{"article":{"id":137432,"heading":"Estereotipaci\u00f3n y artificializaci\u00f3n en la est\u00e9tica humana.","author":"Andr\u00e9s Devesa","created":"2005-10-20 05:20:57","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>Lociones y navajas para los petimetres&hellip; para m&iacute; pecas y barba hirsuta. <br><br> Walt Whitman[1] <br><br> En esta &eacute;poca en la que todo, incluido el ser humano, ha quedado reducido a mercanc&iacute;a producida en serie, la cuesti&oacute;n de la est&eacute;tica humana no es tan banal como a priori pudiera parecerlo, sino que se torna en reflejo de la p&eacute;rdida de identidad de nuestra esencia humana. Nos hemos convertido en maniqu&iacute;es, en objetos expositores de otros objetos. Y esto es incluso m&aacute;s evidente en aquellos que creen huir de la moda y de los canones est&eacute;ticos ortodoxos y que ven en su imagen aparentemente contestataria un modo de oposici&oacute;n a lo normativo. Pero esta hu&iacute;da est&eacute;tica de lo normativo es doblemente falsa. En primer lugar, porque hoy todo est&aacute; normativizado, a&uacute;n lo supuestamente contestatario, que es adaptado al sistema para que pueda ser acogido en su seno sin causar problemas, m&aacute;s all&aacute; del esc&aacute;ndalo de alguna anciana. Y en segundo lugar, porque a menudo la b&uacute;squeda de la individualidad en lo est&eacute;tico, algo que a pesar de todo es secundario, no esconde mas que la integraci&oacute;n &ndash;probablemente inconsciente, como casi todo lo que nos ocurre hoy- en el sistema al que pretende enfrentarse, diluy&eacute;ndose la posible oposici&oacute;n en c&oacute;moda rebeld&iacute;a[2]. Lo importante no es la imagen que podamos mostrar cara al exterior, sin que tampoco haya que restar importancia a &eacute;sta, sino las razones &uacute;ltimas de nuestro modo de vida, lo cual se puede reflejar externamente o no. Pero en la Sociedad Espectacular en la que vivimos, la imagen lo es todo y, a menudo, no podemos evitar caer en su trampa. <br><br> Si ya de por s&iacute; es d&iacute;ficil sobreponerse a la realidad que nos rodea, mucho m&aacute;s dif&iacute;cil es hacerlo en cuanto a lo que nuestro aspecto externo se refiere, aunque pueda parecer todo lo contrario. Ser capaces de controlar algo tan nimio como es nuestro aspecto f&iacute;sico y sustraerlo de las relaciones mercantiles y de las influencias externas de una sociedad que todo lo convierte en mercanc&iacute;a es sumamente complicado, por no decir casi imposible. Esto se debe a dos rasgos b&aacute;sicos de la Sociedad Industrial que tienen su reflejo en nuestra est&eacute;tica, en nuestra forma de vestir y de cuidar nuestro aspecto f&iacute;sico. Estos factores son la estereotipaci&oacute;n y la artificializaci&oacute;n de la vida. <br><br> La estereotipaci&oacute;n est&eacute;tica vendr&iacute;a dada por la reducci&oacute;n est&eacute;tica a unos cuantos tipos b&aacute;sicos estandarizados. Estos tipos ofrecen una ampl&iacute;sima variedad &ndash;tanta como tribus urbanas puedan existir o se puedan inventar desde los despachos de las multinacionales- pero por ello mismo son reduccionistas, por cuanto vienen predeterminados. Estos tipos lo engloban todo, incluso aquello que aparenta salirse de lo normal. La est&eacute;tica punk, por poner un ejemplo extremo de est&eacute;tica aparentemente antisistema, no se sale realmente de los cauces marcados por la sociedad del consumo compulsivo en la que nos hayamos: da igual lo que compres, pero compra. Al sistema no le preocupa que tu camiseta lleve un eslogan anti-sistema, porque, a su pesar, est&aacute; dentro de los cauces del mismo y lo que est&aacute; dentro del sistema no puede suponer un peligro para &eacute;l. Lo alternativo se convierte en moda, siendo as&iacute; fagocitado por el sistema que dice combatir, que lo reduce a una imagen de su propia miseria e incapacidad para luchar contra la dictadura de la mercanc&iacute;a. <br><br> La artificializaci&oacute;n tiene su caracter&iacute;stica est&eacute;tica m&aacute;s evidente en la hu&iacute;da de todo aquello que nos recuerde lo que somos -&iexcl;pese a todo a&uacute;n seres humanos!- y el gusto por lo que de falso hay en nuestras vidas, buscando desesperadamente la asimilaci&oacute;n con la &eacute;poca. Asimilaci&oacute;n producida por la adopci&oacute;n de todos aquellos requisitos que se nos exigen para estar siempre a la &uacute;ltima, el no quedarse atr&aacute;s y gozar de los desenfrenos de una sociedad que necesita vendernos que ocurre algo nuevo a cada instante y que todo lo que ocurre, por supuesto, nos beneficia; pero lo cierto es que lo &uacute;nico que ocurre es que cada vez perdemos un poco m&aacute;s nuestra identidad y como seres humanos. Hay una necesidad de a&ntilde;adir extras a nuestro cuerpo, de exhibirnos como si fu&eacute;semos un muestrario de la abundancia de productos de que podemos disfrutar. Gafas de sol, cuanto m&aacute;s llamativas mejor; tel&eacute;fonos m&oacute;viles colgando del cuello a modo de cencerro para que nos recuerden lo que somos: un reba&ntilde;o que debe seguir la senda marcada; zapatillas deportivas de &uacute;ltima generaci&oacute;n; los cascos en los o&iacute;dos para escuchar la &uacute;ltima novedad que, curiosamente, es igual a la de la semana pasada y &eacute;sta igual a la de la anterior&hellip; Debemos estar siempre a la &uacute;ltima y no quedarnos rezagados; el sistema exige que no perdamos comba del ritmo que nos marca. <br><br> Con respecto a lo que llamo &ldquo;hu&iacute;da de lo humano&rdquo; quiero llamar la atenci&oacute;n sobre un aspecto al que no se da importancia y que, a primera vista, parece carecer de ella, pero que creo que define bien la esencia del sistema en el que vivimos. Hablo del aborrecimiento que muestra nuestra &eacute;poca hacia el vello. Nunca ha habido un per&iacute;odo hist&oacute;rico tan preocupado est&eacute;ticamente por eliminar el pelo del cuerpo humano[3]. Esta fobia al vello se puede tomar como un s&iacute;mbolo de una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes &ndash;y desastrosas- de nuestra &eacute;poca, el desprecio a la Historia. La presencia de pelo en nuestro cuerpo nos recuerda nuestro origen animal, es un recuerdo de nuestro devenir hist&oacute;rico que nos llevo desde nuestra primitiva condici&oacute;n de animales hasta la de seres racionales. Querer eliminar el vello de nuestro cuerpo es negar que formamos parte de la naturaleza, como el resto de seres que habitan la Tierra y es negar la Historia de la Humanidad, que se ha constru&iacute;do a lo largo de millones de a&ntilde;os, pero que nunca como hasta ahora se sinti&oacute; tan distante de su Historia social y natural como hasta ahora. El ser humano actual niega la Historia, se cree fuera de ella y piensa que todo ha sido siempre igual[4], no puede concebir que la Humanidad se ha desarrollado a lo largo de un proceso hist&oacute;rico que nos ha llevado a lo largo de los siglos hasta la actualidad. Negar la Historia o, peor a&uacute;n, su aparente contrario, creer que somos la culminaci&oacute;n de la misma. Esa es la otra cara de la moneda, pensar que la Historia tiene un fin y que ese fin somos nosotros. Pero esta visi&oacute;n est&aacute; igualmente fuera de la Historia. Pensar que la Historia tiene un fin supone negarla, por cuanto si todo est&aacute; determinado no hay devenir posible. Despreciar el vello en el cuerpo humano es despreciarnos a nosotros mismos, por cuanto es una parte de lo que somos, es lo que nos recuerda nuestro origen animal, precisamente lo que m&aacute;s molesta a los que piensan que somos la culminaci&oacute;n de la Historia y a los que creen todo ha sido siempre igual, puesto que les obliga a enfrentarse de cara a la Historia. <br><br> Anta&ntilde;o la barba era un s&iacute;mbolo de sabidur&iacute;a, era la imagen del respeto hacia los mayores, era el recordatorio de que el paso de los a&ntilde;os permit&iacute;a la acumulaci&oacute;n de experiencia y que, gracias a esa experiencia, el ser humano ten&iacute;a algo a lo que aferrarse, algo que le sujetaba a su propia Historia. Pero hoy, cuando no cabe mayor desprecio por la vejez, cuando las personas maduras huyen de su propia madurez e imitan a los j&oacute;venes para que no se les pueda acusar de estar pasados de moda[5], cuando nadie quiere envejecer, cuando todos quieren ser eternamente j&oacute;venes... &iquest;qu&eacute; sentido le puede quedar? Cortemos las barbas de S&oacute;crates, condenemos al ostracismo a todos los fil&oacute;sofos barbudos, puesto que ya nada podemos aprovechar de ellos, ning&uacute;n aprendizaje queda por sacar de sus canas y de sus luengas barbas. Lo importante hoy d&iacute;a es parecer juvenil y despreocupado tal y como mandan los tiempos, no mirar al pasado ni preocuparse del futuro[6], vivir en un eterno presente en el que nada importa m&aacute;s all&aacute; de lo que pase delante de nuestras narices. <br><br> En este &ldquo;mundo feliz&rdquo; en el que vivimos no ha lugar para seres humanos tal y como se han entendido estas palabras a lo largo de la Historia. Una nueva Humanidad se est&aacute; forjando, pero debemos recordar que no todo lo nuevo es mejor que lo pasado, auqnue as&iacute; nos quieran hacer creer y ese nuevo ser humano recuerda demasiado al que nos han pintado las diferentes distop&iacute;as, especialmente a los de la pel&iacute;cula La fuga de Logan, que reflejaba un mundo que hab&iacute;a olvidado su Historia, que viv&iacute;a recluido en s&iacute; mismo y que deshechaba a los individuos &ldquo;viejos&rdquo; -y los viejos en ese mundo no pasan de los treinta a&ntilde;os- como inservibles. En nuestras manos est&aacute; evitar que lleguemos a esos extremos, estamos a tiempo de volver la vista atr&aacute;s y al contemplar en nuestro pasado el horror del presente ponerle soluci&oacute;n antes de que sea demasiado tarde. <br><br> Retomando la cuesti&oacute;n, hoy todo el mundo quiere deshacerse del vello, de ese rasgo arcaizante del ser humano, pero que en el fondo nos define como lo que somos: humanos, unos guapos, otros feos, con m&aacute;s pelo con menos pelo, blancos, negros, rubios, morenos&hellip; seres humanos, imperfectos, por tanto, pero hermosos en esa imperfecci&oacute;n, no somos m&aacute;quinas producidas en serie. Por eso es triste que sea cada vez m&aacute;s frecuente encontrar personas que se depilan completa y definitivamente para no tener un s&oacute;lo pelo, ni en la cabeza, ni en la cara, ni en el resto del cuerpo y mucho menos en los lugares m&aacute;s &iacute;ntimos y m&aacute;s hermosos del cuerpo humano[7]. Y los apologistas del fin de la Humanidad, los defensores del progreso a ultranza, aunque ese progreso acabe con lo que entendemos por ser humano, lo celebran encantados. Se elimina as&iacute; un rasgo m&aacute;s de humanidad; una molestia menos, ya no har&aacute; falta afeitarse; un elemento diferenciador menos, ya podremos ser todos iguales, imberbes. Todos rapados, sin vello y con m&uacute;sculos artificiales formados a ritmo de gimnasio. Y, dentro de poco, la biotecnolog&iacute;a nos permitir&aacute; elegir: ya no habr&aacute; feos, todos seremos sanos, guapos, iguales, perfectos. &iquest;Qu&eacute; vendr&aacute; despu&eacute;s, el c&oacute;digo de barras tatuado en la frente que asegure que cumplimos todos los requistos de calidad? Espero que no lleguemos a eso, porque habremos dejado de ser humanos y, aunque todo esto suene a ciencia ficci&oacute;n, a discurso apocal&iacute;ptico, lo ciero es que cada d&iacute;a se avanza un paso en la p&eacute;rdida de identidad del ser humano, en su alejamiento de lo que nos hace humanos y en la artificializaci&oacute;n de la vida. Espero que sepamos pararlo a tiempo... si no, a m&iacute; que me dejen con mi hermosa y humana fealdad, con mi barba, mis pelos y mi cuerpo, yo quiero seguir siendo humano, no quiero ser un bonito maniqu&iacute; artificial. <br><br>  <br>  <br> NOTAS: <br><br> [1] Walt Whitman: &ldquo;Canto a m&iacute; mismo&rdquo;, Hojas de hierba, Espasa, Madrid, 1999, p. 143 <br><br> [2] Un buen ejemplo se encuentra en el mundo hippie, que acab&oacute; convirti&eacute;ndose en pura imagen y representaci&oacute;n, en una parte m&aacute;s del Espect&aacute;culo. La contra-cultura hippie se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno de la cultura que pretend&iacute;a superar, Ken Knabb: &ldquo;Sobre la miseria de la vida hippie&rdquo;, Secretos a voces, Literatura gris, Madrid, 2001, pp. 5-17. <br><br> [3] Es cierto que en otras &eacute;pocas tambi&eacute;n ha existido un cierto desprecio por el vello, especialmente por el de la cara, pero nunca tan exacerbado. Adem&aacute;s, es curioso que ese desprecio se haya dado fundamentalmente en per&iacute;odos en los que se abre paso un r&eacute;gimen tir&aacute;nico y se produce una p&eacute;rdida de identidad y decadencia de los antiguos valores, como fue el tr&aacute;nsito de la Rep&uacute;blica romana al Imperio. <br><br> [4] Ese desprecio moderno por la Historia, ya lo defini&oacute; hace &iexcl;75 a&ntilde;os! Jos&eacute; Ortega y Gasset y desde entonces no ha hecho sino acrecentarse: La rebeli&oacute;n de las masas, Espasa-Calpe, Madrid, 1972, pp. 54-5 <br><br> [5] Vivimos en una sociedad de adolescentes, en la que lo &uacute;nico que cuenta es no quedar desfasado, Jaime Sempr&uacute;n: El abismo se repuebla, Precipit&eacute;, Madrid, 2002, pp. 21 y ss. <br><br> [6] Ib&iacute;dem. pp.78 y ss. <br><br> [7] El vello nos recuerda tambi&eacute;n el sexo, lo hermosamente salvaje de la sexualidad humana, lo que llev&oacute; a Arthur Schopenhauer a pedir la prohici&oacute;n de la barba: &ldquo;La barba deb&iacute;a estar prohibida gubernativamente, por ser media m&aacute;scara. Adem&aacute;s, es obscena, como signo del sexo en medio de la cara; por eso le gusta a las mujeres&rdquo;, en: &ldquo;Metaf&iacute;sica de lo bello y est&eacute;tica&rdquo;, La lectura, los libros y otros ensayos, Edaf, Madrid, 1996, p. 88, nota 7. <br>  <br> <\/p>\n","contact":"andresdevesa@gmail.com","link":"http:\/\/fcuatrocincouno.blogspot.com\/","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/plain","summary":"Estereotipaci\u00f3n y artificializaci\u00f3n en la est\u00e9tica humana. El vello como rasgo de Humanidad.","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/","filesize":null,"article_url":"\/news\/2005\/10\/137432.php"},"attachments":[],"comments":[]}