{"article":{"id":137977,"heading":"La tarea del pensamiento","author":"Andr\u00e9s Devesa","created":"2005-10-27 06:02:27","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>La preocupaci&oacute;n por el descenso &ndash;tal vez deber&iacute;amos decir declive- de la lectura entre los j&oacute;venes &ndash;y los no tan j&oacute;venes- es un tema que se haya muy presente en los mass media y en despachos de los altos funcionarios de la educaci&oacute;n. Son habituales tanto los art&iacute;culos y reportajes por un lado, como los informes, estad&iacute;sticas y &ldquo;planes de fomento de la lectura&rdquo; por el otro, en los que se trata este tema. No es s&oacute;lo que pr&aacute;cticamente no se lea, es que nuestros escolares son incapaces de comprender lo que leen, no hablemos ya de la capacidad de realizar una lectura cr&iacute;tica. <br><br> En relaci&oacute;n con este tema, hace unos d&iacute;as apareci&oacute; un art&iacute;culo de Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s en el que relataba como un amigo suyo le hab&iacute;a pedido consejo, angustiado porque su hijo &iexcl;prefer&iacute;a leer a Flaubert antes que salir a tomar cervezas con los amigos! Mill&aacute;s acepta la petici&oacute;n de su amigo para hablar con el chaval, pero, lejos de amonestarle por su rareza, se decide a ayudarle a leer a Virgilio de forma clandestina[1]. Se non &egrave; vero, &egrave; ben trovato. Relato ver&iacute;dico o ficci&oacute;n, lo cierto es que Mill&aacute;s pone el dedo en la llaga, aunque, temeroso quiz&aacute;s de ahondar demasiado en la herida, lo retira r&aacute;pidamente, no fuese a llegar a conclusiones demasiado inquietantes. <br><br> Desgraciadamente, el problema de la falta de lectura no es un fen&oacute;meno aislable que pueda ser solucionado con reformas educativas o con &ldquo;planes de fomento de la lectura&rdquo;. Estamos ante un reflejo de la irracionalidad del mundo en el que vivimos, algo que los bur&oacute;cratas, pedagogos y dem&aacute;s t&eacute;cnicos y especialistas no pueden o no quieren entender. De lo que hablamos es de la totalidad de nuestra forma de vida y no de un aspecto u otro de las estrategias culturales y educativas; no se trata de ning&uacute;n conflicto entre high culture y low culture, no es una cuesti&oacute;n de kitsch, ni de subculturas, ni de rebeli&oacute;n juvenil, ni de la inoperatividad &ndash;por otra parte evidente- del sistema educativo. Se trata de algo mucho m&aacute;s profundo, porque lo que est&aacute; en juego es la Cultura, es nuestra relaci&oacute;n con el mundo que vivimos, es nuestra capacidad para (re)presentarnos la realidad y, en &uacute;ltima instancia, nuestra capacidad para poder ser libres. <br><br> Que vivimos en la cultura de la imagen es algo de sobra conocido. Pero entender qu&eacute; significa esto ya es otra cuesti&oacute;n. Nuestra relaci&oacute;n con el mundo se lleva a cabo fundamentalmente a trav&eacute;s de im&aacute;genes: televisi&oacute;n, videojuegos, internet, cine, anuncios, etc. &iquest;C&oacute;mo no vamos a estar mediatizados por ellas?[2] La imagen est&aacute; siempre presente en nuestras vidas y, para un n&uacute;mero cada vez mayor de personas, toda la comprensi&oacute;n del mundo se realiza a trav&eacute;s de esas im&aacute;genes. Este fen&oacute;meno no es en ning&uacute;n modo neutral, puesto que la imagen implica pasividad, que es uno de los grandes males de nuestra &eacute;poca; no somos ni mejores ni peores que las generaciones que nos precedieron, simplemente se ha instalado entre nosotros y la realidad que vivimos una separaci&oacute;n, un muro que es muy dif&iacute;cil saltar. <br><br> Esa pasividad supone un adormecimiento del pensamiento. La imagen nos presenta una realidad ya digerida, lista para consumir, por lo que el pensamiento &ndash;el lenguaje hablado o escrito- es sustituido por la imagen &ndash;la vista- como criterio b&aacute;sico de nuestra relaci&oacute;n con la realidad[3]. Esto provoca un empobrecimiento de nuestra capacidad intelectual, ya que si no se ejercita el pensamiento, si no lo ponemos a trabajar, tampoco se desarrolla, languidece pl&aacute;cidamente en un estado de embotamiento intelectual en el que quedamos reducidos a zombies sumisos listos para ser programados por la pantalla. Donde domina la mercanc&iacute;a, la productividad es el &uacute;nico criterio v&aacute;lido y, por tanto, quien marca las pautas. El tiempo es oro y no podemos perderlo pensando por nosotros mismos, necesitamos acumular datos que nos puedan ser &uacute;tiles y eso lo logramos por medio de la imagen, cuya inmediatez y falta de consciencia s&oacute;lo conduce a la pauperizaci&oacute;n del pensamiento. Atrapados en una sociedad en la que lo cuantitativo prima sobre lo cualitativo y lo ilusorio &ndash;espectacular- sobre lo real, nos dejamos enga&ntilde;ar por lo real aparente y aceptamos el principio de la inmediatez, la saturaci&oacute;n de lo imaginario y la especializaci&oacute;n de la experiencia y del conocimiento. Pero estamos jugando con fuego, nos resignamos a ser siempre esclavos. Estamos vendiendo nuestra capacidad como seres humanos para pensar y desarrollarnos por nosotros mismos a cambio de bagatelas, a cambio de m&aacute;s ocio, de m&aacute;s mercanc&iacute;as, de m&aacute;s consumismo embrutecedor, por tanto de menos libertad, de m&aacute;s mediaci&oacute;n y de m&aacute;s separaci&oacute;n de lo natural y lo social. Un mal negocio. <br><br> Lamentar que las nuevas generaciones no conozcan los grandes cl&aacute;sicos de la literatura universal, que pr&aacute;cticamente no lean o que no puedan realizar correctamente un ejercicio de comprensi&oacute;n lectora[4] es un gran ejercicio de cinismo o una demostraci&oacute;n de profunda ignorancia. &iquest;C&oacute;mo se les puede exigir que piensen si desde ni&ntilde;os han mamado de las ubres de la sociedad del consumo, si no han conocido otra cosa que el reino de lo banal, de lo ef&iacute;mero, de lo espectacular? Todo es imagen en nuestras vidas, velocidad medida en bytes, y en este mundo ya no ha lugar para la reflexi&oacute;n, para la lectura paciente y cr&iacute;tica. Todo se mide en volumen de datos, en cantidad y no en cualidad. Introducir la inform&aacute;tica en las aulas, &eacute;sa es la gran apuesta de los especialistas, de los administradores de nuestra miseria, sumerj&aacute;monos m&aacute;s profundamente en la sima. &iquest;Para qu&eacute; leer a Flaubert? Eso no interesa, a quien deben conocer las nuevas generaciones es a Bill Gates. &Eacute;se es el futuro que proponen. La literatura es una p&eacute;rdida de tiempo, si acaso alg&uacute;n best-seller para pasar el tiempo en el and&eacute;n de una estaci&oacute;n camino del trabajo, algo ligero para pasar el rato entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio. <br><br> En el reino de la mediocridad postmoderna, el vac&iacute;o cultural es un reflejo del hast&iacute;o de nuestras vidas. Que se nos acuse de apocal&iacute;pticos no es algo que nos deba preocupar, porque cuando lo que est&aacute; en juego es la esencia del ser humano no valen t&eacute;rminos medios. Recordemos el escenario que nos pintaba Bradbury en Fahrenheit 451. En esta distop&iacute;a los bomberos se dedicaban a quemar libros. Los libros estaban prohibidos para proteger a la gente en su ignorancia consumista. Pero los libros no fueron prohibidos desde un principio, simplemente la gente dej&oacute; de interesarse por ellos, perdieron cualquier inter&eacute;s. &iquest;Para qu&eacute; leer si ten&iacute;an pantallas de televisi&oacute;n, drogas, deportes y toda clase de entretenimientos espectaculares? Leer significa pensar, pensar significa hacerse preguntas, hacerse preguntas significa no conocer todas las respuestas y no conocer todas las respuesta significa ser infeliz, pero esa infelicidad por no conocerlo todo es lo que nos hace ser humanos y, en el fondo, felices. El mundo de Fahrenheit 451 es el mundo de la (in)feliz ignorancia, de la estupidez encumbrada, del actuar no-actuando y del no-ser en el ser, por cuanto ese ser no puede serlo si se le enajena su capacidad para desarrollar un pensamiento aut&oacute;nomo. Es el enga&ntilde;o consumado: felicidad a base de drogas y falsas experiencias. &iquest;Cabe mayor estupidez? Pero es la realidad que vivimos: la vida falsificada. Nuestro mundo cada vez se parece m&aacute;s al que reflej&oacute; Bradbury, lo cual deber&iacute;a llevarnos a reflexionar. <br><br> Es posible que el realismo del siglo XIX no sea m&aacute;s que una respuesta a la enajenaci&oacute;n de la realidad del mundo que provocaba el desarrollo capitalista[5]. De hecho, podemos estar de acuerdo con la afirmaci&oacute;n de que la cultura es en s&iacute; misma una mediaci&oacute;n, &ldquo;una ruptura entre el todo y sus partes, que van siendo progresivamente dominadas.&rdquo;[6] Siendo conscientes de esta realidad: que toda cultura es mediaci&oacute;n; si hemos de elegir entre la mediaci&oacute;n (aparentemente) no mediada &ndash;en la que todo es ef&iacute;mero y consumible y la Historia es una entelequia- de la postmodernidad, que no refleja sino el vac&iacute;o m&aacute;s absoluto, y la mediaci&oacute;n conscientemente mediada &ndash;que permite una mayor flexibilidad para subvertirla y superarla, por cuanto se haya siempre presente conscientemente- de la Modernidad, que recoge todo lo que anta&ntilde;o se llamaba cultura, no cabe duda que elegiremos &eacute;sta &uacute;ltima. El arte y la cultura han sido superados, pero han sido superados por la NADA espectacular. Por tanto, en lugar de celebrarlo y ser part&iacute;cipes de una inconsciencia suicida que s&oacute;lo nos conducir&iacute;a a la colaboraci&oacute;n con la irracionalidad del sistema, debemos luchar por devolver al pensamiento al centro de la escena pol&iacute;tica. La recuperaci&oacute;n del pensamiento como herramienta pol&iacute;tica debe ser una de las claves para superar la escisi&oacute;n vida-experiencia: <br><br> Llamamos pensamiento al nexo que constituye las formas de vida en un contexto inseparable, en forma-de-vida. No nos referimos con esto al ejercicio individual de un &oacute;rgano o de una facultad ps&iacute;quica, sino a una experiencia, un experimentum que tiene por objeto el car&aacute;cter potencial de la vida y de la inteligencia humanas. pensar no significa s&oacute;lo ser afectados por esta o aquella cosa, por este o aquel contenido de pensamiento en acto, sino ser a la vez afectados por la propia receptividad, hacer la experiencia, en cada pensamiento, de una pura potencia de pensar.[7] <br><br> La tarea del pensamiento es hoy m&aacute;s importante que nunca, por cuanto debe convertirse en potencia que dirija los esfuerzos unitarios para construir una alternativa s&oacute;lida: &ldquo;La intelectualidad, el pensamiento no son una forma de vida m&aacute;s junto a las otras en que se articulan la vida y la producci&oacute;n social, sino que son la potencia unitaria que constituye en forma-de-vida a las m&uacute;ltiples formas de vida.&rdquo;[8] El desd&eacute;n por lo intelectual y lo cultural presente en gran parte de la cr&iacute;tica social debe ser superado, puesto que, en el per&iacute;odo de barbarie en el que estamos inmersos, esa actitud anti-intelectualista s&oacute;lo contribuye a afirmar la sinraz&oacute;n de la &eacute;poca, la barbarie de la vacuidad de nuestras vidas y experiencias. Por tanto, frente a la (i)rrealidad espectacular, frente a la cultura de la imagen, de la televisi&oacute;n, de los videojuegos, de la publicidad omnipresente, se impone recuperar la raz&oacute;n, volver a la lectura, al pensamiento paciente y sereno, pero a la vez cr&iacute;tico y contundente. Las armas de la cr&iacute;tica son -no lo olvidemos- las armas del pensamiento, pues s&oacute;lo en base al pensamiento se podr&aacute; construir una acci&oacute;n emancipadora. Leer para luchar y luchar para recuperar nuestra vida. <br><br>  <br>  <br> NOTAS: <br><br> [1] Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s: &ldquo;Clandestinos&rdquo;, El Pa&iacute;s, 14 de octubre de 2005 <br><br> [2] Guy Debord: La sociedad del espect&aacute;culo, <a href=\"http:\/\/sindominio.net\/ash\/espect.htm\" rel=\"nofollow\">http:\/\/sindominio.net\/ash\/espect.htm<\/a>, &sect; 4 <br><br> [3] Theodor W. Adorno: Minima moralia: Reflexiones desde la vida da&ntilde;ada, Akal, Madrid, 2004, &sect; 92, pp.146-7 <br><br> [4] V&eacute;ase un ejemplo muy ilustrativo de esta ceguera intelectual: Soledad gallego-D&iacute;az: &ldquo;&iquest;En qu&eacute; a&ntilde;o muri&oacute; Julio Verne?&rdquo;, El Pa&iacute;s, 14 de octubre de 2005 <br><br> [5] Theodor W. Adorno: &ldquo;Lectura de Balzac&rdquo;, Notas sobre la literatura, Akal, Madrid, 2003, p.145 y ss. <br><br> [6] John Zerzan: &ldquo;Diccionario del nihilista&rdquo;, Futuro primitivo y otros ensayos, Numa, Valencia, 2001, p. 122. <br><br> [7] Giorgio Agamben: &ldquo;Forma-de-vida&rdquo;, Medios sin fin. notas sobre la pol&iacute;tica, Pre-Textos, Valencia, 2001, p. 18. <br><br> [8] Ib&iacute;dem, p. 20. <br>  <br> <\/p>\n","contact":"andresdevesa@gmail.com","link":"http:\/\/fcuatrocincouno.blogspot.com\/","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/plain","summary":"El pensamiento cr\u00edtico y su papel en la lucha contra la Sociedad Espectacular","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/","filesize":null,"article_url":"\/news\/2005\/10\/137977.php"},"attachments":[],"comments":[]}