{"article":{"id":178590,"heading":"Relato de la nueva gran batalla de Fidel","author":"Heileen Mart\u00ednez","created":"2006-09-15 18:12:51","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>Castro y Bonasso compartieron 90 minutos. El diputado argentino le regal&oacute; un ordenador de viaje. <br><br>  <br>  <br> Por Miguel Bonasso <br>  <br> Desde La Habana <br>  <br> Me hab&iacute;a preparado para verlo, pero la realidad fue mucho m&aacute;s fuerte. Incluso le llevaba de regalo un ordenador de viaje. Es decir una suerte de cartuchera de cuero argentino, que en su interior tiene espacios predeterminados para papeles, tarjetas, pasaje, pasaporte, anotaciones varias, todo lo que necesita un viajero. S&eacute; muy bien que Fidel Castro no lleva tarjetas de cr&eacute;dito ni dinero en sus traves&iacute;as por el mundo, pero el modesto presente encerraba un mensaje subliminal: &ldquo;Espero que pronto est&eacute; bien para volver a viajar&rdquo;. <br>  <br> Pero una cosa es lo que uno imagina, teme, desea, y otra bien distinta el hecho en s&iacute;. De pronto el llamado telef&oacute;nico: &ldquo;Est&eacute; a tal hora en tal lado&rdquo;. Y nada m&aacute;s. Pod&iacute;a ser que lo viera personalmente o pod&iacute;a ser que me encontrara con algunos de sus hombres de confianza en una reuni&oacute;n preparatoria. No pod&iacute;a creer en mi buena suerte: era el primer invitado a la Cumbre del Movimiento de los No Alineados que ten&iacute;a el privilegio de ver al Comandante en su recuperaci&oacute;n, como ya lo hab&iacute;an visto antes de la Cumbre Hugo Ch&aacute;vez y Evo Morales. <br>  <br> Estaba tan aturdido que olvid&eacute; hasta una elemental libreta de notas por si ten&iacute;a la suerte suplementaria de que me hiciera una declaraci&oacute;n. <br>  <br> Pero al llegar a la cita supe que lo ver&iacute;a. Con sus colaboradores m&aacute;s cercanos recorr&iacute; el pasillo como en un travelling cinematogr&aacute;fico donde el visitante ve intensificarse la realidad a medida que avanza: al comienzo los hombres de su custodia vestidos de verde oliva, luego su m&eacute;dico personal siempre derrochando bonhom&iacute;a, al final del largo corredor un tr&iacute;o compuesto por dos mujeres y un hombre alto, los tres de guardapolvo blanco. &iquest;M&eacute;dicos, enfermeros? Por fin una se&ntilde;ora muy amable que me introdujo en la habitaci&oacute;n. Un cuarto austero, blanco, totalmente despojado de adornos. Fidel, que estaba sentado en una cama, con una mesa blanca y m&oacute;vil por delante, se puso de pie para darme un abrazo. <br>  <br> Vest&iacute;a una bata color vino y un pijama haciendo juego y, por suerte, era el Fidel de siempre. M&aacute;s delgado, es verdad, pero no tanto como lo hab&iacute;an mostrado unas fotos recientes. <br>  <br> &ldquo;Perd&iacute; cuarenta y un libras &ndash;me record&oacute;&ndash;, pero estoy recuperando peso. Ya casi la mitad de lo que perd&iacute;.&rdquo; <br>  <br> Muchos kilos para quien ya parec&iacute;a un hidalgo espa&ntilde;ol de prosapia cervantina y ostenta ahora un perfil quijotesco. <br>  <br> Nos sentamos para charlar. Eran las once y media de la ma&ntilde;ana habanera de ayer y afuera reverberaba la can&iacute;cula. El nudo que yo tra&iacute;a en la garganta se afloj&oacute; de golpe: puede sonar incre&iacute;ble, pero Fidel estaba tan l&uacute;cido y filoso como siempre. El mismo tono confidencial de conspirador que el oyente debe desentra&ntilde;ar, las mismas se&ntilde;as misteriosas o las acentuaciones gestuales de alg&uacute;n hallazgo verbal, alguna orden a sus colaboradores en voz bien alta, para demostrar que puede regresar a la oratoria en cualquier momento. <br>  <br> &ldquo;Ves&rdquo;, subray&oacute;. &ldquo;Puedo hablar en voz bien alta si quiero.&rdquo; <br>  <br> Pas&oacute; un rato largo antes de que me hiciera la confesi&oacute;n que carga de peso existencial esta nota. Arranc&oacute; como siempre, apasionado por los hechos colectivos, pol&iacute;ticos, poniendo lo personal en un tercer o cuarto plano de sombra. Estaba entusiasmado con el hecho de que Venezuela gane la batalla para ocupar un sitial en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. &ldquo;Genio y figura&rdquo;, pens&eacute;. El tr&aacute;nsito por la enfermedad y la presencia cierta de la muerte no han disminuido un &aacute;pice la intensidad de sus sue&ntilde;os y obsesiones. <br>  <br> &ldquo;No van a poder bloquear el ingreso&rdquo;, asegur&oacute;. Y subray&oacute; que su gran amigo Hugo Ch&aacute;vez Fr&iacute;as se ha convertido en un l&iacute;der mundial. &ldquo;Ch&aacute;vez ha ido creando un modelo indestructible. No es portador de un socialismo extremo, sino realista. Indiscutiblemente va a tener &eacute;xito en crear un gran partido que re&uacute;na y represente a todos los revolucionarios venezolanos. Los diversos partidos que lo apoyaban han respondido bien a su convocatoria para lograr la unidad. Adem&aacute;s &ndash;agreg&oacute;&ndash; ha prometido realizar todos los cambios democr&aacute;ticamente, consultando al pueblo. No es extremista. Ha prometido cooperar con las capas medias y el respeto y la colaboraci&oacute;n con las empresas privadas que acaten los principios de la revoluci&oacute;n. Adem&aacute;s ha desarrollado programas sociales que no tienen paralelo en el mundo y que lo convierten en un l&iacute;der imbatible. Pienso que un pueblo tan saqueado como el venezolano merece este cambio. Y veo con alegr&iacute;a el impulso hacia la integraci&oacute;n de Am&eacute;rica latina, en la que Venezuela ser&aacute; un ejemplo de lo que se puede hacer cuando un pa&iacute;s pone sus recursos al servicio del pueblo. Ch&aacute;vez no s&oacute;lo usa bien esos recursos sino que los multiplica con medidas fiscales que antes no se tomaban.&rdquo; <br>  <br> Despu&eacute;s abord&oacute; el tema de la &ldquo;Operaci&oacute;n Milagro&rdquo;, uno de los programas de salud que m&aacute;s lo apasiona. Y lo hizo con la misma intensidad de siempre. Como si no hubiera pasado por el filo de la navaja dejando en terrible suspenso a millones de personas. Record&oacute; que en apenas dos a&ntilde;os, unos 400 mil latinoamericanos hab&iacute;an sido operados de cataratas, pterigium y otras enfermedades de la vista con la nueva t&eacute;cnica oftalmol&oacute;gica desarrollada por los m&eacute;dicos cubanos. Y que todas esas operaciones, muchas de las cuales se hab&iacute;an llevado a cabo en Cuba, hab&iacute;an sido gratuitas, en beneficio de los latinoamericanos m&aacute;s pobres. <br>  <br> Al rato Fidel me ofreci&oacute; m&aacute;s caf&eacute;, mientras nos sacaban un mont&oacute;n de fotos. Con su sempiterno entusiasmo, me coment&oacute; admirado: &ldquo;Son incre&iacute;bles estas c&aacute;maras digitales&rdquo;. <br>  <br> Nos &iacute;bamos acercando a la confesi&oacute;n. Sobre la mesa hab&iacute;a un libro voluminoso. La portada sobria, bien realizada, anunciaba Cien horas con Fidel. Y abajo: &ldquo;Conversaciones con Ignacio Ramonet. Segunda edici&oacute;n. Revisada y enriquecida con nuevos datos&rdquo;. <br>  <br> Algunos meses antes hab&iacute;a visto con inocultable envidia la primera edici&oacute;n de esa megaentrevista en la que el l&iacute;der cubano pasa revista a su vida y a la historia mundial que lo destaca como uno de sus principales protagonistas. En junio &uacute;ltimo, el Comandante me hab&iacute;a mostrado sus correcciones manuscritas a las respuestas de la primera edici&oacute;n. Las preguntas de Ramonet, obviamente, hab&iacute;an sido respetadas por el entrevistado. A fines de julio, cuando volv&iacute; a verlo en C&oacute;rdoba, viajaba acompa&ntilde;ado por las pruebas de p&aacute;gina, en pleno proceso de revisi&oacute;n y aumento. Pero nunca hubiera imaginado lo que ocurri&oacute; tras la operaci&oacute;n del 27 de julio. <br>  <br> &ldquo;Lo segu&iacute; corrigiendo en los peores momentos &ndash;musit&oacute;&ndash;. No par&eacute; de corregirlo. No creas que lo hice cuando mejor&eacute;. Desde los primeros d&iacute;as. Y lo hice no s&oacute;lo por su contenido sino porque le hab&iacute;a prometido al pueblo que lo revisar&iacute;a antes de publicarlo. As&iacute; que pas&eacute; muchas horas dict&aacute;ndole a Carlitos (Valenciaga, su secretario). Muchas horas.&rdquo; <br>  <br> Entonces me mir&oacute;, con los ojos muy abiertos y esa expresi&oacute;n como de asombro que le redondea la boca cuando tira un dardo decisivo, para aclarar en un tono profundo, pero despojado de &eacute;nfasis y dramatismo: <br>  <br> &ldquo;Quer&iacute;a terminarlo porque no sab&iacute;a de qu&eacute; tiempo dispondr&iacute;a&rdquo;. <br>  <br> La sombra del gran l&iacute;mite, de la imposibilidad de toda posibilidad, anidaba todav&iacute;a en el fondo de la mirada como un fondo de caf&eacute;. Coment&eacute;: <br>  <br> &ldquo;Otra gran batalla&rdquo;. <br>  <br> Asinti&oacute; en silencio y agreg&oacute;: <br>  <br> &ldquo;Estas cosas te las cuento como amigo y escritor&rdquo;. <br>  <br> Despu&eacute;s se excus&oacute; de no poder regalarme el libro por razones protocolares, hasta entregar una copia a los jefes de Estado que concurren a la reuni&oacute;n del Movimiento de No Alineados. A nuestro lado, el infatigable Carlitos Valenciaga &ndash;el joven colaborador que ley&oacute; la hist&oacute;rica proclama sobre el traspaso de poderes&ndash; ponderaba algunas incorporaciones a esta nueva edici&oacute;n aumentada: <br>  <br> &ldquo;Hay cartas in&eacute;ditas a Sadam Hussein recomend&aacute;ndole que se retire de Kuwait. Las cartas a Nikita Kruschev contextualizadas&rdquo;. <br>  <br> Sobre la mesa blanca hab&iacute;a tambi&eacute;n un folleto reproduciendo la portada del libro con la siguiente leyenda: &ldquo;Cap&iacute;tulo 24 - Los sucesos de abril de 2002 y otros temas de Am&eacute;rica latina&rdquo;. <br>  <br> &ldquo;Est&aacute; traducido a nueve idiomas&rdquo;, aclar&oacute; Valenciaga. Ped&iacute; uno para reproducirlo como anticipo en P&aacute;gina\/12, despu&eacute;s que se le entregara a los jefes de Estado. En particular a dos amigos fieles que el Comandante aguarda con impaciencia: Ch&aacute;vez y Evo Morales. En ese cap&iacute;tulo 24, adem&aacute;s de las intimidades del fallido golpe contra Ch&aacute;vez, el lector encontrar&aacute; interesantes reflexiones sobre los militares nacionalistas y progresistas de Am&eacute;rica latina, como Omar Torrijos, Juan Velasco Alvarado o el propio Juan Domingo Per&oacute;n. Y referencias agudas a la derrota de Carlos Menem y el triunfo de N&eacute;stor Kirchner en 2003. <br>  <br> Se acercaba el momento de la despedida. La charla se hab&iacute;a prolongado durante hora y media. Fidel se&ntilde;al&oacute; el modesto televisor que ten&iacute;a frente a la cama (nada de plasma ni equipo estereof&oacute;nico) y coment&oacute;: <br>  <br> &ldquo;La tele est&aacute; cada vez m&aacute;s violenta. Todo es de una violencia extrema. Todo es publicidad y violencia. Desde las ficciones hasta los noticieros internacionales&rdquo;. <br>  <br> Le dije, con total sinceridad, que me iba muy contento de verlo tan bien. <br>  <br> &ldquo;Todo en su justo medio&rdquo;, advirti&oacute;, mientras me daba un apret&oacute;n de manos. &ldquo;No hay que olvidar que la m&aacute;quina a reparar ya tiene ochenta a&ntilde;os.&rdquo; <br><br>  <br>  <br> <\/p>\n","contact":"heileen2651@yahoo.es","link":"http:\/\/cubamundo.blogspot.com","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"image\/jpeg","summary":"El l\u00edder cubano mostr\u00f3 c\u00f3mo evoluciona su recuperaci\u00f3n en el encuentro con el diputado argentino. Tambi\u00e9n elogi\u00f3 a Hugo Ch\u00e1vez por su lucha para ingresar al Consejo Permanente de la ONU y por aliarse a sectores medios para \u201chacer los cambios democr\u00e1ticamente\u201d y mostr\u00f3 su preocupaci\u00f3n por terminar de editar sus memorias en vida.","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/2006\/09\/fidel_y_bonasso.jpg","filesize":"9.0 kibibytes","article_url":"\/news\/2006\/09\/178590.php","image":{"original":"\/uploads\/2006\/09\/fidel_y_bonasso.jpg","small":"\/uploads\/2006\/09\/fidel_y_bonasso.jpgthumb.jpg"}},"attachments":[],"comments":[]}