{"article":{"id":227646,"heading":"El V\u00eda Crucis de miles de obreros de la agroindustria azucarera","author":"Giorgio Trucchi - Rel-UITA","created":"2009-06-02 17:22:25","modified":"2013-11-11 01:00:28","last_modified":"Mon, 11 Nov 2013 08:00:28","article":"<p>Roberto Antonio Picado C&oacute;rdoba tiene 54 a&ntilde;os. Comenz&oacute; a trabajar en el Ingenio San Antonio recogiendo la ca&ntilde;a cortada cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os. Desp&uacute;es de algunas zafras lo contrataron para el corte y ah&iacute; pas&oacute; el resto de su vida, hasta que en 2002  la empresa le comunic&oacute; que ten&iacute;a insuficiencia renal cr&oacute;nica y que ya no pod&iacute;a seguir trabajando. Despu&eacute;s de 32 a&ntilde;os de duro esfuerzo, Roberto Antonio tuvo que enfrentarse a una realidad que es de sobra conocida en Chichigalpa y en gran parte del occidente de Nicaragua. <br><br> &ldquo;Comenc&eacute; a trabajar cuando era muy j&oacute;ven. En aquel tiempo no hab&iacute;a otra oportunidad y aunque el trabajo fuese muy pesado, ten&iacute;a que aguantar para poder llevar dinero a mi casa &ndash; recuerda Roberto Antonio-. <br><br> Entr&aacute;bamos a las 6 de la ma&ntilde;ana, y cuando hab&iacute;a mucho trabajo nos qued&aacute;bamos hasta las 8 o 9 de la noche y los camiones nos alumbraban para que termin&aacute;ramos con nuestra tarea. Nos pagaban seg&uacute;n la cantidad de ca&ntilde;a cortada, pero muchas veces recib&iacute;amos menos de lo que efectivamente hab&iacute;amos cortado y nadie se quejaba por temor a ser despedido. Ten&iacute;amos que aguantar de todo para poder llevar a nuestras casas el pan de cada d&iacute;a&rdquo;. <br><br> &ldquo;Aguantar&rdquo; es una palabra recurrente en su relato. Roberto Antonio Picado recuerda tambi&eacute;n que por no atrasarse en el trabajo y ganar un poco m&aacute;s, com&iacute;a solamente de noche cuando regresaba a la casa. <br><br> En otras ocasiones tra&iacute;a la comida, paraba de trabajar para consumir el alimento y tomaba agua de las bombas del Ingenio. <br><br> &ldquo;No ten&iacute;amos mucho tiempo, as&iacute; que com&iacute;amos y beb&iacute;amos r&aacute;pido, sentados en el lugar en donde est&aacute;bamos trabajando. Nunca pens&eacute; que esa misma agua estaba contaminada y que iba a afectar mi salud&rdquo;. <br><br> En 2002 Roberto Antonio se present&oacute; nuevamente para su enganche en la zafra, pero esta vez en el analisis que el Ingenio San Antonio acostumbra hacer a sus trabajadores result&oacute; tener 5,2 mg\/dl de creatinina.  <br><br> &ldquo;Eso fue horrible. Ya se sab&iacute;a de la enfermedad porque mucha gente se hab&iacute;a enfermado y hab&iacute;a muerto, y sab&iacute;a que, tarde o temprano, me pod&iacute;a ocurrir lo mismo. El doctor del hospital de la empresa me dijo que ya estaba muy enfermo y que ya no pod&iacute;a seguir trabajando. Sal&iacute; del hospital y fui a hablar con un amigo y me aconsej&oacute; que fuera de inmediato a buscar todos los documentos para presentar mi solicitud al Seguro Social para mi pensi&oacute;n. Pero cu&aacute;l fue mi sorpresa al darme cuenta de que resultaban solamente 106 semanas cotizadas al Seguro&rdquo;, manifest&oacute; Roberto Antonio Picado a Sirel. <br><br> Muy afligido y sin poderse explicar lo que estaba pasando despu&eacute;s de haber trabajado 32 a&ntilde;os, Roberto Antonio busc&oacute; otro trabajo, pero su estado de salud se lo impidi&oacute;. <br><br> &ldquo;La IRC es una enfermedad progresiva que de repente te deja sin fuerzas, postrado en una cama, hasta morir. Me qued&eacute; sin pensi&oacute;n porque aparentemente la empresa casi no cotiz&oacute; al Seguro Social por los a&ntilde;os que le trabaj&eacute; y ahora, gracias a la ANAIRC, estoy peleando para que me reconozcan mi derecho a tener una pensi&oacute;n. La empresa &ndash;continu&oacute; Roberto Antonio&ndash; me ech&oacute; a la calle como si fuera un animal, sin ning&uacute;n tipo de prestaci&oacute;n, y pude sobrevivir en estos a&ntilde;os gracias al apoyo de mi familia y de unos amigos. <br><br> He tratado de volver a trabajar pero no aguanto el cansancio y tengo que cuidar de mi salud. Actualmente tengo los ri&ntilde;ones ya bastante reducidos, pero a pesar de las dificultades que me ocasiona la enfermedad he decidido involucrarme en esta lucha, porque quiero que se me indemnice por los da&ntilde;os causados a mi salud&rdquo;. <br><br> Para Roberto Antonio Picado lo m&aacute;s duro de estos meses pasados en Managua ha sido el calor -que es muy da&ntilde;ino para las personas que sufren de IRC- y el estar lejos de la familia.  <br><br> &ldquo;Mi hermana me llama frecuentemente para saber c&oacute;mo estoy y me dice que si me siento enfermo que vuelva a la casa. Siempre le contesto que estoy bien y que tengo que aguantar, que tengo que seguir con esta lucha hasta que el se&ntilde;or Carlos Pellas nos d&eacute; nuestra indemnizaci&oacute;n&rdquo;, concluy&oacute;. <br><br> Roberto Antonio sigue aguantando, pero esta vez no est&aacute; solo. <br><br> <\/p>\n","contact":"","link":"","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"image\/jpeg","summary":"M\u00e1s de 30 a\u00f1os de trabajo y una vida aguantando","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/2009\/06\/anairc.jpg","filesize":"22.1 kibibytes","article_url":"\/news\/2009\/06\/227646.php","image":{"original":"\/uploads\/2009\/06\/anairc.jpg","small":"\/uploads\/2009\/06\/anairc.jpgthumb.jpg"}},"attachments":[],"comments":[]}