con la sangre de una frustraci&oacute;n, de una herida sin cicatrizar.  <br><br> El lirismo de Heine no hubiera podido desarrollarse hasta el final m&aacute;s que en una situaci&oacute;n en que la vida fuese armoniosa, feliz, llena de cantos, de lieder, no en una &eacute;poca regida por el combate violento sino por la amistad, el amor, la ternura. Para Heine tan necesario era conquistar el derecho al pan, como el derecho a la poes&iacute;a. Heine era un visionario, un constructor de futuro y no eran las diosas que invocaba quienes pon&iacute;an ante s&iacute; el futuro de Alemania sino el talento creador de su propio lirismo. Heine, ve&iacute;a m&aacute;s all&aacute;, tanto que le vali&oacute; el comentario elogioso de Friedrich Engels, de que s&oacute;lo un hombre tenia el talento para ver m&aacute;s all&aacute;, &ldquo;cierto que esto hombre se llamaba Heinrich Heine&rdquo;.  <br><br> Engels dir&aacute; en su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica alemana de Heine: &ldquo;Lo mismo que en Francia en el siglo XVIII, en la Alemania del siglo XIX la revoluci&oacute;n filos&oacute;fica fue el preludio del derrumbamiento pol&iacute;tico. Pero &iexcl;cu&aacute;n distintas la una de la otra! Los franceses, en lucha franca con toda la ciencia oficial, con la Iglesia, e incluso no pocas veces con el Estado; sus obras, impresas al otro lado de la frontera, en Holanda o en Inglaterra, y adem&aacute;s, los autores, con harta frecuencia, dando con sus huesos en la Bastilla. En cambio los alemanes, profesores en cuyas manos pon&iacute;a el Estado la educaci&oacute;n de la juventud; sus obras, libros de texto consagrados; y el sistema que coronaba todo el proceso de desarrollo, el sistema de Hegel, &iexcl;elevado incluso, en cierto grado, al rango de filosof&iacute;a oficial del Estado mon&aacute;rquico prusiano! &iquest;Era posible que detr&aacute;s de estos profesores, detr&aacute;s de sus palabras pedantescamente oscuras, detr&aacute;s de sus tiradas largas y aburridas, se escondiese la revoluci&oacute;n? Pues, &iquest;no eran precisamente los hombres a quienes entonces se consideraba como los representantes de la revoluci&oacute;n, los liberales, los enemigos m&aacute;s encarnizados de esta filosof&iacute;a que embrollaba las cabezas? Sin embargo, lo que no alcanzaron a ver ni el gobierno ni los liberales, lo vio ya en 1833, por lo menos un hombre; cierto es que este hombre se llamaba Enrique Heine &rdquo; En 1833-1834, Heine public&oacute; sus obras \"Escuela rom&aacute;ntica\" y \"Contribuci&oacute;n a la historia de la religi&oacute;n y de la filosof&iacute;a en Alemania\", en las que defend&iacute;a la idea de que la revoluci&oacute;n filos&oacute;fica en Alemania, cuya etapa final era entonces la filosof&iacute;a de Hegel, era el pr&oacute;logo de la inminente revoluci&oacute;n democr&aacute;tica en el pa&iacute;s.  <br><br> Heine clamaba contra los charlatanes de la C&aacute;mara de Representantes de Francfort, que eran dichosos cuando se remontaban &ldquo;al reino eterno de los sue&ntilde;os&rdquo; (im Luftreich des Traums). como expresa en Alemania: un cuento de invierno. Y arremete en La disputa sentenciando: &ldquo;Cada palabra es un bac&iacute;n y, adem&aacute;s, lleno&rdquo;. Toda la poes&iacute;a de Heine rebosa de ese esp&iacute;ritu amplio que nos grita, a la manera de Danton : &ldquo;Audacia, audacia y m&aacute;s audacia&rdquo;. Heine abraz&oacute; la causa y el espiritu de la revoluci&oacute;n, a trav&eacute;s de la Gran Revoluci&oacute;n Francesa.  <br><br>  <br><br> Aunque a veces se le haya adjudicado ese ep&iacute;teto Heine no fue el &ldquo;Byron alem&aacute;n&rdquo;. Heine fue simplemente Heine. Y con &eacute;l las letras alemanas se hicieron nacionales, no tan s&oacute;lo universales. Heine amaba a la vida y deseaba ser amado. Mientras m&aacute;s persegu&iacute;a el amor, &eacute;ste m&aacute;s parec&iacute;a rehuirle, mientras m&aacute;s intimista era su canto amoroso, el caprichoso destino parec&iacute;a preservarle para entonar los cantos mayores del amor, no del amor individual sino universal, no de una piel sino de la piel de los pueblos, de la revoluci&oacute;n. En L&rsquo;Intermezzo yace su lira destrozada ante los avatares adversos de Cupido:  <br><br>  <br><br> Si supieran las flores  <br>  <br> Cu&aacute;n triste y lacerado  <br>  <br> Est&aacute; mi coraz&oacute;n, derramar&iacute;an  <br>  <br> De sus perfumes, en mi herida, el b&aacute;lsamo.  <br>  <br> Si supieran las aves  <br>  <br> Cu&aacute;n triste y cu&aacute;n enfermo  <br>  <br> Estoy, alegres cantos  <br>  <br> Dieran, por distraer mi pena, al viento.  <br>  <br> Si las estrellas de oro  <br>  <br> Conocieran mi pena,  <br>  <br> El cielo dejar&iacute;an y a prestarme  <br>  <br> Consuelos de fulgores descendieran.  <br>  <br> Pero &iexcl;ay! que nadie puede  <br>  <br> Conocer mi quebranto;  <br>  <br> Ella s&oacute;lo lo sabe,  <br>  <br> Ella, que el coraz&oacute;n me ha destrozado.  <br><br>  <br><br> Sus figuras literarias son tiernas y tr&aacute;gicas. Muchas de sus im&aacute;genes, contracciones y giros han entrado en la literatura y en ella permanecer&aacute;n para siempre. La frase art&iacute;stica de Heine es casi siempre importante y a veces grandiosa. El poeta se lleva a su reino lo mismo la guerra que la revoluci&oacute;n, la intimidad que el mundo, el para&iacute;so que el infierno, el amor y el desamor. Y es en la soledad, ante la soledad del espejo donde el poeta se refleja. &ldquo;Soy de naturaleza pr&aacute;ctica\/ y estoy siempre callado y tranquilo\/mas cuanto imagina tu esp&iacute;ritu\/ yo lo realizo, yo lo hago\/ Y aunque pasen los a&ntilde;os, yo\/ no descanso hasta que transformo\/en realidad lo que has pensado;\/t&uacute; piensas, y yo, yo act&uacute;o\/&rdquo; (AUCI p. 71) Aqu&iacute; o&iacute;mos traducido al lenguaje po&eacute;tico los acordes de la Tesis XI sobre Feuerbach de Friedrich Engels.  <br><br>  <br><br> El Yo l&iacute;rico se reafirma. En Heine la sombra creadora de los rom&aacute;nticos no viaja como musa sino como espectro, alegando &ldquo;No soy un espectro del pasado&hellip;&rdquo;. Es el poeta del movimiento. En su obra a cada paso se percibe movimiento. El no s&oacute;lo lo piensa, lo ejecuta. Sus propias contradicciones, y la contradicci&oacute;n en s&iacute;, son movimiento. Su poes&iacute;a tiene la estructura org&aacute;nica de la prosa. Y un dominio magistral de la t&eacute;cnica. Aunque no logra que su prosa tenga una s&oacute;lida construcci&oacute;n, un todo. En cambio, su poes&iacute;a, es prosa versiculada, articulada, construida intentado perseguir un todo. Pretende que cada p&aacute;rrafo, cada giro y cada una de sus im&aacute;genes sean un maximun, un l&iacute;mite, una cumbre. Unas veces lo logra, pero en otras ocasiones esa misma pulsi&oacute;n po&eacute;tica frena el movimiento y produce su contrario, una calma y aleja la concepci&oacute;n del todo y delinea la parte como fundamental. El exceso de violentas met&aacute;foras conduce a la calma no a un movimiento superior.  <br><br>  <br><br> Su lenguaje irreverente e incluso c&iacute;nico, su verso &aacute;cido y cortante se burla de todos los estamentos del sistema. Con la figura de los Reyes Magos como diana logra la destrucci&oacute;n verbal de la monarqu&iacute;a prusiana. Se encuentra aqu&iacute; a un Heine ateo, republicano, irreverente y soez. Ante el discurso que le pronuncia un rey mago indic&aacute;ndole por qu&eacute; deb&iacute;a respetarlo el poeta responde con versos de antolog&iacute;a: &ldquo;En primer lugar porque era un muerto\/y en segundo porque era un rey\/y en tercero porque era un santo&hellip;\/Nada de ello me conmovi&oacute;\/Le di por respuesta una carcajada:\/ &iexcl;En vano te incomodas!\/veo que todas tus relaciones\/pertenecen al pasado&rdquo;.  <br><br>  <br><br> Para Heine nada es eterno. Todo muere. Se coloca as&iacute; en el campo del materialismo filos&oacute;fico. &ldquo;La libertad exterior pr&aacute;ctica \/acabar&aacute; un d&iacute;a con el ideal que llevamos en el pecho. &iexcl;Era\/ tan puro como el sue&ntilde;o de los lirios!&rdquo;. Toda la fuerza de la poes&iacute;a de Heine vibra, se hace sentir aqu&iacute; no cuando habla del ideal o incluso de la libertad sino en la figura arrebatadora del &ldquo;sue&ntilde;o de los lirios&rdquo;, que es &ldquo;puro&rdquo;. Aqu&iacute; vibra toda la lira interior de Heinrich Heine, el poeta de los pueblos de Alemania. Si todo lo que nace perece del mismo modo, en Francia se lamentar&aacute; ante el sepulcro de la revoluci&oacute;n que ya no ondea sus banderas sobre Paris. Y lanzar&aacute; el desgarrado grito desilusionado: &ldquo;Vive le Empereur!&rdquo;.  <br><br> Era un esp&iacute;ritu libre cuya naturaleza no pertenec&iacute;a al mundo de su tiempo. Era un poeta del por-venir. Las almas bien pensantes de Alemania siguen sintiendo miedo ante el espectro de Heine.&iexcl;No es para menos! L&eacute;ase estos versos, en conversaci&oacute;n imaginaria con Barbarroja, y tiemblen: &ldquo;Si no te agrada la guillotina\/seguiremos con los antiguos procedimientos\/la espada para los nobles, la soga\/para los burgueses, y lo aldeanos al trullo&rdquo; (c&aacute;rcel, Nota m&iacute;a). \/Pero cambia de vez en cuando y haz\/ que cuelguen a los nobles y decapita\/un poco a burgueses y campesinos,\/pues todos somos hijos de Dios&rdquo;. No queda ninguna duda de por qu&eacute; Alemania, un cuento de invierno fue publicado por entregas en el &oacute;rgano de la Liga de los Comunistas, el legendario Vorw&auml;ts ( Adelante), que se publicaba en Par&iacute;s, para que pudiera ponerse al alcance de los obreros.  <br><br>  <br><br> Heine es el poeta del pueblo. Y sus versos convocan a la rebeli&oacute;n. Esa es la raz&oacute;n. Eso explica el silencio, ser vituperado, ganarse la honrosa distinci&oacute;n de ser el poeta maldito de Alemania. Muchos otros, en el campo de la poes&iacute;a y la filosof&iacute;a dijeron cosas m&aacute;s fuertes, como Nietzsche pero nadie ha sido tan atacado y escondido a la vez como Heine. Junto a su amigo Karl Marx reciben el honor de ser las figuras m&aacute;s atacadas de Alemania hasta nuestros d&iacute;as. No es poco el m&eacute;rito, no es poca la fuerza de sus palabras para haber podido alcanzar tan alta gloria.  <br><br>  <br><br> No menos fuerza cobran las imagines v&iacute;vidas del Jesucristo revolucionario del que ir&oacute;nicamente, tras decir que si la imprenta hubiese existido entonces la censura lo hubiese salvado de la cruz, y tras tratarlo de &ldquo;primo mio&rdquo; y de &ldquo;el loco, salvador de la humanidad&rdquo; concluye magistralmente con un dominio absoluto de la t&eacute;cnica literaria:: &ldquo;Cambistas, banqueros incluso\/echaste del templo a zurriagazos&hellip;\/&iexcl;Desdichado iluso, ahora cuelgas de la cruz\/ como aleccionador ejemplo!&rdquo;. Como Jes&uacute;s, Heine no siente ning&uacute;n martirio, no se ve a si mismo como un h&eacute;roe, no siente cargar una pesada cruz al abrir caminos al porvenir a las letras alemanas, moderniz&aacute;ndolas.  <br><br>  <br><br> Cuando se lee el inicio de su cap&iacute;tulo XV, de Alemania, un cuento de invierno (p 149), su &ldquo;Cae una lluvia fina, helada&rdquo;, esa imagen tan pura, tan intensa, tan real, nos transporta inmediatamente y no se puede menos que recordar el inicio del gran poeta espa&ntilde;ol Antonio Machado en los a&ntilde;os 30, un siglo despu&eacute;s, y sentir la inspiraci&oacute;n de Heine: &ldquo;Llueve, tras los cristales, llueve y llueve&rdquo;. Es la misma m&uacute;sica, la misma sonoridad creadora. Y cuando canta:&rdquo; Por el port&oacute;n salen tres jinetes&rdquo; c&oacute;mo no sentir que Federico Garc&iacute;a Lorca bebi&oacute; en las fuentes de Heine.  <br><br>  <br><br> Heine es el poeta sincero. En su estilo no hay amaneramiento. Las figuras son heladas cuchillas que caen sobre la conciencia del lector, lo mismo el retrato de pa&iacute;ses fr&iacute;os o encendidas hogueras de las pasiones humanas. No hay equilibrio en Heine. No puede haberlo. No tiene t&eacute;rmino medio. Pasas del invierno, en un titulo ir&oacute;nico, que comienza con su alusi&oacute;n a una &ldquo;Alemania&rdquo; por unificar, por crear todav&iacute;a a las pasiones de las s&iacute;lfides sin soluci&oacute;n de continuidad. La vida es una sucesi&oacute;n de desequilibrios, de excesos, nos dice el poeta con sus figuras literarias. La revoluci&oacute;n, en s&iacute; misma, tambi&eacute;n es un exceso de la historia. Por eso Heine la puede tutear. Son de la misma naturaleza vital.  <br><br>  <br><br> La l&iacute;rica de Heine, es sobria y grandiosa la vez, aborda temas universales, el amor, la desventura, la revoluci&oacute;n, la guerra, el exilio. El ingenio no se muestra fr&iacute;o, con una coraza contra el dolor sino alegre a pesar de las adversidades, que son vistas como parte del camino de la vida y de la renovaci&oacute;n. La iron&iacute;a se muestra coqueteando con una dosis de cinismo, como una defensa contra las agresiones. Heine, a diferencia de Goethe, es apasionado subjetivismo. En &eacute;l son tan importantes los infortunios de su amor como las grandes batallas de la Revoluci&oacute;n.  <br><br> Heine es un romantique d&eacute;froqu&eacute;, un &ldquo;rom&aacute;ntico que hab&iacute;a colgado los h&aacute;bitos&rdquo; Para &eacute;l mismo, su Atta Troll es &ldquo;la &uacute;ltima libre canci&oacute;n de los bosques del romanticismo&rdquo;. Y dir&aacute;: &ldquo; Soy su &uacute;ltimo poeta; conmigo se cierra la vieja escuela l&iacute;rica de los alemanes mientras se abre conmigo, a un tiempo, la escuela nueva, la l&iacute;rica alemana moderna. Este doble significado me lo atribuyen los historiadores alemanes de la literatura&rdquo;. Es como el Dante, que fuera el &uacute;ltimo escritor de la Edad Media y el primero del Renacimiento.  <br><br> El romanticismo, en cierta forma, es hostil a la vida verdadera, &ldquo;hist&oacute;rica&rdquo;, deseoso de una vuelta a la simpleza, a las im&aacute;genes campesinas, a la vida gozosa, a las honduras del &ldquo;yo&rdquo;. La vuelta rom&aacute;ntica a cierta Edad Media de las letras son resabios del viejo pante&iacute;smo germ&aacute;nico. Para Heine, restos de creencias religiosas populares.  <br><br> La iron&iacute;a rom&aacute;ntica conduce de lo cotidiano al mundo superior, del mito y la leyenda, de la enso&ntilde;aci&oacute;n. La iron&iacute;a de Heine toma el camino contrario, hace bajar el cielo del romanticismo a la tierra, con sus chistes lo devuelve a ras de piso y lo hace entrar en la Historia. Destruye el sue&ntilde;o, la enso&ntilde;aci&oacute;n, en favor de la realidad.  <br><br> El ritmo de la prosa de Heine tambi&eacute;n se nutre del recurso al martilleo repetitivo del und. Si la repetici&oacute;n es la madre de todas las ciencias, este und denota la repetici&oacute;n lit&uacute;rgica de los cantos hebreos. En la obra de Heine hay tambi&eacute;n frecuentes elisiones de la e final, la eliminaci&oacute;n esquem&aacute;tica del verbo auxiliar y la singularidad de hacer seguir el objeto del acusativo a las formas verbales compuestas, en vez de colocarlo entre las particulas, hace notar en su cr&iacute;tica Max Brod. No hay orden en las palabras de Heine a veces, hay caos. Heine compone fractales l&iacute;ricos, siglos antes de que surgiera la teoria del caos. Tambi&eacute;n en esto logr&oacute; adelantarse al tiempo.  <br><br>  <br>  <br> Sirva a modo de colof&oacute;n apuntar que de Heine se puede decir lo mismo que profes&oacute; Engels ante la tumba de Karl Marx: &ldquo;Su nombre vivir&aacute; a trav&eacute;s de los siglos y con &eacute;l, su obra&rdquo;. Ni el silencio del oscurantismo nazi ni las prohibiciones de su obra en vida del autor han podido evitar que Herr Heine se siente, ocupe un lugar por derecho propio en el Olimpo de las letras germanas y en el coraz&oacute;n de los pueblos del mundo.  <br><br> \n","contact":"","link":"","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/plain","summary":"Durante m\u00e1s de 30 a\u00f1os, toda su vida consciente, Heinrich Heine fue leal a la causa de la libertad. El hombre, un hombre de su tiempo, m\u00e1s no un tit\u00e1n, del que Goethe dijera que si no fuera tan golfo ser\u00eda el mayor poeta de Alemania. 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