{"article":{"id":140458,"heading":"De calles vac\u00edas, gatos y ni\u00f1os","author":"Andr\u00e9s Devesa","created":"2005-12-03 14:34:27","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>Su peque&ntilde;o y rollizo cuerpo yac&iacute;a destripado junto a una alcantarilla, en el bordillo de la acera. El olor a descomposici&oacute;n ya advert&iacute;a de su presencia antes de que pudieses llegar a verlo. Era una masa gris&aacute;cea, un peluche sucio y roto, pero ese olor indicaba que no era un juguete o, si lo fue, hac&iacute;a ya tiempo que dej&oacute; de serlo. Tal vez se cansaron de &eacute;l y acab&oacute; vagando por las calles, abandonado. Pero esto es poco probable. Lo m&aacute;s seguro es que naciese y viviese siempre en las calles. En calles como &eacute;sa, desierta, g&eacute;lida, extra&ntilde;a. Corriendo entre los coches; coches como el que acab&oacute; aplast&aacute;ndole. <br><br> Nunca se vieron muchos por este barrio. O, si los hubo, yo no los recuerdo. En mi ni&ntilde;ez, en las impresiones que me quedan de esos tiempos de juego en la calle &ndash;balones, carreras, gamberradas, peleas, risas y llantos-, no aparecen demasiados gatos. Esa fauna urbana, esos esquivos habitantes del barrio, eran extra&ntilde;os hace unos a&ntilde;os, pr&aacute;cticamente no exist&iacute;an y vislumbrar alguno era motivo de juego, de trastada -a menudo cruel como los son los ni&ntilde;os y m&aacute;s con aquello que sienten como novedad, como extra&ntilde;o a su mundo cerrado-. No hay gatos en los recuerdos de esa infancia -ni triste ni alegre, con buenos y malos momentos- y ello a pesar de que mi ni&ntilde;ez transcurri&oacute; por entero en las calles, en esas calles donde ahora aparecen los gatos. <br><br> Desde hace unos a&ntilde;os, al tiempo que la ni&ntilde;ez se volv&iacute;a para m&iacute; un recuerdo cada vez m&aacute;s lejano, un a&ntilde;orable &ndash;mas no a&ntilde;orado- pasado, las calles del que fuera mi barrio se han ido poblando de gatos. Y junto a ese fen&oacute;meno he ido constatando como otros habitantes iban desapareciendo lentamente de las calles del barrio, desaparecidos, como si la tierra se los hubiera tragado. Ya no hay ni&ntilde;os que jueguen en mi barrio. Pr&aacute;cticamente no se oyen sus risas, sus ri&ntilde;as, sus gritos, sus juegos&hellip; &iquest;D&oacute;nde se esconden? La calle ya no pertenece a los ni&ntilde;os, y no es que nos perteneciese cuando yo era un mico de 6, 9 o 12 a&ntilde;os, pero al menos actu&aacute;bamos como si lo fuese. La calle les ha sido enajenada a los ni&ntilde;os, se la robaron y con ella los sue&ntilde;os. &iquest;Y a cambio de qu&eacute;? A cambio han recibido un suced&aacute;neo virtual que no vale absolutamente nada, que tan s&oacute;lo revela la pobreza de esp&iacute;ritu de este mundo cada d&iacute;a m&aacute;s abyecto, pues nada hay m&aacute;s abyecto robarle la infancia a un ni&ntilde;o. Les han robado la ni&ntilde;ez y les han expulsado a sus casas, a la c&oacute;moda, segura y vac&iacute;a existencia moderna, encerrados entre cuatro paredes delante de una pantalla que parpadea. Ya no son ni&ntilde;os, son m&aacute;quinas y aprenden a serlo. <br><br> Los gatos ocupan el vac&iacute;o que han dejado en la calle los ni&ntilde;os. Tristes, melanc&oacute;licos, silenciosos. Ya no hay risas y gritos que les asusten, pueden vagar por las calles sin miedo a sus travesuras. Pero tampoco es suya la calle, tratan de llenar, en vano, ese vac&iacute;o, pero saben que, en cualquier esquina, el verdadero amo de la ciudad puede golpear y sus peque&ntilde;os y rechonchos cuerpos acabar&aacute;n aplastados contra el fr&iacute;o y gris asfalto. Tan s&oacute;lo un ruido extra&ntilde;o y unas gotas de sangre en el salpicadero har&aacute;n saber al conductor que aquel bache no era tal, sino un pedazo de vida, otro pedazo de vida m&aacute;s de la ciudad aplastado bajo las ruedas del inexorable progreso. Tal vez le acometa una sensaci&oacute;n de tristeza, de indecible nostalgia, que va m&aacute;s all&aacute; de la provocada por la muerte del peque&ntilde;o felino. Es la pena de ver pudrirse la vida, de ver languidecer lo que fueron sus sue&ntilde;os. Pero esa sensaci&oacute;n desaparecer&aacute; tan pronto como al abrir la puerta vea la sonrisa de alegr&iacute;a del peque&ntilde;o de la casa al ense&ntilde;arle la sorpresa, el &uacute;ltimo videojuego, reci&eacute;n salido al mercado. &iexcl;Qu&eacute; hermoso contemplar su felicidad! Pero que felicidad m&aacute;s horrible que condena a una vida vac&iacute;a de sentido. Decidme, &iquest;record&aacute;is las horas pasadas jugando en las calles?, entonces, &iquest;qu&eacute; os ha pasado?, &iquest;qu&eacute; hab&eacute;is hecho de vuestras vidas?, &iquest;por qu&eacute; les hac&eacute;is esto a vuestros hijos?<\/p>\n","contact":"andresdevesa@gmail.com","link":"http:\/\/fcuatrocincouno.blogspot.com\/","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"image\/jpeg","summary":"De c\u00f3mo le ha sido enajenada la calle a los ni\u00f1os","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/2005\/12\/columpio.jpg","filesize":"37.0 kibibytes","article_url":"\/news\/2005\/12\/140458.php","image":{"original":"\/uploads\/2005\/12\/columpio.jpg","small":"\/uploads\/2005\/12\/columpio.jpgthumb.jpg"}},"attachments":[],"comments":[]}