{"article":{"id":207080,"heading":"Renovaci\u00f3n y continuidad en la ideolog\u00eda anarquista.","author":"Patrick Rossineri (Libertad! N\u00ba 44)","created":"2007-09-14 18:19:24","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>Renovaci&oacute;n y continuidad en la ideolog&iacute;a anarquista. <br><br>    <br><br> Patrick Rossineri <br><br>    <br><br> La historia de la evoluci&oacute;n de la ideolog&iacute;a anarquista podr&iacute;a dividirse en tres etapas bastante definidas, desde las primeras formulaciones de mediados del siglo XIX hasta la actualidad. En realidad no podemos hablar de etapas con un inicio y un cierre sino m&aacute;s bien de configuraciones paradigm&aacute;ticas &ndash;aunque lejos de las significaciones ideadas por Kuhn para la historia de la ciencia-, modelos de pensamiento predominantes en determinada &eacute;poca y contexto hist&oacute;rico, geogr&aacute;fico, cultural y social. Estas configuraciones paradigm&aacute;ticas se corresponder&iacute;an grosso modo con aquello que Daniel Barret denomina historicidad, como propiedad de los acontecimientos y los sujetos sociales. Sin considerarlas como definitivas elucubraciones inmodificables sino m&aacute;s bien con un fin did&aacute;ctico, estas configuraciones que ha tomado la ideolog&iacute;a anarquista responden a discusiones que se han dado sobre tres ejes &ndash; que son, la teor&iacute;a, la pr&aacute;ctica y la &eacute;tica- dentro de un contexto social singular, espec&iacute;fico e irrepetible (o mejor, irreversible). Nos referimos a una fase formativa, una fase de madurez y una de repliegue o regresi&oacute;n.  <br><br>    <br><br> Fase formativa: <br><br>    <br><br> En sus inicios &ndash;si soslayamos a algunos antecesores de finales del siglo XVIII- el anarquismo surgi&oacute; de las proposiciones de Proudhon y otros socialistas franceses que eran refractarios a las formas de gobierno, mediante tanteos te&oacute;ricos radicalizados pero poco sistematizados y a veces incoherentes. Las ideas de federalismo, socializaci&oacute;n de la propiedad privada y de mutualismo eran predominantes, y respond&iacute;an a los tres principios b&aacute;sicos que estructurar&aacute;n a toda la ideolog&iacute;a anarquista en ciernes: libertad, igualdad y solidaridad, herencia revolucionaria de 1789. Luego del fracaso de la Primera Internacional, van a ser las ideas de Mikhail Bakunin las que cincelar&aacute;n esta primera etapa constitutiva. En Bakunin son claramente distinguibles las primeras formulaciones &eacute;ticas entre los fines y los medios para conseguirlos, cuando proclama que no se puede concebir al comunismo manteniendo la forma estatal, ni tampoco utilizar formas autoritarias para alcanzar la libertad, enfrent&aacute;ndose abiertamente con el socialismo cientificista y autoritario de Karl Marx. Adem&aacute;s, las reflexiones dial&eacute;cticas de Bakunin sobre la libertad son de un nivel superlativo y superadoras del individualismo y el liberalismo, al considerar la libertad colectiva como la &uacute;nica forma posible de realizaci&oacute;n de la libertad de la persona individual. En lo econ&oacute;mico y social afirma el colectivismo como teor&iacute;a m&aacute;s evolucionada que el mutualismo, mientras el federalismo se consolida como forma organizativa. El anarquismo es una ideolog&iacute;a con bases heterog&eacute;neas pero firmes, y con una identidad que se demarca y constituye en la lucha social.  <br><br>    <br><br> Fase de madurez: <br><br>    <br><br> Luego del fracaso de la Primera Internacional y la masacre de la Comuna de Par&iacute;s, hubo un repliegue del anarquismo a posiciones algo sectarias, cuya manifestaci&oacute;n m&aacute;s profunda se conoci&oacute; como propaganda por el hecho. La social democracia marxista estaba en auge, pero sus actitudes reformistas y colaboracionistas no inquietaban a los poderosos y comenzaban a asquear al proletariado. En este contexto, y con el resurgimiento masivo de la actividad sindical, el anarquismo vuelve a tomar brillo y se produce la etapa m&aacute;s prol&iacute;fica en lo que respecta a la producci&oacute;n te&oacute;rica con la elaboraci&oacute;n del comunismo an&aacute;rquico, a las formulaciones &eacute;ticas m&aacute;s desarrolladas y a la consolidaci&oacute;n de un modelo pr&aacute;ctico organizativo -ajustado a una realidad de luchas sociales- basado en el sindicalismo. Los dos grandes pensadores del anarquismo de aquellos a&ntilde;os fueron Kropotkin y Malatesta, con una caravana de pensadores no tan influyentes, aunque no menos brillantes: Luigi Fabbri, Pietro Gori, Emma Goldman, Alexander Berkman, Rudolf Rocker, Ricardo Mella, Abad de Santill&aacute;n, Gustav Landauer, Max Nettlau, etc. Esta fue la era del anarcosindicalismo, con gremios y confederaciones sindicales anarquistas rebosantes de trabajadores, con presencia en todas lasnaciones del mundo. Lo m&aacute;s destacable era que el anarquismo produc&iacute;a la ideolog&iacute;a socialmente, porque sus actores eran hombres y mujeres del pueblo. El anarquismo no era una ideolog&iacute;a externa (o extra&ntilde;a) al cuerpo social &ndash;y por supuesto que no era la &uacute;nica- sino que &eacute;sta surg&iacute;a de la propia sociedad, de los bajos estratos sociales, de los sectores trabajadores (artesanos, rurales, obreros, terciarios). La victoria bolchevique en Rusia, las transformaciones del capitalismo liberal al keynesianismo, el surgimiento del Estado Benefactor y el surgimiento del totalitarismo (Rusia, Italia y Alemania) fueron duros golpes y cambios que no fueron f&aacute;ciles de asimilar y perjudicaron profundamente al movimiento internacional. La c&uacute;spide de este modelo se alcanz&oacute; durante la revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola, donde dio lo mejor de s&iacute; demostrando la riqueza de su viabilidad hasta que fue desmontado primero por los propios agentes estalinistas y republicanos, y a la postre por las balas de los fascistas.  <br><br>    <br><br> Fase de repliegue: <br><br>    <br><br> Finalmente, la &uacute;ltima configuraci&oacute;n ideol&oacute;gica del anarquismo se plantea como respuesta al retroceso que se experimenta en todo el movimiento anarquista internacional, que despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial fue una sombra de d&eacute;cadas anteriores, aunque con espor&aacute;dicos resurgimientos. Este nuevo paradigma que surge no presenta casi innovaciones en el aspecto te&oacute;rico, aunque s&iacute; en el plano organizativo bas&aacute;ndose en la conformaci&oacute;n de agrupaciones anarquistas espec&iacute;ficas, organizadas como federaciones. La fragmentaci&oacute;n del paradigma anarcosindicalista en federaciones espec&iacute;ficas provoc&oacute; serias discusiones al interior del movimiento, que no vienen al caso. Las federaciones anarquistas &ndash;posteriormente afiliadas en la IFA- se expandieron, aunque nunca lograron revitalizar al movimiento, salvo excepciones regionales. <br><br> El mundo bipolar, la revoluci&oacute;n cubana, el Estado benefactor, el sindicalismo totalmente burocratizado e integrado, la sociedad de consumo, la preponderancia de los nuevos medios de comunicaci&oacute;n y el surgimiento de las clases medias fueron cambios que el anarquismo no pudo digerir con rapidez y responder desde lo ideol&oacute;gico durante los &lsquo;50 y &lsquo;60. Al mismo tiempo, muchos j&oacute;venes anarquistas eran seducidos por los modelos victoriosos de la izquierda revolucionaria que florec&iacute;an bajo el influjo de la revoluci&oacute;n cubana, la cual recibi&oacute; apoyos cr&iacute;ticos y apoyos expl&iacute;citos de m&aacute;s de una agrupaci&oacute;n anarquista. Fue quiz&aacute;s la Federaci&oacute;n Anarquista Uruguaya la organizaci&oacute;n que m&aacute;s integr&oacute; las preponderantes concepciones izquierdistas al anarquismo durante los vertiginosos a&ntilde;os &rsquo;60 y 70, para no ver pasar la historia por un costado, lo que ulteriormente le provoc&oacute; una escisi&oacute;n. La modalidad de organizaciones guerrilleras tan en boga por aquellos a&ntilde;os llev&oacute; a la creaci&oacute;n del OPR-33 en Uruguay y al cercenado experimento de Resistencia Libertaria en Argentina. Por aquel entonces, la masacre generalizada sobre las principales agrupaciones de la guerrilla aplast&oacute; tambi&eacute;n con su pu&ntilde;o de hierro a estas organizaciones, que en realidad eran un objetivo secundario de los represores debido a su menor infraestructura.  <br><br> Es a partir de los &rsquo;70 que dentro del especifismo anarquista toma breve auge lo que se conoce como plataformismo, una propuesta autocr&iacute;tica de N&eacute;stor Machno y P. Archinov de 1926 para revitalizar al anarquismo luego de la derrota en Rusia y Ucrania. Esta propuesta, que hab&iacute;a sido criticada seriamente por Malatesta y Berneri, nunca se lleg&oacute; a traslucir en una organizaci&oacute;n efectiva y cay&oacute; pr&aacute;cticamente en el olvido tras la muerte de sus impulsores. Es a partir del Mayo Franc&eacute;s del &rsquo;68 &ndash;cuando da inicio otra primavera anarquista europea- que se mira nuevamente hacia el plataformismo, aunque quiz&aacute;s por influjo de la historia pr&oacute;xima con el agregado de un sensible tinte izquierdizante, que se manifiesta adem&aacute;s en la admiraci&oacute;n por los postulados organizativos e ideol&oacute;gicos de la actualmente alica&iacute;da FAU. La gran contradicci&oacute;n del plataformismo consiste en que critica la descontextualizaci&oacute;n de las ideas del movimiento anarquista y su falta de &ldquo;inserci&oacute;n social&rdquo;, pero a su vez, como sostiene Daniel Barret: lo que no parece acertado es desligar las soluciones al dilema del contexto hist&oacute;rico en el cual &eacute;ste se inscribe actualmente y, en su lugar, vincularlas a algunos principios abstractos extra&iacute;dos de la evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica de una derrota revolucionaria ocurrida en Rusia y en 1921. (...) Al mismo tiempo, no deja de ser ambiguo en su propio formato de presentaci&oacute;n: el &ldquo;plataformismo&rdquo; se presenta en Am&eacute;rica Latina como una corriente renovadora y que apunta a resolver los problemas pol&iacute;tico-pr&aacute;cticos a los que se ha enfrentado el movimiento anarquista, pero, al mismo tiempo, lo hace sobre la base de un respaldo doctrinario que s&oacute;lo puede encontrar su justificaci&oacute;n y su sustento en un escenario hist&oacute;rico que, definitivamente, ya no es el nuestro (en el folleto &ldquo;Los sediciosos despertares de la anarqu&iacute;a&rdquo;). <br><br>    <br><br> Renovaci&oacute;n ideol&oacute;gica del anarquismo <br><br>    <br><br> La ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, abrieron la era de la globalizaci&oacute;n, el postmodernismo, el calentamiento global y el universo cultural, social y pol&iacute;tico fragmentado -caleidosc&oacute;pico- del presente. Lejos de aplastar al anarquismo bajo una pila de ladrillos -como ocurri&oacute; con buena parte del marxismo- estos acontecimientos hist&oacute;ricos parecen anunciar una nueva realidad, o como dir&iacute;a Barret, una nueva historicidad concreta, singular, propia. La actual fragmentaci&oacute;n del anarquismo es tambi&eacute;n reflejo de esa historicidad, de ese contexto donde los movimientos sociales se han atomizado, donde las distinciones entre las clases sociales (sin haber desaparecido) se tornan m&aacute;s an&oacute;nimas, nebulosas y ambiguas, dificultando tanto el an&aacute;lisis te&oacute;rico como la propia identificaci&oacute;n clasista de los explotados y oprimidos.  <br><br> Aunque no todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire. Si bien las nuevas proposiciones te&oacute;rico-pr&aacute;cticas que van surgiendo desde el anarquismo est&aacute;n lejos de cerrarse en un prototipo homog&eacute;neo, un paradigma ideol&oacute;gico renovado y vital parece estar tomando cuerpo. Muchas de las proposiciones aparentan ser de escaso vuelo y producto de la moda m&aacute;s que del medio en que se generaron, como es el caso del primitivismo de Zerzan, el animalismo y gran parte de lo que se conoce como post-anarquismo, que no es otra cosa que la incorporaci&oacute;n de la cr&iacute;tica posmoderna al anarquismo. Las propuestas m&aacute;s novedosas y beligerantes &ndash;a pesar de sus limitaciones- han sido las que surgieron dentro de la corriente insurreccionalista, los movimientos anticarcelarios y los movimientos anarquistas contra la globalizaci&oacute;n, as&iacute; como muchos proyectos que impulsan un anarquismo sin adjetivos, haciendo un rescate y una relectura de los cl&aacute;sicos desde el presente. Dentro de estos &uacute;ltimos proyectos podr&iacute;amos incluir tanto las ideas de David Graeber como las de Daniel Barret, que procuran una renovaci&oacute;n te&oacute;rica sin auxiliarse en ideolog&iacute;as for&aacute;neas aunque sin privarse de incorporar nuevos criterios y conceptos provenientes de las ciencias sociales o de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica de corte libertario. El caso del insurreccionalismo, en cambio, responde m&aacute;s a una reacci&oacute;n circunstancial cr&iacute;tica frente al anquilosamiento y burocratizaci&oacute;n de las tradicionales estructuras organizativas anarquistas europeas, que si bien motiv&oacute; algunos replanteos interesantes, pareciera que su limitaci&oacute;n principal consiste en cierta anemia te&oacute;rica deliberada, supuestamente resuelta en beneficio de una pr&aacute;ctica m&aacute;s activa y radicalizada.  <br><br> Estamos frente a las puertas de un nuevo paradigma que se abre para los anarquistas, lo que conducir&aacute; a no pocas discusiones, debates y disputas hacia el seno del movimiento. Una nueva configuraci&oacute;n que de cuenta de la diversidad del presente, sin diluirse en esa diversidad sino impregn&aacute;ndose de la realidad, imbric&aacute;ndose en la problem&aacute;tica social y formando parte de ella. Un anarquismo producido socialmente, mejor que planeado -como suelen hacerlo los plataformistas- desde la inserci&oacute;n social (siempre externa a los sujetos sociales).  <br><br> Ha llegado el momento de poner fin al retroceso que desde hace dos generaciones venimos padeciendo. Cuando se trata de volver a empezar es saludable volver a las fuentes, a la heterogeneidad revolucionaria, al desorden creador, a la b&uacute;squeda de justicia como fuerza impulsora, a los principios de ayuda mutua y a la renovaci&oacute;n que puede encontrarse en los cl&aacute;sicos del anarquismo. Muchos piensan que no se pueden encontrar soluciones para los problemas del presente en la lectura de Bakunin, Kropotkin, Proudhon, Landauer, Malatesta o Fabbri, y es una gran verdad. Lo que es un grave error es pretender que los cl&aacute;sicos han perdido vigencia porque hablan de generalidades, porque impulsan la lucha por la libertad, contra el Estado y el Capital renegando del car&aacute;cter revolucionario de la gesti&oacute;n pol&iacute;tica. Los cl&aacute;sicos no sirven para resolver problemas o encontrar las respuestas a un presente siempre incierto, sino que m&aacute;s bien sirven para plantearnos preguntas y problemas; sirven como par&aacute;metro, como fermento o como gu&iacute;a para las ideas y las acciones presentes.  <br><br> Es vital, entonces, no desechar el pasado sino resignificarlo, leerlo desde nuestra propia realidad singular, propia y en tiempo presente. No se trata de proscribir al anarcosindicalismo o a las organizaciones espec&iacute;ficas, sino repensarlos sin sobredimensionarlos, atendiendo al contexto hist&oacute;rico, geogr&aacute;fico y social. No es lo mismo, por ejemplo, la realidad de la CNT y la FAI espa&ntilde;olas que la de la FORA y la FLA argentinas, ambas &uacute;ltimas con un pasado notorio y un presente precario. Sin desechar para nada el sistema de organizaci&oacute;n federativo, se hace necesario su reacomodaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n a las necesidades del movimiento social.  <br><br>    <br><br> La organizaci&oacute;n en redes y los mecanismos de toma de decisiones <br><br>    <br><br> El anarquista uruguayo Daniel Barret propone que los anarquistas adoptemos la modalidad de organizarnos en forma de redes para rellenar muchos de los huecos que presenta el movimiento en su imbricaci&oacute;n social para as&iacute; revitalizarlo.  <br><br> Una red es una estructura social que relaciona elementos -llamados nodos en la jerga especializada- de iguales caracter&iacute;sticas y de forma no jer&aacute;rquica. Si bien no compartimos el optimismo al estilo kropotkiniano de Daniel Barret ya que tambi&eacute;n existen redes autoorganizadas nada igualitarias y concentradas en unos pocos nodos1, en cambio, s&iacute; compartimos su propuesta en general como un ideal al que se hace necesario tender puentes. Incluso las propias federaciones anarquistas y anarcosindicalistas pueden pensarse de otra forma, atenuando el centralismo y la despersonalizaci&oacute;n que muchas veces termina imponi&eacute;ndose. Imaginemos a decenas o a cientos de organizaciones anarquistas vinculadas en red por sus afinidades ideol&oacute;gicas, territoriales, tem&aacute;ticas, identitarias o interrelacionadas de diversas y cambiantes formas, basadas en acuerdos libres y solidarios, prefigurando la sociedad anarquista. Se pueden construir redes de publicaciones &aacute;cratas, de intercambio de informaci&oacute;n, de sociedades de resistencia, de autodefensa y solidaridad, de individualidades cuando no existan agrupaciones suficientes como para organizar una red en base a una afinidad o necesidad determinada. Incluso las federaciones organizadas de abajo arriba de cu&ntilde;o cl&aacute;sico pueden estar atravesadas por estas redes.  <br><br> Sin pasarnos al bando de los ortodoxos de la novedad -como sol&iacute;a decir Amanecer Fiorito- estas organizaciones reticulares no son algo tan novedoso como pueda suponerse. El propio Kropotkin defin&iacute;a la sociedad anarquista &ndash;en un art&iacute;culo escrito para la Enciclopedia Brit&aacute;nica- como un conjunto de asociaciones voluntarias que &ldquo;representar&iacute;an una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y federaciones de todos los tama&ntilde;os y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o m&aacute;s o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producci&oacute;n, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educaci&oacute;n, protecci&oacute;n mutua, defensa del territorio, etc.; y, por otra parte para la satisfacci&oacute;n de un n&uacute;mero creciente de necesidades cient&iacute;ficas, art&iacute;sticas, literarias y de relaci&oacute;n social&rdquo; (cursivas nuestras).  <br><br> Por otro lado, si hay una propiedad que tienen todas las redes en general es que cuando aumenta la interconectividad entre los nodos (ya sean individuos o colectivos), m&aacute;s fuertes e indestructibles se tornan y la informaci&oacute;n fluye ostensiblemente m&aacute;s r&aacute;pido. Contradiciendo lo que presuponen los cultores del organizacionismo, que apelan a la unidad y a la disciplina haciendo de la organizaci&oacute;n un todo superador, las redes no son precisamente de baja operatividad, ni lentas de reflejos, sino m&aacute;s bien todo lo contrario2. Superan con creces la pretensi&oacute;n de muchas organizaciones anarquistas de abarcarlo todo en una &uacute;nica organizaci&oacute;n mediante frentes o comisiones de trabajo, ya que las redes relacionan entre s&iacute; a individuos o grupos con afinidades comunes pero tambi&eacute;n se vinculan con otras redes&ndash;debido a que una persona o un grupo -un nodo- puede tener intereses y necesidades diversas. Una organizaci&oacute;n con perspectivas de proyecci&oacute;n nacional -al estilo de las agrupaciones de izquierda o de muchas anarquistas- no puede conformarse como una red, por m&aacute;s que declame serlo. Las redes presentan otras propiedades singulares y conforman un modelo organizativo diferente, por derecho propio.  <br><br> Dentro de este contexto complejo de exuberancia organizativa, tambi&eacute;n la discusi&oacute;n de las modalidades en la toma de decisiones necesita un replanteo. Dejando de lado toda forma representativa contradictoria con el anarquismo, y dentro de los par&aacute;metros de la acci&oacute;n directa (sin intermediarios) existen dos modalidades b&aacute;sicas: la toma de decisiones por consenso y la toma de decisiones por mayor&iacute;a mediante el voto.  <br><br> Digamos primeramente que &ldquo;el consenso es a menudo malinterpretado. Se oyen muchas veces cr&iacute;ticas que afirman que causar&iacute;a una conformidad sofocante, pero casi nunca son cr&iacute;ticas formuladas por alguien que haya observado realmente un proceso de consenso en acci&oacute;n (&hellip;) En lugar de eso, el objetivo del proceso de consenso es permitir a un grupo decidir un curso de acci&oacute;n com&uacute;n. En lugar de votar propuestas de arriba abajo, se trabajan las propuestas y se vuelven a revisar o reinventar, hay un proceso de compromiso y de s&iacute;ntesis, hasta que se llega a algo que todo el mundo puede aceptar&rdquo;3. Finalmente, cuando llega el momento de obtener el consenso existen dos clases de objeciones posibles de los integrantes del colectivo deliberante: a) apartarse y no participar, pero sin impedir que se lleve a cabo la actividad; b) bloquear la propuesta (vetarla) si siente que contradice los principios constituyentes del grupo o sus finalidades, poni&eacute;ndose en contra de la voluntad del colectivo. Cuando un bloqueo es injustificado o responde a caprichos individuales, tambi&eacute;n existen m&eacute;todos de neutralizarlos, consensuados previamente. Adem&aacute;s, la b&uacute;squeda del consenso limita la presentaci&oacute;n de propuestas ante grupos demasiado numerosos innecesariamente, resolviendo eficazmente conflictos internos de integraci&oacute;n y de participaci&oacute;n.  <br><br> El m&eacute;todo de voto a mano alzada para la toma de decisiones ha sido utilizado tradicionalmente en asambleas soberanas (generalmente haciendo &eacute;nfasis en el derecho de las minor&iacute;as) por muchas organizaciones anarquistas, en organizaciones al estilo de los soviet rusos o de las colectividades de la Espa&ntilde;a revolucionaria. En circunstancias excepcionales o cuando las urgencias y las necesidades obliguen, puede ser m&aacute;s expeditivo o &aacute;gil este m&eacute;todo tradicional que la b&uacute;squeda de consenso, pero tambi&eacute;n se cae en el peligro de la manipulaci&oacute;n por parte de sujetos abusivos o de aparatos autoritarios durante una toma de decisiones apresurada.  <br><br>    <br><br> Los l&iacute;mites de la renovaci&oacute;n ideol&oacute;gica <br><br>    <br><br> Quiz&aacute;s las controversias mayores entre los anarquistas tengan lugar al momento de considerar qu&eacute; y cu&aacute;nto es lo que hay que modificar y en qu&eacute; punto los cambios deber&aacute;n detenerse antes de que la ideolog&iacute;a anarquista pierda su propia esencia y su contenido radicalizado. Quiz&aacute;s, las claves para las respuestas residan en las finalidades que nos proponemos al plantearnos una renovaci&oacute;n ideol&oacute;gica: la necesidad de impulsar una revoluci&oacute;n social, radicalizar el enfrentamiento con el sistema, abarcar una mayor incidencia en las luchas, afinar nuestra cr&iacute;tica al capitalismo y elaborar propuestas de acci&oacute;n coherentes, etc. Lo m&aacute;s probable es que no haya que cambiar tanto, ni tan poco.  <br><br> Es decir, los cambios no se dar&aacute;n al nivel de los principios, ni de las finalidades an&aacute;rquicaso de nuestros anhelos de justicia. Las innovaciones tendr&aacute;n que potenciar la ideolog&iacute;a, no diluirla en anarco-pacifismo, anarco-ecologismo, anarco-individualismo u otras denominaciones propensas a disolver el contenido revolucionario de la idea en un progresismo de ocasi&oacute;n. <br><br> Vamos a intentar elaborar un ordenamiento provisorio de c&oacute;mo estar&iacute;a constituida la ideolog&iacute;a anarquista -sin pretender otorgarle una validez universal, sino m&aacute;s bien con un prop&oacute;sito did&aacute;ctico- bas&aacute;ndonos en tres ejes integrados que son la teor&iacute;a, la pr&aacute;ctica y la &eacute;tica libertarias.  <br><br> Consideremos entonces a la ideolog&iacute;a anarquista como un conjunto de ideas, tendientes a la destrucci&oacute;n del sistema de dominaci&oacute;n y explotaci&oacute;n (cualquiera sea &eacute;ste) para establecer una sociedad libre, igualitaria, justa, solidaria, sin gobernantes, ni explotadores, ni estructuras de dominaci&oacute;n. Todo este conjunto de ideas va a estar atravesado por las tres ideas-fuerza o principios fundamentales del anarquismo: libertad, igualdad y solidaridad. Estos principios llevados a su m&aacute;xima expresi&oacute;n conforman la columna vertebral de la ideolog&iacute;a anarquista. En rigor, estos principios no pueden ser tomados como ideas delimitadas y desvinculadas entre s&iacute;, sino como una matriz sobre la que se va a cimentar todo el edificio ideol&oacute;gico anarquista. La libertad no puede ser entendida sino como libertad solidaria o como libertad igualitaria (sin distinciones de rango, clase, g&eacute;nero, etc.) Una Igualdad insolidaria se nos figura pr&aacute;cticamente inconcebible y una sociedad igualitaria sin libertad se traduce en la opresi&oacute;n del colectivo social -en verdad de una burocracia- sobre las personas. En este sentido, los principios anarquistas son inmodificables, irrenunciables e innegociables porque de ellos se nutren todas nuestras aspiraciones de justicia, la cr&iacute;tica radicalizada, la rebeli&oacute;n frente al opresor y el car&aacute;cter socialista del movimiento. Toda la teor&iacute;a, la pr&aacute;ctica y la &eacute;tica libertarias van a estar definidos por estas ideas-fuerza, sin las cuales el anarquismo se desdibujar&iacute;a y perder&iacute;a la radicalidad de su propuesta. <br><br> Veamos ahora a la ideolog&iacute;a anarquista desde una perspectiva m&aacute;s sistem&aacute;tica, es decir, desde los tres ejes anteriormente mencionados: &eacute;tica, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica. Si bien lo m&aacute;s sensato quiz&aacute;s hubiera sido no considerar a la &eacute;tica anarquista por separado de la pr&aacute;ctica y la teor&iacute;a, consideramos este aspecto tan importante y determinante para los anarquistas que creemos que -al menos en nuestro caso- merece una consideraci&oacute;n especial.  <br><br> Como bien se&ntilde;ala David Graeber &ldquo;el anarquismo ha tendido a ser un discurso &eacute;tico sobre la pr&aacute;ctica revolucionaria&rdquo;, aunque nosotros tambi&eacute;n consideramos que los aspectos te&oacute;ricos has sido formulados en base a esta &eacute;tica, la cual funcionar&iacute;a como la argamasa que une las teor&iacute;as y las pr&aacute;cticas anarquistas. La &eacute;tica discurre sobre los postulados sobre los que se basa la acci&oacute;n moral, entendiendo por moral un conjunto de valores y normas. El discurso &eacute;tico procura adecuar los principios morales de un cierto grupo a un determinado proyecto de sociedad (el comunismo anarquista en nuestro caso). La &eacute;tica se enfoca sobre las acciones humanas, elabora juicios y normas sobre aquellos aspectos de los actos humanos que se consideran como buenos, malos, correctos, incorrectos, etc.; nos indica sobre c&oacute;mo debemos actuar. Un juicio &eacute;tico inevitablemente conlleva una valoraci&oacute;n. <br><br> En un sentido moral general, la aspiraci&oacute;n b&aacute;sica de los anarquistas es la implantaci&oacute;n de la justicia en la sociedad, entendida como la consecuci&oacute;n de la anarqu&iacute;a. Aunque quiz&aacute;s el precepto &eacute;tico que m&aacute;s caracteriza a los anarquistas sea el de que el fin no justifica los medios, proposici&oacute;n completamente antit&eacute;tica a la c&eacute;lebre sentencia maquiav&eacute;lica. En absoluto responde a un cierto lirismo filos&oacute;fico o utopismo carente de eficacia -como le reprochan algunos que subsumen los valores morales a los resultados- sino que presenta un consistente fundamentaci&oacute;n: los medios deben prefigurar los fines porque el fin es inalcanzablefuera de estos m&eacute;todos. De all&iacute; el rechazo anarquista de la pol&iacute;tica entendida como t&eacute;cnica de la gesti&oacute;n de la sociedad por especialistas (en verdad, tanto la pol&iacute;tica como la econom&iacute;a no tienen un car&aacute;cter aut&oacute;nomo a la sociedad). La gesti&oacute;n pol&iacute;tica no transforma al capitalismo, como quieren los &ldquo;anarquistas&rdquo; que suelen conceder su apoyo cr&iacute;tico a los &ldquo;gobiernos revolucionarios&rdquo;, sino que lo renueva, lo recompone. Es por eso que todos los experimentos socialistas han fracasado -o van en camino a fracasar- y son reemplazados por un capitalismo voraz y febril que arrasa con poblaciones que est&aacute;n inermes frente a los nuevos explotadores: porque desde el Estado (el gestor pol&iacute;tico por excelencia) les han sido arrebatadas todas las formas de autogesti&oacute;n, autonom&iacute;a, capacidad de decisi&oacute;n sobre sus propios asuntos, adem&aacute;s del disciplinamiento y alienaci&oacute;n a los que han sido sometidos por d&eacute;cadas. Con otras palabras que las expresadas por Malatesta, por fuera del m&eacute;todo, aunque se triunfe moment&aacute;neamente, termina fortaleci&eacute;ndose el sistema.  <br><br> Otro precepto &eacute;tico anarquista fundamental es el valor de la solidaridad y el apoyo mutuo como gu&iacute;a de la acci&oacute;n, tem&aacute;tica que ha sido ampliamente desarrollada por Kropotkin en varias de sus obras. Aquello que es bueno (o no es da&ntilde;ino) para el conjunto social, es bueno para los individuos. Aquello que es bueno para el individuo y no perjudica al conjunto social, tambi&eacute;n es valorado &eacute;ticamente de forma positiva. <br><br> Al igual que las ideas-fuerzas que atraviesan a todo el cuerpo ideol&oacute;gico, consideramos que es imposible modificar estos preceptos &eacute;ticos sin alterar la esencia del anarquismo, despoj&aacute;ndolo de su contenido revolucionario y su potencial transformador. No es posible adherir a posturas que hagan prevalecer la eficacia, la especulaci&oacute;n, la eficiencia o el oportunismo maquiav&eacute;lico por sobre el comportamiento &eacute;tico libertario, sin caer a su vez en el colaboracionismo, la intriga pol&iacute;tica, el acceso a posiciones de poder y en &uacute;ltimo caso, el traspaso al bando reaccionario del enemigo. <br><br> Existen en cambio otras valoraciones &eacute;ticas que se relacionan m&aacute;s con las costumbres o la cultura de una &eacute;poca, y est&aacute;n mucho m&aacute;s propensas a modificaciones, ya que no son esenciales a la consistencia del edificio ideol&oacute;gico. Valoraciones acerca de la violencia como indeseable (pero como tambi&eacute;n necesaria), el consumo de alcohol o drogas, el vegetarianismo, el animalismo o el respeto por la naturaleza, no modifican necesariamente la esencia revolucionaria del anarquismo. En cambio, s&iacute; son esenciales valoraciones &eacute;ticas contra la discriminaci&oacute;n sexual, la sexualidad, el maltrato infantil, el racismo; preceptos cuya violaci&oacute;n implica, por lo menos, la negaci&oacute;n de los principios de igualdad y de solidaridad integral humana del anarquismo. Estas valoraciones tampoco deber&iacute;an ser modificadas.  <br><br> Es sin duda en los aspectos te&oacute;ricos donde habr&aacute; que impulsar las innovaciones m&aacute;s dr&aacute;sticas, y como consecuencia tambi&eacute;n habr&aacute; que hacerlo con las pr&aacute;cticas. Entendemos por teor&iacute;a un sistema coherente e interrelacionado de ideas (observaciones, supuestos, razonamientos y explicaciones) que constituyen un modelo (o un mapa) de la realidad (social, para nuestro caso). No nos referimos aqu&iacute; a teor&iacute;as cient&iacute;ficas (o con pretensi&oacute;n de serlo) sino a explicaciones coherentes que no desatiendan una base cient&iacute;fica o, por lo menos, que no sean anticient&iacute;ficas (o de tipo dogm&aacute;tico-religioso). Si la realidad evoluciona, es decir, si el capitalismo y el Estado han cambiado, sin duda las teor&iacute;as que los explican deber&aacute;n modificarse consecuentemente. El mundo no es una realidad est&aacute;tica, sino plena de dinamismo de la que no pueden dar cuenta los dogmatismos y los esquemas r&iacute;gidos. Un an&aacute;lisis basado en clases del siglo XIX deber&aacute; ser sustancialmente diferente de uno del siglo XXI, porque la relaci&oacute;n entre las clases sociales se ha modificado. Lo cual no quiere decir que una perspectiva desde la clase obrera haya perdido vigencia, sino que deber&iacute;a ser reformulada y enriquecida con otras perspectivas. El papel de la clase obrera como organizador epist&eacute;mico se ha restringido severamente y los sujetos sociales revolucionarios de la actualidad son variados y muchas veces ni siquiera conforman una clase.  <br><br> Nuevos an&aacute;lisis sobre el moderno rol del Estado, discusiones sobre concepciones como Poder -que el postmodernismo foucaultiano ha resignificado resbaladizamente-, replantear las contradicciones entre la Sociedad y el Estado, entre los explotados y los capitalistas, realizar an&aacute;lisis que den cuenta de las modificaciones estructurales y coyunturales del capital, entre otras propuestas, habr&aacute;n de ser ineludibles. Por ejemplo, sabemos que el papel del Estado liberal de 1880 ha sido muy diferente de aquel de mitad del siglo XX, y &eacute;stelo es del actual; o que un mundo bipolar requiere teorizaciones diferentes a las de un mundo globalizado y unipolar. Por supuesto que cualquier hip&oacute;tesis acerca del Estado deber&aacute; enfocarse hacia la explicaci&oacute;n y la comprensi&oacute;n de su papel como instrumento de dominaci&oacute;n (y explotaci&oacute;n) para poder lograr su extirpaci&oacute;n del cuerpo social. Porque el Estado no ha dejado de ser lo que siempre fue esencialmente: la negaci&oacute;n de la humanidad. Es decir, aunque suene reiterativo, creemos que es necesario innovar en aspectos te&oacute;ricos para potenciar al anarquismo; no para reducirlo a un ideal futuro residente en el remoto horizonte de las Utop&iacute;as y entonces permitirnos colaborar obscenamente con los poderosos.  <br><br> En los aspectos pr&aacute;cticos habr&aacute; tambi&eacute;n mucho que discutir y repensar, siempre dentro de un marco &eacute;tico anarquista. Debatir sobre cuales son las posibilidades revolucionarias del anarcosindicalismo en el presente4 o de los diversos movimientos populares, son cuestiones que ameritan un an&aacute;lisis, aunque estas discusiones ya se est&aacute;n dando enhorabuena. Teniendo presente que los aspectos pr&aacute;cticos de la ideolog&iacute;a se refieren principalmente a las formas de organizaci&oacute;n, a los m&eacute;todos de acci&oacute;n directa y a los mecanismos en la toma de decisiones, tem&aacute;ticascomo sobre las que reflexionan Daniel Barret y David Graeber habr&aacute;n de ser consideradas con la seriedad que merecen.  <br><br> Elaborar mecanismos de consenso, profundizar el car&aacute;cter prefigurativo, autogestionario y aut&oacute;nomo de las organizaciones; proponer nuevas formas de enfrentamiento para radicalizar la lucha sindical; replantear la necesidad de constituir sociedades de resistencia con finalidad anarquista; diversificar las formas de organizaci&oacute;n (consejos, ateneos, asambleas populares, asociaciones comunales, gremios y sociedades de resistencia de oficios varios); enriquecer las vinculaciones entre las agrupaciones anarquistas mediante mutualidades, redes y federaciones, basadas en acuerdos voluntarios y revocables, reuni&eacute;ndose no por compulsi&oacute;n o apelando a un desgastado llamamiento a la unidad, sino por inclinaciones y afinidades comunes. Estos son algunos de los temas que habremos de considerar el conjunto de los anarquistas.  <br><br>    <br><br> ***** <br><br> Quienes hayan llegado hasta aqu&iacute; habr&aacute;n notado que no hemos sugerido ninguna propuesta sino que hemos expresado la necesidad de considerar asuntos concretos como los propuestos por Barret y Graeber, que est&aacute;n lejos de ser considerados como cerrados. Muy por el contrario, si bien no concordamos completamente con las proposiciones de ambos, consideramos que es necesario ponerlas en la palestra, difundirlas y discutirlas por las diversas tendencias del movimiento anarquista. La puesta en pr&aacute;ctica de los proyectos y la realizaci&oacute;n de experiencias concretas, adem&aacute;s del debate fraterno y el entendimiento colectivo ser&aacute;n, en definitiva, el tamiz que apartar&aacute; la paja del trigo. Todo sea por dotar a la ideolog&iacute;a anarquista de armas para alcanzar la libertad. <br><br>    <br><br> Notas: <br><br>    <br><br> 1- Seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de Paul Baran, podemos distinguir entre redes distribuidas, descentralizadas y centralizadas, clasificaci&oacute;n casi coincidente con la de Albert Barabasi (redes aleatorias, clusterizadas y libres de escala). Cuando hablamos de organizarnos en redes es a las redes distribuidas y a las descentralizadas a las que nos estamos refiriendo. En las redes distribuidas predomina la reciprocidad entre los nodos (tienden a ser m&aacute;s sim&eacute;tricas), mientras que en las redes descentralizadas predomina la redistribuci&oacute;n (tienden a ser asim&eacute;tricas y constituir&iacute;an una red compuesta de redes m&aacute;s peque&ntilde;as). Las redes centralizadas o scale free networks, descubiertas y estudiadas por Barabasi recientemente, no tendr&iacute;an forma de implementaci&oacute;n en un modelo organizativo anarquista, al menos es lo que nos dice el sentido com&uacute;n. La mejor bibliograf&iacute;a sobre el tema indudablemente es Linked de Barabasi.  <br><br> 2- Sin sugerir tomarlos como ejemplos en absoluto, Al-Qaeda presenta una estructura de red, al igual que muchas organizaciones dedicadas al narcotr&aacute;fico; y no se puede decir que son inoperantes, ineficientes o f&aacute;ciles de desarticular, en rigor a la verdad. <br><br> 3- El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI; por David Graeber y Andrej Grubacic.  <br><br> 4- Cuando hablamos de replanteos sobre el anarcosindicalismo descartamos de plano cualquier tipo de colaboracionismo, como el que abraz&oacute; la CGT espa&ntilde;ola en nombre de un anarcosindicalismo espurio: subvenciones estatales, elecciones sindicales, dirigentes sindicales que dejan su puesto de trabajo y hacen pol&iacute;tica, reformismo, burocratismo, aceptaci&oacute;n de personal de seguridad en los sindicatos y todos los vicios del sindicalismo burgu&eacute;s-estatista que se ha apropiado de esta herramienta de lucha del proletariado. <br><br>    <br><br> Anexo: <br><br> Una b&uacute;squeda de nuevos modelos organizativos <br><br>    <br><br> Por Daniel Barret <br><br>    <br><br> &iquest;Qu&eacute; cosas son esas redes de las que tanto se habla de un tiempo a esta parte? Digamos, en primera instancia, que constituyen un in&eacute;dito modelo de relaciones que no s&oacute;lo se ha encargado de romper con las estructuras jer&aacute;rquicas y autoritarias sino que amenaza o promete tambi&eacute;n diluir al m&aacute;ximo los riesgos de burocratizaciones impremeditadas, de participaciones recortadas y de indeseables concentraciones informativas. De tal modo, puede concluirse r&aacute;pidamente y sin devanarse demasiado los sesos que un partido pol&iacute;tico pensado y construido para ejercer el gobierno, ahora o en cualquier momento, dif&iacute;cilmente pueda constituirse alguna vez en tanto red; por lo menos mientras no renuncie expresamente a esa inmanencia fundamental que lo vincula, interna y externamente, al ejercicio real o intuido del poder. Tampoco puede ser una red una instituci&oacute;n de ense&ntilde;anza concebida sobre la base de distribuciones asim&eacute;tricas y estratificadas del saber que se reputan como permanentes. Mucho menos a&uacute;n podr&iacute;a serlo una unidad productiva donde el derecho de decisi&oacute;n se funda en la propiedad accionaria o se delega a una &eacute;lite gerencial especializada ni tampoco un cuerpo armado cuya existencia reposa sobre los criterios de mando y obediencia, disciplina y verticalidad. Porque si algo instituyen las redes a punto de partida es la posibilidad efectiva y no mediatizada de realizar del modo que sea un cierto principio de igualdad comunicativa y de hacerlo en todas las direcciones que las fuentes emisoras de mensajes y de s&iacute;mbolos resuelvan explorar; sin que los mismos sean reputados a priori como verdades, como &oacute;rdenes o tan siquiera como presiones morales frente a las cuales abdicar. Las redes se despliegan en el espacio y en el tiempo -tantos espacios y tantos tiempos como se desee-, son una trama de puntos y de l&iacute;neas que se mueven en todos los sentidos concebibles, carecen de centros y apenas si admiten la formaci&oacute;n de ciertos nodos epis&oacute;dicamente densos y constitu&iacute;dos alrededor de afinidades e intensidades perfectamente reversibles y modificables. Seguramente no hemos encontrado la piedra filosofal y no se trata, por cierto, de glorificar las redes ni de volverlas excluyentes ni de atribuirles propiedades m&aacute;gicas que obviamente no poseen sino tan s&oacute;lo de aprovecharlas como recursos privilegiados de participaci&oacute;n y de evaporaci&oacute;n o imposibilidad de toda autoridad central. <br><br> Pero hemos hablado antes de redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables. &iquest;Qu&eacute; quiere decir exactamente esto? Las redes son proteiformes y pueden ser en algunas de sus densificaciones una asamblea, en otras una campa&ntilde;a, m&aacute;s ac&aacute; una concentraci&oacute;n urbana y en ciertas partes tambi&eacute;n una federaci&oacute;n; simult&aacute;nea y\/o sucesivamente y luego de la aceptaci&oacute;n indudable de que las transgresiones y las rupturas, al igual que la vida misma, renuncian al aliento de lo inmutable y de lo eterno. Las redes admiten y hacen posible que individuos y grupos puedan estar en m&aacute;s de un &ldquo;lugar&rdquo; a la vez, echar s&oacute;lidas ra&iacute;ces en el terreno, engrosando el espesor de v&iacute;nculos localizados, y al mismo tiempo conectarse, a trav&eacute;s de sus identidades comunes o sus tem&aacute;ticas preferidas, con sus iguales del ancho mundo. Las redes son modulares y pueden adaptarse con mayor rapidez y flexibilidad que cualquier otra estructura a casi toda exigencia circunstancial. Dadas estas caracter&iacute;sticas, las redes tienden a carecer de controles internos, de vetos, de censuras, de selecciones normalizadoras y de interrupciones circulatorias al tiempo que sus mallas experimentan un rechazo al&eacute;rgico por las coordinaciones que r&aacute;pidamente se vuelven vitalicias, por los productores monop&oacute;licos de ideolog&iacute;as y consignas, por los administradores de bendiciones y anatemas, por los caudillos o por los centros de gravedad que prestamente se sirven de la concentraci&oacute;n informativa de que hayan conseguido proveerse. Como ya lo hemos insinuado, las redes rompen tambi&eacute;n con las formas tradicionales de manejo del espacio y del tiempo y, as&iacute;, ponen en cuesti&oacute;n y en estado de impugnaci&oacute;n inmediata las estrategias de dominaci&oacute;n que s&oacute;lo saben operar luego de haber institu&iacute;do una disposici&oacute;n convencional de los mismos. La conspiraci&oacute;n de clarividentes auto-proclamados como tales ya lo sabe: las primeras manifestaciones de rechazo al nuevo &ldquo;orden mundial&rdquo;, las primeras repulsas y los primeros frenos no fueron mandatos emanados de ning&uacute;n Comit&eacute; Central sino una circulaci&oacute;n de sentidos, de informaciones y de ideas -a la vez silenciosos y estridentes- a trav&eacute;s de las anastomosis capilares de este nuevo tejido subversivo; un tejido sin personer&iacute;a jur&iacute;dica, sin gerenciamiento t&eacute;cnico especializado y sin derechos de autor; un tejido que es vocacionalmente ilegal y clandestino y que, toda vez que consiga constituirse a s&iacute; mismo seg&uacute;n estas pautas, habr&aacute; conseguido ganar su primera batalla de contra-poder. <br><br>    <br><br> Un nuevo modelo organizativo, entonces, asentado en redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables; en una proyecci&oacute;n que se reclama a s&iacute; misma, simult&aacute;neamente, tanto en los planos locales como en los internacionales y en su imbricaci&oacute;n con los movimientos sociales y sus luchas. Un modelo, adem&aacute;s, que tanto por su forma como por sus menesteres se reclama como garant&iacute;a -quiz&aacute;s la &uacute;nica garant&iacute;a- de unidad del movimiento y no necesita de ni se enriquece con vanguardias internas ni centros iluminados ni columnas vertebrales. Si &eacute;sta es una de las condiciones que nos impone nuestra presente historicidad -como creemos que efectivamente lo es- habr&aacute; que decir, entonces, enf&aacute;ticamente, que los modelos de organizaci&oacute;n y acci&oacute;n propios del anarquismo cl&aacute;sico y del anarquismo de transici&oacute;n ya no se ajustan enteramente a las demandas de nuestro tiempo y ya no pueden aspirar razonablemente a expresar esa exuberante fauna de movimientos sociales y de luchas ni cuentan con el grado de &ldquo;globalizaci&oacute;n&rdquo; requerida ni pueden funcionar estrictamente en tanto redes. Esto es as&iacute; en la misma medida que uno y otro fueron elaboraciones y respuestas apropiadas a escenarios hist&oacute;ricamente concretos y a problem&aacute;ticas que ya no se presentan bajo la misma forma sino que han sido objeto de alguna que otra modificaci&oacute;n sustancial. Por lo pronto, parece evidente que, a diferencia de lo que ocurri&oacute; en otros per&iacute;odos, ninguna federaci&oacute;n sindical y ninguna federaci&oacute;n espec&iacute;fica en los sentidos tradicionales de estos t&eacute;rminos puede siquiera, al d&iacute;a de hoy, aproximarse con fuerza y virtualidades de incidencia a ese tropel de identidades y ebulliciones en movimiento; as&iacute; como tampoco puede resumir y conjuntar en ning&uacute;n pa&iacute;s ni tan s&oacute;lo a la mayor&iacute;a de la militancia que expresamente se siente formando parte de una corriente cualquiera de pensamientos y pr&aacute;cticas anarquistas. La conclusi&oacute;n provisoria que es posible extraer ahora mismo cae por su propio peso y es que la fusi&oacute;n completa del movimiento anarquista con las luchas sociales de un lugar dado y en nuestro contexto espec&iacute;fico de historicidad s&oacute;lo es procesable a trav&eacute;s de formas in&eacute;ditas de organizaci&oacute;n y acci&oacute;n que se correspondan firmemente con tales cosas; formas que tal vez representen un cierto giro copernicano en nuestra trayectoria y que todav&iacute;a no nos hemos sabido dar. Flagrante perogrullada quiz&aacute;s, pero tambi&eacute;n constataci&oacute;n removedora y quiz&aacute;s irritante, que choca contra costumbres bien asentadas a las que seguramente no es f&aacute;cil desterrar con meros chispazos de inspiraci&oacute;n y buena voluntad. <br><br> Que el anarco-sindicalismo ya no se corresponde con estas nuevas exigencias es una conclusi&oacute;n de por s&iacute; evidente, en tanto el mismo se concibe organizativamente como una respuesta centrada fundamental, si no exclusivamente, en torno a los problemas de explotaci&oacute;n y dominaci&oacute;n del trabajo. Las federaciones espec&iacute;ficas, mientras tanto, presentan un grado de aproximaci&oacute;n mayor con el modelo pero, aun as&iacute;, no dan enteramente la nota. Por lo pronto, las mismas prev&eacute;n modalidades de circulaci&oacute;n que no son estrictamente reticulares sino que, seg&uacute;n las expresiones cl&aacute;sicas, se dirigen de abajo hacia arriba o de la periferia al centro y no seg&uacute;n un trazado multidimensional y &ldquo;ca&oacute;tico&rdquo;. A su vez, muchas de las identidades y tem&aacute;ticas que act&uacute;an como configuradoras de numerosos movimientos sociales no son inclu&iacute;das como un momento te&oacute;ricamente relevante y relativamente &ldquo;aut&oacute;nomo&rdquo; de elaboraci&oacute;n sino que normalmente han sido reconocidas como &ldquo;frentes&rdquo; o como comisiones de trabajo. Ni qu&eacute; hablar, adem&aacute;s, de las dificultades que esas limitaciones presentan cuando se pretende trasladarlas sin soluciones locales de base al plano internacional; lo cual habitualmente no las resuelve sino que las amplifica. Quiz&aacute;s todo esto no sea percibido m&aacute;s que como una intuici&oacute;n, una sospecha o una vaga sensaci&oacute;n de malestar y de inconformismo con los logros reales de las organizaciones anarquistas cl&aacute;sicas; quiz&aacute;s, tambi&eacute;n, se intente contradecir o contrarrestar estas conclusiones con el inventario de siembras y cosechas parciales que sin duda habr&aacute; que acreditarles. Sin embargo, para nosotros, hace rato que ha llegado el momento de ir m&aacute;s all&aacute; todav&iacute;a; hace rato que est&aacute; planteada la apropiaci&oacute;n plena de nuestro tiempo y la necesidad de explicar las crisis que hemos vivido en el pasado y de conjurar en&eacute;rgicamente las que con toda probabilidad se nos presentar&aacute;n en el futuro; hace rato que ha llegado el momento de un anarquismo post-cl&aacute;sico, que ahora mismo habr&aacute; que reconocer y fundar. <br><br>    <br><br> * Nos hemos concentrado aqu&iacute; en las federaciones espec&iacute;ficas de cu&ntilde;o cl&aacute;sico, malatestiano o, como tambi&eacute;n se las ha denominado, &ldquo;de s&iacute;ntesis&rdquo;. Si pasamos por alto la consideraci&oacute;n de las federaciones de estilo &ldquo;plataformista&rdquo; es precisamente porque las dificultades de asimilaci&oacute;n del modelo reticular son todav&iacute;a mayores en este caso, donde la exigencia de &ldquo;unidad t&aacute;ctica&rdquo; act&uacute;a como l&iacute;mite casi natural a su adopci&oacute;n cabal. De todos modos, vale la pena insistir, por &uacute;ltima vez, que nada de esto supone extender una partida de defunci&oacute;n a los modelos anarco-sindicalista y especificista -este &uacute;ltimo, en cualquiera de sus dos grandes variantes-, sino que los considera y subsume como territorios nodales y de mayor espesura en el contexto de las redes. <br><br>    <br><br> (Extractado de Los Sediciosos despertares de la Anarqu&iacute;a) <br><br>   Puedes solicitar Libertad en formato pdf a nuestra direcci&oacute;n de correo electr&oacute;<a href=\"mailto:nico.periodico_libertad@yahoo.com.ar\" rel=\"nofollow\">nico.periodico_libertad@yahoo.com.ar<\/a> y publicaci&oacute;<a href=\"mailto:n_libertad@yahoo.com.ar\" rel=\"nofollow\">n_libertad@yahoo.com.ar<\/a>  <br>  <br> <\/p>\n","contact":"periodico_libertad@yahoo.com.ar","link":"www.geocities.grupo_libertad.com","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/plain","summary":"Quiz\u00e1s las controversias mayores entre los anarquistas tengan lugar al momento de considerar qu\u00e9 y cu\u00e1nto es lo que hay que modificar y en qu\u00e9 punto los cambios deber\u00e1n detenerse ","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/","filesize":null,"article_url":"\/news\/2007\/09\/207080.php"},"attachments":[],"comments":[]}