{"article":{"id":209904,"heading":"EEUU, GUIONISTAS Y LOCURA","author":"J.STONE","created":"2007-11-14 00:39:03","modified":"2013-11-11 00:50:11","last_modified":"Mon, 11 Nov 2013 07:50:11","article":"<!DOCTYPE html PUBLIC \"-\/\/W3C\/\/DTD HTML 4.0 Transitional\/\/EN\" \"http:\/\/www.w3.org\/TR\/REC-html40\/loose.dtd\">\n<html><body><p>Muchas y notables son las carencias de la sociedad estadounidense. Son muchos los que vienen insistiendo en la necesidad de presidentes, obviamente, distintos a los ejemplares en uso. No siendo los Estados Unidos un r&eacute;gimen dictatorial no hay raz&oacute;n para que, a lo largo de su historia, todos sus presidentes hayan sido clones, matices al margen, de un mismo y omnipresente poder. Inexplicable en una democracia, esa permanente recurrencia al mismo impresentable, as&iacute; vaya por la vida como pat&aacute;n o toque el saxo. <br>  <br> Tambi&eacute;n muchos est&aacute;n de acuerdo con la necesidad de encontrar votantes que tiene esa democracia, encontrar ciudadanos y ciudadanas que todav&iacute;a conf&iacute;en en la raz&oacute;n de su voto y en el ejercicio de su derecho, antes de que se reduzca a&uacute;n m&aacute;s su porcentaje, inferior, desde hace muchos a&ntilde;os, al 50 por ciento. <br><br> Y oportuno ser&iacute;a que, mejor que votantes, tuviera electores que, adem&aacute;s de votar, pudieran elegir. Y hasta un sistema electoral algo m&aacute;s democr&aacute;tico que, por ejemplo, hiciera v&aacute;lido el principio: &ldquo;una persona, un voto&rdquo;, para no referirse a la necesidad de corregir los fraudes electorales y no seguir honrando delincuentes por m&aacute;s familia que sean, gobiernen en la Florida o vivan en Ohio. <br>  <br> Muchos comparten otras opiniones que denuncian la falta de equidad en la justicia, la falta de nuevos y mejores diques para Nueva Orle&aacute;ns, o la carencia de programas de asistencia a los 40 millones de pobres que Estados Unidos tiene en su territorio, bastantes menos de los pobres que tiene, y que son suyos, distribuidos por todo el mundo, fruto de sus imperiales pol&iacute;ticas; o los 46 millones de estadounidenses que, actualmente, no tienen seguro m&eacute;dico. <br><br> Al margen de estas necesidades, dicen sus estad&iacute;sticas que Estados Unidos necesita m&aacute;s consumidores, m&aacute;s veh&iacute;culos, m&aacute;s drogas, m&aacute;s armas, m&aacute;s televisores, m&aacute;s patatas fritas, m&aacute;s medallas, m&aacute;s p&iacute;ldoras contra el insomnio, m&aacute;s petr&oacute;leo, m&aacute;s agua, m&aacute;s muros, m&aacute;s estad&iacute;sticas&hellip; Bien mirado, Estados Unidos precisa de todo. No hay pa&iacute;s en el mundo que observe tantas limitaciones, que trague y vomite con tanta facilidad. <br><br> Hasta guionistas necesita. No obstante el desarrollo de su industria cinematogr&aacute;fica, las &uacute;ltimas grandes superproducciones salidas de sus dos principales estudios, Hollywood y la Casa Blanca, han carecido de libretos s&oacute;lidos, coherentes, originales. <br>  <br> A&ntilde;os atr&aacute;s, gracias a sus habilidades para contar la historia, la propia y la ajena, John Wayne derrot&oacute; a las hordas de indios en taparrabos que amenazaban interrumpir el progreso de aquella floreciente naci&oacute;n&hellip; y todos lo dimos por bueno. Nada amilan&oacute; al S&eacute;ptimo de Caballer&iacute;a que, si en ocasiones perdi&oacute; la cabellera, nunca extravi&oacute; los principios, exterminando a los salvajes y remitiendo a sus jefes al circo y a los manicomios&hellip; y todos aceptamos la versi&oacute;n. <br><br> Charlton Heston, en apenas 55 d&iacute;as que se pas&oacute; en Pek&iacute;n, adem&aacute;s de enamorar sin pretenderlo, a la bella Natacha, una condesa rusa a la que diera vida y muerte Ava Gadner, todav&iacute;a tuvo tiempo de organizar las defensas de todas las potencias coloniales europeas sitiadas en la capital china, protagonizar alguna que otra arriesgada misi&oacute;n, por supuesto, vital; derrotar todos los ataques de los maquiav&eacute;licos orientales, y asistir a una bullanguera recepci&oacute;n donde bailar mejor que nadie&hellip; y todos cre&iacute;mos la historia. Incontables han sido las pel&iacute;culas sobre la primera y la segunda Guerra Mundial a las que hemos asistido, todas dotadas de sus correspondientes \"macacos amarillos\", \"osos alemanes\" y \"galanes americanos\", tan parecidos a nosotros mismos, cont&aacute;ndonos sus entra&ntilde;ables vidas, tan semejantes a las nuestras, mientras la banda sonora atacaba los &uacute;ltimos compases de la rom&aacute;ntica comedia. <br><br> Antes de que, felizmente, los extraterrestres se hagan por fin presentes en nuestro planeta, ya centenares de h&eacute;roes estadounidenses, a veces en pijama, disfrazados de insectos o el mismo presidente, nos han salvado de la furia alien&iacute;gena tantas veces como hemos sido atacados, evitando que nos convirti&eacute;ramos en androides los que todav&iacute;a no lo somos, e impidiendo que los extraterrestres aprovecharan sus infernales artilugios de destrucci&oacute;n para secar nuestros r&iacute;os, por ejemplo, derribar nuestros bosques, tal vez, verter petr&oacute;leo en el mar o abrir un agujero en la capa de ozono&hellip; y tambi&eacute;n nos lo cre&iacute;mos. <br><br> Nos cre&iacute;mos el atentado en 1898 contra el acorazado estadounidense Maine, en el puerto de La Habana, para que Estados Unidos entrara en guerra contra Espa&ntilde;a; nos cre&iacute;mos el atentado en 1965 contra el destructor estadounidense USS Madox, en el Golfo de Tonkin, para que Estados Unidos entrara en guerra contra Vietnam del Norte. <br>  <br> Nos hemos cre&iacute;do hasta el alunizaje en 1969, cuyas pruebas grabadas, por cierto, han desparecido de los archivos de la NASA, centenares de cintas extraviadas con las im&aacute;genes &ldquo;originales&rdquo;&hellip; <br>  <br> Por ello es que ya no se puede seguir abusando de la credibilidad del mundo y es necesario que se cambie el gui&oacute;n, que se busquen otros argumentos para pr&oacute;ximas pel&iacute;culas, que se contraten nuevos guionistas capaces de superar la trama del eje del bien y el eje del mal, del blanco o negro, de est&aacute;s conmigo o est&aacute;s contra mi. <br><br> El propio Bush apunt&oacute; la posibilidad del cambio cuando, respondiendo a una interpelaci&oacute;n en la C&aacute;mara de Representantes sobre sus turbios negocios en relaci&oacute;n a empresas quebradas de las que fuera presidente, como la Harken Energy Corp. de Texas, o su semejante la Aloha Petroleum, o sus conexiones con Enron, contest&oacute;: &ldquo;En las empresas, algunas veces, las cosas no son exactamente en blanco y negro cuando se trata de asuntos contables&rdquo;. Demostraci&oacute;n del propio interesado de que se puede ser m&aacute;s amplio, menos categ&oacute;rico. <br>  <br> Superm&aacute;n, Batman, la teniente Lynch, Spiderman, todos los grandes h&eacute;roes del cine estadounidense, no tendr&iacute;an sentido sin la presencia y la amenaza de los representantes del mal, de \"Lex Lutor\", de Noriega, de \"El Guas&oacute;n\", de Ben Laden, de Sadam, de \"El Ping&uuml;ino\" de Al Zarkawui o \"El Hombre Verde\". <br>  <br> Pero este simple y tonto esquema, de fuerzas del bien contra bandas del mal y que Hollywood aplica en su industria cinematogr&aacute;fica como propone Bush en su empresa pol&iacute;tica, con el paso del tiempo y el constante reciclaje de la misma y cansina historia, ya est&aacute; agotado. <br>  <br> Superm&aacute;n, Batman, la teniente Lynch, Spiderman, todos los grandes h&eacute;roes del cine estadounidense, no tendr&iacute;an sentido sin la presencia y la amenaza de los representantes del mal, de \"Lex Lutor\", de Noriega, de \"El Guas&oacute;n\", de Ben Laden, de Sadam, de \"El Ping&uuml;ino\" de Al Zarkawui o \"El Hombre Verde\". <br>  <br> Pero este simple y tonto esquema, de fuerzas del bien contra bandas del mal y que Hollywood aplica en su industria cinematogr&aacute;fica como propone Bush en su empresa pol&iacute;tica, con el paso del tiempo y el constante reciclaje de la misma y cansina historia, ya est&aacute; agotado. <br><br> Una pel&iacute;cula salida al mercado, una coproducci&oacute;n entre Estados Unidos e Inglaterra y estrenada en los medios de comunicaci&oacute;n de todo el mundo, ha vuelto a insistir en el mismo tedioso argumento. A pesar de la costosa inversi&oacute;n, el film &ldquo;Ataque terrorista total&rdquo; no aporta nada nuevo, nada que merezca la pena ser destacado. Scotland Yard sigue la pista de varias c&eacute;lulas terroristas &aacute;rabes que se disponen a hacer volar por los aires diez aviones ingleses en ruta a Estados Unidos, todos repletos de pasajeros, en los que los terroristas van a colocar explosivos l&iacute;quidos de terrible potencia, capaces de desintegrar las naves. El d&iacute;a de la operaci&oacute;n, los agentes brit&aacute;nicos entran en acci&oacute;n, detienen a los terroristas y frustran su atentado brutal, terminando la pel&iacute;cula. P&eacute;simo gui&oacute;n y muy discretos los efectos especiales, muy inferiores, por ejemplo, a los efectos especiales que en los mismos d&iacute;as del estreno, protagonizaba por la televisi&oacute;n el ej&eacute;rcito israel&iacute; destruyendo L&iacute;bano y Palestina. <br><br> El cine estadounidense debe introducir innovaciones que cautiven a esa otra audiencia que todav&iacute;a conserva neuronas y practica el pensamiento, incluso, libre. Y el cine comienza por un buen gui&oacute;n. Estados Unidos necesita nuevos y mejores guionistas. <br>  <br> Pero no termina en la carencia de guionistas las necesidades de los Estados Unidos que, tambi&eacute;n, precisa m&aacute;s c&aacute;rceles clandestinas, m&aacute;s sodas, m&aacute;s tel&eacute;fonos, m&aacute;s sectas, m&aacute;s rascacielos, m&aacute;s estrellas, m&aacute;s analg&eacute;sicos, m&aacute;s r&eacute;cords, m&aacute;s ordenadores. <br><br> Hasta mapas necesita Estados Unidos. La embajada china en Belgrado, por ejemplo, bombardeada por la OTAN durante la guerra humanitaria en los Balcanes, fue reducida a escombros porque los pilotos no ten&iacute;an mapas actualizados. Un a&ntilde;o antes, un telef&eacute;rico se desprend&iacute;a en los Alpes italianos con una veintena de alpinistas, al ser cortados los cables por un avi&oacute;n militar estadounidense de maniobras. Seg&uacute;n confes&oacute; el piloto para consuelo de los muertos, el telef&eacute;rico no estaba en su mapa. Meses m&aacute;s tarde es bombardeado un puesto de control en Vieques, Puerto Rico, por otro piloto estadounidense durante unos ejercicios militares, muriendo un isle&ntilde;o. El piloto del bombardero reconoci&oacute; no disponer de un mapa en el que se identificara el puesto destruido. Y casi al mismo tiempo, en el Mar de Jap&oacute;n, un submarino nuclear estadounidense emerge, de improviso, y se lleva por delante a un barquito escuela japon&eacute;s, con su tripulaci&oacute;n y una docena de estudiantes. El barquito tampoco aparec&iacute;a en el mapa. <br>  <br> El problema de la falta de mapas podr&iacute;a subsanarse si el mundo, cuanto antes, en p&uacute;blica colecta, recogiera y donara a Estados Unidos los mapas necesarios, o nos decidi&eacute;ramos los ciudadanos a instalarnos luces intermitentes en la cabeza que adviertan nuestra ubicaci&oacute;n a cualquiera de sus aviones pero, a pesar de ello, tendr&iacute;amos entonces que enfrentar las lagunas acad&eacute;micas, tan p&uacute;blicas como notorias, que afectan a millones de bachilleres y universitarios estadounidenses, no siempre conformes con que Colombia no haga frontera con Italia o Madrid no sea puerto de mar. <br><br> Para la mayor&iacute;a de los estadounidenses, hayan pasado o no por las aulas, el mundo se circunscribe a ellos. De R&iacute;o Grande para abajo no hay nada, s&oacute;lo ind&iacute;genas subdesarrollados sin otro af&aacute;n en la vida que eludir sus controles y fronteras para poder disfrutar del genuino sabor americano, de su &ldquo;american life of way&rdquo;. Por eso es que Montevideo es una provincia espa&ntilde;ola, y los vascos, tambi&eacute;n llamados checoeslovascos, una tribu del norte de Africa. <br>  <br> Aunque se subsanase la carencia de mapas, ese vac&iacute;o acad&eacute;mico podr&iacute;a resultar catastr&oacute;fico. Y estamos pues ante otra de las necesidades que tiene planteada la sociedad estadounidense: educaci&oacute;n y educadores. <br><br> La escuela estadounidense ha alcanzado fama universal, adem&aacute;s de por las matanzas protagonizadas por sus escolares, por el empe&ntilde;o mostrado por sus profesores en que sus alumnos lean. Tan saludable inter&eacute;s, sin embargo, no parece haber sido abordado de la mejor manera y los lectores habituales de prensa hemos conocido las variadas apuestas que decenas de profesores han cruzado y han perdido con sus alumnos en el logro de tan loable fin. Uno de los &uacute;ltimos casos que se recuerda fue el de la directora de una escuela de California que tuvo que sumergirse en una piscina llena de gelatina. La noticia ven&iacute;a acompa&ntilde;ada de una fotograf&iacute;a de la maestra, Luciene Wong, flotando en la piscina ante la carcajada general de sus alumnos que s&iacute; leyeron el mill&oacute;n y medio de p&aacute;ginas apostadas. Poco antes, el director de otro centro escolar permaneci&oacute; 24 horas colgado del techo de su escuela por perder una apuesta semejante y, un profesor de literatura, en otro centro, se empapel&oacute; de los pies a la cabeza (con excepci&oacute;n de ojos, nariz y boca) por haber sido capaces sus alumnos de leerse algunos miles de kilos de libros. <br>  <br> Pareciera m&aacute;s sensato, en el peor de los casos, leer un &uacute;nico libro al a&ntilde;o, pero leerlo bien, disfrut&aacute;ndolo, sabore&aacute;ndolo, volvi&eacute;ndolo a leer, que batir el r&eacute;cord de la escuela en millones de p&aacute;ginas consumidas o kilos de libros digeridos, pero algo que caracteriza a la sociedad estadounidense es la velocidad y el espect&aacute;culo, y ni siquiera la literatura puede salvarse de los Guinnes. <br><br> Estados Unidos, en su interminable lista de necesidades, precisa m&aacute;s pavos, m&aacute;s torturadores, m&aacute;s aplausos, m&aacute;s hormonas, m&aacute;s d&oacute;lares, m&aacute;s gimnasios, m&aacute;s Oscars, m&aacute;s campos de concentraci&oacute;n, m&aacute;s cart&oacute;n incluso. <br><br> No hace mucho tiempo en un barrio de Chicago un pobre hab&iacute;a apu&ntilde;alado a otro en disputa por unos cartones con los que arroparse para dormir. No entend&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;an enfrentarse por unas cajas de cart&oacute;n&hellip; a no ser que tambi&eacute;n escaseen las cajas de cart&oacute;n, especialmente ahora que la NASA ha perdido &iexcl;700! con las cintas originales del alunizaje. Y no es este el &uacute;nico despilfarro de cajas. <br>  <br> Durante la administraci&oacute;n Clinton, s&oacute;lo el fiscal Starr acapar&oacute; medio centenar de cajas conteniendo las pruebas de la &ldquo;impropia relaci&oacute;n&rdquo; del presidente con la becaria, incluyendo una caja con el vestido en el que aparec&iacute;a la mancha de semen. Y es en cajas de cart&oacute;n que se archivan buena parte de los secretos clasificados, informes confidenciales y dem&aacute;s documentos que, para bien de sus ciudadanos, su gobierno les oculta y calla. Todo lo cual explica que no haya cajas, simples cajas de cart&oacute;n. <br><br> Hacer un inventario de las necesidades y carencias de la sociedad estadounidense nos llevar&iacute;a, probablemente, m&aacute;s horas de las que uno dispone y, en cualquier caso, hac&eacute;rselo saber tampoco va a resolverle el problema. <br>  <br> Sin embargo, no se puede dejar de mencionar su principal carencia y, consecuentemente, tambi&eacute;n su m&aacute;s perentoria urgencia: psiquiatras. <br>  <br> Estados Unidos necesita desesperadamente psiquiatras que ayuden a sus ciudadanos a superar psicopat&iacute;as y paranoias diversas. La paranoia, por ejemplo, de sentirse amenazados y tener que estar constantemente defendi&eacute;ndose. <br><br> Para poderse defender de sus primeras amenazas Estados Unidos se anexion&oacute; Texas en 1846 y, siempre para defenderse, invadi&oacute; Chile en 1891 y Hawai dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Para defenderse intervino en Nicaragua en 1894 y al mismo tiempo, buscando defenderse, intervino tambi&eacute;n en China y en Corea. En 1895 fue a defenderse a Panam&aacute;, en 1896 se defendi&oacute; en Nicaragua. En 1898 volvi&oacute; a defenderse a China, aprovechando la oportunidad para ir a la guerra preventiva en Filipinas e intervenir en Cuba y Puerto Rico, en sucesivas y m&uacute;ltiples defensas. Siempre para defenderse, Estados Unidos intervino en Guam en 1898, de nuevo en Nicaragua en el mismo a&ntilde;o y en Samoa un a&ntilde;o m&aacute;s tarde. En 1901 acudi&oacute; a defenderse a Panam&aacute;. En 1903 se defendi&oacute; en Honduras y en 1904 otra vez en Corea, para seguir defendi&eacute;ndose en Honduras en 1907 y en Nicaragua en 1910. El a&ntilde;o 1911 vio a los Estados Unidos defendi&eacute;ndose nuevamente en China y en 1914 la leg&iacute;tima defensa fue ejercida en M&eacute;xico y Hait&iacute;. En 1916, Rep&uacute;blica Dominicana fue la sede de la defensa y en 1919 Honduras y Yugoslavia. Turqu&iacute;a fue tambi&eacute;n blanco de la defensa de los Estados Unidos en 1922, compartiendo honores con China, dos a&ntilde;os antes de que Honduras volviera a ser motivo de defensa que, se reedit&oacute; otra vez en El Salvador en 1932. En 1948, Estados Unidos acudi&oacute; a defenderse a Filipinas, en 1950 a Puerto Rico, en 1951 a Corea y en 1953 a Ir&aacute;n. Guatemala fue escenario de una nueva defensa estadounidense en 1954 antes de que, frente a tantas amenazas, Estados Unidos trasladara su beligerante defensa al L&iacute;bano en 1958. En 1961 se defendi&oacute; en Cuba, cuando ya empezaba a defenderse en Vietnam y cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde plant&oacute; su defensa en Indonesia. En 1965, fue Rep&uacute;blica Dominicana la seleccionada para que Estados Unidos pudiera defenderse, honor que, en 1965 correspondi&oacute; a Guatemala y en 1969 a Camboya. En 1970 se defendi&oacute; en Om&aacute;n, en 1971 pas&oacute; a defenderse a Laos y en 1976 se defendi&oacute; en Angola. Desde 1980 y durante diez a&ntilde;os, Estados Unidos se defendi&oacute; de la amenaza sandinista de Nicaragua desde sus bases de Honduras y Costa Rica. En 1982 se defendi&oacute; otra vez en L&iacute;bano, en 1983 invadi&oacute; Grenada para defenderse y, para mejor defenderse de la amenaza sandinista, min&oacute; las dos costas nicarag&uuml;enses en 1984. En 1989, siempre dispuesta a defenderse, invadi&oacute; Panam&aacute;. En 1991, Estados Unidos ejerci&oacute; su defensa en Irak; en 1994, insisti&oacute; en defenderse en Hait&iacute;, en 1996 sigui&oacute; defendi&eacute;ndose en Zaire y en 1998 renov&oacute; su defensa en Sud&aacute;n, un a&ntilde;o antes de trasladar su defensa a Yugoslavia. El cambio de siglo sorprendi&oacute; a los Estados Unidos defendi&eacute;ndose en Afganist&aacute;n y, acto seguido, invadieron Irak, nuevamente, presurosos y preventivos, siempre en leg&iacute;tima defensa. <br><br> La paranoia creada en la sociedad estadounidense, cuyas conversaciones telef&oacute;nicas son grabadas, sus mensajes electr&oacute;nicos registrados, sus correos revisados, sus vidas vigiladas y que se vigila y se delata a s&iacute; misma, en defensa propia, para evitar que alguien llegue de afuera a escucharles sus conversaciones, registrar sus correos o imponerles la censura. <br>  <br> <!--[if !supportLineBreakNewLine]--> <br>  <br> <!--[endif]--> <br>  <br> La guerra como prevenci&oacute;n de la guerra es, sin duda, el m&aacute;s avanzado soporte conceptual de la obsesi&oacute;n por defenderse. Y se aplica tanto a nivel nacional como internacional. <br>  <br> La autorizaci&oacute;n en el Estado de La Florida para que cualquier ciudadano armado que se sienta amenazado pueda abrir fuego, en plena calle, contra el motivo de su alarma, si no es una medida demencial, se le parece mucho, se le parece tanto como se parecen los dos hermanos Bush, el presidente y el gobernador, el del whisky con hielo y el del whisky con soda, George y Jeb, los dos engendros de estas y otras medidas semejantes. <br>  <br> George Bush y su gobierno ha decidido y aprobado que el ej&eacute;rcito de Estados Unidos tiene derecho a disparar sobre cualquier naci&oacute;n que amenace su seguridad, su paz y su progreso. Jeb Bush y su gobernaci&oacute;n ha decidido y aprobado que la ciudadan&iacute;a de La Florida tiene derecho a disparar sobre cualquier individuo que amenace su seguridad, su paz y su progreso. <br><br> De igual forma que la sospecha de armas de destrucci&oacute;n masiva en manos de un pa&iacute;s &aacute;rabe, puede servir de excusa para desencadenar una guerra \"preventiva\" de los marines que destruya esa amenaza, la sospecha de una pistola en manos de un negro puede servir de pretexto para desencadenar una balacera \"preventiva\" de los ciudadanos de bien que elimine ese peligro. Y poco va a importar despu&eacute;s que el pa&iacute;s &aacute;rabe no tuviera armas o que el ciudadano negro fuera a sacar su billetera del bolsillo. Jeb Bush aplica a nivel local, la misma criminal pol&iacute;tica de defensa que su hermano hace tiempo que viene implementando a nivel nacional, y las consecuencias para una y otra pol&iacute;tica s&oacute;lo van a ser el caos y la destrucci&oacute;n. <br><br> Asomado al balc&oacute;n de un hotel, de un combatiente iraqu&iacute; en una esquina; si no son capaces de distinguir a una periodista italiana en un autom&oacute;vil de un combatiente suicida a bordo de un tanque, &iquest;c&oacute;mo vamos a exigirle un mayor criterio y discernimiento a un ciudadano com&uacute;n de La Florida cuando confunda a su vecino con un atracador, o a una venerable anciana que pasea su perro pequin&eacute;s por un parque, con un fan&aacute;tico feday&iacute;n que arrastra su cohete chino por una acera? Si los profesionales marines en Iraq no son capaces de distinguir a un periodista espa&ntilde;ol <br><br> La guerra preventiva de George o el disparo preventivo de Jeb son dos demenciales maneras, a diferente escala, de cometer el mismo crimen, y en su absurda formulaci&oacute;n, ambas pol&iacute;ticas reiteran los mismos argumentos, se apoyan en los mismos conceptos y cosechar&aacute;n los mismos resultados. <br>  <br> Tal obsesi&oacute;n por defenderse, siempre con car&aacute;cter preventivo, es una de las principales enfermedades mentales de la sociedad estadounidense que, en ocasiones, puede conducir a otra obsesi&oacute;n no menos ins&oacute;lita y peligrosa para el resto de los humanos, su fobia contra cierta clase de extranjeros en el entendido de que amenazas y atentados s&oacute;lo pueden llegarles o del espacio o del llamado tercer mundo, que casi viene a ser lo mismo. Lo piensa la sociedad con m&aacute;s etnias del mundo. <br><br> De ah&iacute; sus formularios verdes en Aduanas para detectar posibles terroristas, labor que desarrollan con notable eficacia gracias a preguntas tan h&aacute;biles como: &ldquo;&iquest;Es usted terrorista? &iquest;Trae armas o explosivos en su equipaje? &iquest;Tiene previsto atentar contra nuestro presidente?&rdquo; <br>  <br> Curiosamente, la historia de Estados Unidos, que cuenta con el r&eacute;cord de m&aacute;s presidentes asesinados, nunca ha registrado un magnicidio cometido por un latino, musulm&aacute;n o &ldquo;tercermundista&rdquo;. Ni siquiera sus presidentes han sido asesinados por organizaciones criminales como Kaos, la organizaci&oacute;n de Fu-Man-Ch&uacute; o Al Qaeda, verdadero prodigio como multinacional del terror con sucursales en todo el mundo, que pas&oacute; de la nada al infinito en apenas unos meses de gesti&oacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n, sino por &ldquo;hombres perturbados que actuaban solos y al servicio de nadie&rdquo;. <br><br> Abrahan Lincoln, presidente de los Estados Unidos, fue asesinado en 1865 por John Wilkes, un \"hombre perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br><br> James Garfield, presidente de los Estados Unidos, fue asesinado en 1881 por Charles Guiteau, un \"hombre perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br><br> William McKinley, presidente de los Estados Unidos, fue asesinado en 1901 por Le&oacute;n Czolgosz, un \"hombre perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br>  <br> John F.Kennedy, presidente de los Estados Unidos, fue asesinado en 1963 por Harvey Oswald, un \"hombre perturbado que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br><br>  <br>  <br> Otros presidentes, como Andrew Jackson en 1835; Franklin Delano Roosevelt, en 1933; <br>  <br> Harry Truman, en 1950; Gerald Ford, en 1975; y Ronald Reagan en 1981, sobrevivieron a atentados contra sus vidas, siempre a manos de \"hombres perturbados, que actuaban solos, al servicio de nadie\". <br><br> Pol&iacute;ticos como Robert Kennedy, l&iacute;deres como Martin L. King, artistas como John Lennon, fueron asesinados por \"hombres perturbados, que actuaban solos, al servicio de nadie\". <br>  <br> Estados Unidos dispone del mayor arsenal en la historia de la humanidad, de \"asesinos perturbados, que act&uacute;an solos y al servicio de nadie\". <br><br> El caso m&aacute;s llamativo, sin duda, el de John Kennedy, caso en el que todav&iacute;a se insiste que fue asesinado por un &uacute;nico \"perturbado\", autor de tres disparos en un tiempo imposible que, en ins&oacute;lita trayectoria, mataron a un presidente e hirieron a tres personas. Ning&uacute;n expediente de un pa&iacute;s \"tercermundista\", ni proponi&eacute;ndoselo, podr&iacute;a dar cabida a tal c&uacute;mulo de irracionales disparates, pruebas desaparecidas, testigos muertos, testimonios silenciados, informes perdidos y dem&aacute;s turbias manipulaciones, como el que todav&iacute;a pasa por informe oficial en relaci&oacute;n al golpe de Estado que esconde el magnicidio de Kennedy. <br><br> Hasta el a&ntilde;o 2029 no se desclasificar&aacute;n todos los documentos secretos en poder de las autoridades de los Estados Unidos y que no se permite sean conocidos por el pueblo norteamericano, supuestamente, el mejor informado y con m&aacute;s derechos del mundo. Habr&aacute;n pasado 66 a&ntilde;os (curiosa cifra) cuando, si as&iacute; lo considera el gobierno de Estados Unidos y su afamada justicia, se conozca quien o quienes estaban detr&aacute;s del \"perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br><br> El militar estadounidense, Thimoty McVeigh, de anglosaj&oacute;n nombre y apellido, blanco para m&aacute;s se&ntilde;as y condecorado tras la primera guerra de Iraq, el mismo que vol&oacute; por los aires el edificio federal de Oklahoma provocando centenares de muertos, era tambi&eacute;n un \"hombre perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie\". <br><br> Eric Robert Rudolph, veterano del Ej&eacute;rcito de Estados Unidos, autor de la bomba en Atlanta en 1966 que provocara un muerto y m&aacute;s de un centenar de heridos, y responsable tambi&eacute;n de otro atentado con bomba en 1998 contra una cl&iacute;nica que realizaba abortos en Alabama y en el que un polic&iacute;a result&oacute; muerto, y autor de otros atentados con bomba contra clubs frecuentados por homosexuales y oficinas p&uacute;blicas, tambi&eacute;n era &ldquo;un hombre perturbado que actuaba solo y al servicio de nadie&rdquo;. <br><br> Ninguno de ellos fue detectado gracias a los formularios verdes, dado que todos los terroristas eran ciudadanos estadounidenses y viv&iacute;an en Estados Unidos. Pero tampoco los citados formularios detectaron en el pasado a los nazis alemanes que encontraron en Estados Unidos refugio, ministerios y proyectos como el del Apolo y la NASA, o sorprendieron a los terroristas cubanos con asiento en Miami, entrando y saliendo del pa&iacute;s. <br><br> S&oacute;lo el senador Edward Kennedy fue, hace pocos a&ntilde;os, detenido en un aeropuerto estadounidense por sospecha de terrorismo, el tiempo que dur&oacute; el error. <br>  <br> Y eso nos lleva a otra de las urgencias m&aacute;s sobresalientes de la sociedad estadounidense: la necesidad de m&aacute;s viveza, aunque s&oacute;lo sea para compensar una de sus dolencias m&aacute;s temidas: la ingenuidad. <br><br> Una sociedad que se cree, por ejemplo, que su presidente, un reconocido alcoh&oacute;lico y cocain&oacute;mano, estuvo a punto de morir atragantado con una galleta Prezzler por no llevarse del consejo de su mam&aacute; de masticar bien la galleta, seg&uacute;n &eacute;l mismo confes&oacute;, y a consecuencia de cuyo ahogo cay&oacute; al suelo golpe&aacute;ndose el rostro, est&aacute; en condiciones de creerse cualquier cosa. <br>  <br> Todav&iacute;a se recuerda la compungida declaraci&oacute;n del due&ntilde;o de la agencia de pilotos de Miami que entrenara en el manejo de aviones a los terroristas que se estrellaron contra las Torres Gemelas, mientras lloraba y lamentaba no haber entrado en sospechas con sus clientes cuando estos le manifestaron no tener inter&eacute;s alguno en aprender a aterrizar. <br><br> Por m&aacute;s que los medios de comunicaci&oacute;n ayuden a aumentar la credibilidad de los embustes, hace falta un candor a prueba de sentidos para dar cr&eacute;dito a tantas ins&oacute;litas patra&ntilde;as como las urdidas por todos sus gobiernos. <br><br> Desde el &ldquo;l&eacute;anme los labios&rdquo; de George Bush I, al desmentido de la &ldquo;relaci&oacute;n impropia&rdquo; de Bill Clinton ante todo el pa&iacute;s, pasando por George Bush II, la edici&oacute;n de tantas presidenciales mentiras ocupar&iacute;a vol&uacute;menes. <br><br> George W.Bush minti&oacute; para eludir el servicio militar en Vietnam, minti&oacute; para alcanzar la presidencia, minti&oacute; el 11 de septiembre, minti&oacute; en relaci&oacute;n a la cat&aacute;strofe que provocara su gesti&oacute;n en Nueva Orle&aacute;ns, minti&oacute; cuando asegur&oacute; la existencia de armas de destrucci&oacute;n masiva en Iraq, minti&oacute; cuando afirm&oacute; tener pruebas de la vinculaci&oacute;n de Sadam con Al Qaeda; minti&oacute; cuando asegur&oacute; tener constancia de que la bombardeada f&aacute;brica de f&aacute;rmacos de Sud&aacute;n era un almac&eacute;n de armas qu&iacute;micas, minti&oacute; cuando neg&oacute; no estar utilizando f&oacute;sforo blanco en Iraq y, una vez descubierto, volvi&oacute; a mentir cuando confirm&oacute; que s&oacute;lo se utilizaba contra los \"enemigos\"; minti&oacute; cuando neg&oacute; la existencia de torturas a cargo de sus hombres en Iraq, Afganist&aacute;n y Guant&aacute;namo; minti&oacute; cuando rechaz&oacute; tener nada que ver con secuestros de personas, vuelos secretos y c&aacute;rceles secretas; minti&oacute; cuando afirm&oacute; que el espionaje del correo de sus ciudadanos contaba con el visto bueno de su propio Congreso, minti&oacute; cuando comprometi&oacute; el retiro de sus tropas de Iraq tras la primera pantomima electoral llevada a cabo en ese pa&iacute;s... hasta el pavo con el que pos&oacute; para la posteridad tras su primera visita a la Iraq invadida un D&iacute;a de Acci&oacute;n de Gracias, result&oacute; ser de pl&aacute;stico. Obviamente, Estados Unidos, necesita psiquiatras que trabajen esa doble patolog&iacute;a de la mentira y la credulidad extremas. <br><br> No hace falta m&aacute;s que leer el art&iacute;culo de Robert Jensen, profesor de periodismo de la universidad de Texas, sobre el escaso juicio de la sociedad estadounidense, sus trastornos narcisistas y las secuelas que semejantes anomal&iacute;as provocan. <br><br> Y en apoyo a su bien documentada tesis, el autor recog&iacute;a algunos puntuales ejemplos en las personas del propio presidente y otros altos funcionarios del gobierno, tanto en relaci&oacute;n a sus palabras como a sus actos, y con el agravante de que siguen diciendo y haciendo los mismos tr&aacute;gicos dislates. <br>  <br> Esto hace recordar un estudio efectuado por la Conferencia de la Casa Blanca sobre Salud Mental publicado en 1999 y que recog&iacute;a alrededor de 3 mil investigaciones, cuya conclusi&oacute;n no dejaba lugar a duda alguna: uno de cada cinco estadounidenses padec&iacute;a trastornos mentales. Junto a ese dato, otro m&aacute;s llam&oacute; mi atenci&oacute;n: las enfermedades mentales eran la segunda causa de muerte en Estados Unidos. <br>  <br> El estudio, al que por su origen parec&iacute;a obligado conferirle cierto rigor, no aclaraba cu&aacute;l era el &iacute;ndice de mortalidad que provocaban esos trastornos mentales fuera de los Estados Unidos, aunque la &ldquo;locura&rdquo; estadounidense debe ser, no la segunda, sino la principal causa de muerte, directa o indirectamente, en Am&eacute;rica Latina, Asia y Africa. <br><br> En cualquier caso, alarma saber que, seg&uacute;n esos an&aacute;lisis efectuados por la propia Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton, cuyos resultados seguramente, se hayan agravado despu&eacute;s de varios a&ntilde;os con Bush al frente del gobierno, y a los que habr&iacute;a que sumar el certero diagn&oacute;stico psiqui&aacute;trico de Robert Jensen, veinte de los cien senadores que, aproximadamente, tiene Estados Unidos padecen problemas mentales; y que 100 congresistas de los alrededor de 500 con que cuenta aquel parlamento est&aacute;n mal de la cabeza. Enfermos mentales a los que habr&iacute;a que sumar su 20 por ciento de militares orates, jueces enajenados, alcaldes lun&aacute;ticos, embajadores idos, funcionarios chalados y banqueros ves&aacute;nicos, en mayor o menor grado, para no mencionar la clase art&iacute;stica y religiosa. <br>  <br> Dolencias mentales que casi siempre tienen su acomodo en el bolsillo y que, tambi&eacute;n explican el porqu&eacute; de tantos ni&ntilde;os pistoleros en las escuelas ametrallando maestros y compa&ntilde;eros; o el trastorno obsesivo-compulsivo que ha mantenido el bloqueo a Cuba durante m&aacute;s de 40 a&ntilde;os; o los constantes errores y da&ntilde;os colaterales provocados por la esquizofrenia militar estadounidense y la demencial ambici&oacute;n de sus gobiernos. <br><br> El narcisismo estadounidense tiene en la ignorancia, entre otras consecuencias para aquella sociedad y el resto del mundo, una de sus m&aacute;s connotadas expresiones. <br>  <br> Esas encuestas que, generalmente, revelan lo que todo el mundo sabe y descubren lo que a nadie le importa, m&aacute;s de una vez han puesto en evidencia la supina ignorancia de la sociedad estadounidense sobre el resto del planeta. <br><br> Muchos ciudadanos de aquel pa&iacute;s descubrieron la existencia de Vietnam el d&iacute;a en que sus aviones dejaron caer sobre el pa&iacute;s asi&aacute;tico m&aacute;s bombas que todas las lanzadas en la segunda guerra mundial. A Iraq la encontraron en el mapa por los mismos motivos, los mismos que les sirvieron para distinguir a Panam&aacute; de Colombia, y que les situaron en Europa a la bombardeada Yugoslavia. <br><br> Y la ignorancia suele ser demoledora cuando aparece acompa&ntilde;ada de la arrogancia, dos tumores malignos en la sociedad estadounidense que, tal vez, ya hayan hecho met&aacute;stasis. <br>  <br> Ese creerse centro del universo que les permite a sus soldados estar exentos de responder ante tribunales internacionales o justicias que no sean la propia; que hace que a su campeonato nacional de baloncesto lo llamen &ldquo;Serie Mundial&rdquo; y, en consecuencia, &ldquo;campeones mundiales&rdquo; a los ganadores; que celebran el &ldquo;Juego de Estrellas&rdquo;; que buscando nombres para sus equipos deportivos encontraron los Astros de Houston, el Cosmos de Nueva York, los Gigantes de San Francisco, los Supers&oacute;nicos de Seattle o los Reyes de Sacramento; esa sociedad que siempre ha buscado en la apariencia el reflejo de su espejo; capaz de ejecutar a menores de edad y retrasados mentales y dar clases de &eacute;tica y moral; que ha llegado a negarle la &uacute;ltima voluntad a un condenado a muerte porque el cigarrillo que pretend&iacute;a fumarse atentaba contra su salud; que todo lo reduce a oro, incluyendo el tiempo; que derrocha la luz para evitar mirarse y se vanagloria de su infame despilfarro como expresi&oacute;n del desarrollo que no paga; que siendo el pa&iacute;s m&aacute;s endeudado del mundo dicta las pautas econ&oacute;micas al resto, requiere la urgente intervenci&oacute;n de los psiquiatras. <br><br> Estados Unidos necesita economistas que puedan devolver las esperanzas de una vida mejor a millones de ciudadanos que viven de manera miserable, sin empleo, salud ni futuro; necesita soci&oacute;logos que puedan ayudar a la poblaci&oacute;n a identificar sus problemas, a reconocer sus causas, a buscarles soluci&oacute;n; necesita profesionales en todas las &aacute;reas pero, sobre todo, Estados Unidos necesita psiquiatras, enormes contingentes de psiquiatras para que, desde el presidente hasta el &uacute;ltimo ciudadano, puedan mejorar su salud mental, la misma que reconocen estar perdiendo, y podamos los dem&aacute;s preservar la vida, la misma que vive en permanente zozobra por la insania del norte. <br><br> Mientras seguimos deglutiendo las mismas pel&iacute;culas, con sus mismos argumentos y sus mismos guionistas, el mundo est&aacute; en la obligaci&oacute;n de aportar a Estados Unidos todos los psiquiatras disponibles, aunque haya que pagarlos, que por muy costosos que resulten sus servicios, por muy caros que sean sus honorarios y a&ntilde;os que necesiten sus terapias para dar resultado, siempre nos va a resultar m&aacute;s econ&oacute;mico donarles a los estadounidenses los psiquiatras que necesiten que seguir pagando las facturas de los tantos traumat&oacute;logos y cirujanos que su democracia nos demanda.. <br><br> add your comments<\/p>\n<\/body><\/html>\n","contact":"","link":"","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/plain","summary":"HOLLYWOOD ES HIROSHIMA","numcomment":1,"fileurl":"\/uploads\/","filesize":null,"article_url":"\/news\/2007\/11\/209904.php"},"attachments":[],"comments":[{"id":210332,"heading":"Is this available in English?","article":"This looks interesting, but it's a lot of Spanish for someone of only moderate competence in the language to read. 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