{"article":{"id":110574,"heading":"Di\u00e1logos con el refri","author":"Dr. Fernando Buen Abad Dom\u00ednguez","created":"2004-05-19 17:16:30","modified":"2026-10-25 17:02:53","last_modified":"Mon, 26 Oct 2026 00:02:53","article":"<p>Di&aacute;logos con el refri\r\nFernando Buen Abad Dom&iacute;nguez\r\n\r\nTambi&eacute;n el fr&iacute;o tiene una relaci&oacute;n &iacute;ntimamente hist&oacute;rica con la supervivencia humana. Con lo fr&iacute;o ocurri&oacute; un fen&oacute;meno de apropiaci&oacute;n muy similar a la suscitada con el fuego. M&aacute;s all&aacute; de idear formas diversas pera protegernos de ellos, el gran salto e hito cultural devino de controlarlos. Un proceso intelectual primigenio muy complejo permiti&oacute; desarrollar intuiciones, im&aacute;genes y aprendizajes que sintetizados dieron con esa cualidad preservadora de la vida atesorada en el fr&iacute;o. Y nos quedamos helados.\r\nDesde entonces y para siempre fuimos capaces de poseer al fr&iacute;o, f&iacute;sica o conceptualmente, dimos soluciones y tareas cada vez m&aacute;s complicadas.  El fr&iacute;o ocup&oacute; un lugar importante en el desarrollo social porque permit&iacute;a extender los plazos perentorios que la naturaleza impone a los alimentos. El fr&iacute;o manten&iacute;a a buen recaudo el excedente y facilitaba la transici&oacute;n del sistema n&oacute;mada de sobrevivencia al sedentario. \r\nAs&iacute; como el conjunto de las fuerzas naturales, por ser conjunto y por ser superiores a nuestras fuerzas, impresionaron y fecundaron al pensamiento m&aacute;gico, la fuerza majestuosa de las glaciaciones, las nevadas y los hielos marinos produjo percepciones hierof&aacute;nico-rituales desde donde devienen todas nuestras tradiciones vinculadas al fr&iacute;o, al hielo, la escarcha y la nieve.  Tradiciones de brujer&iacute;a, hechicer&iacute;a y curander&iacute;a. De religi&oacute;n, filosof&iacute;a y ciencia. \r\nAnte la mirada asombrada de la humanidad, desde siempre,  la naturaleza hace de las suyas mutando y transformando la materia, con desplantes grandilocuentes y sobrecogedores que inquietan al esp&iacute;ritu y a la inteligencia. Nuestra relaci&oacute;n con todos esos acontecimientos maravillosos ha sido siempre m&aacute;gica. De la tragedia a la reverencia.\r\nLo fr&iacute;o nos cambia, nos muta &aacute;nimos y emociones porque se asocia a las ciclicidades que dominan toda forma de existencia. El fr&iacute;o impacta nuestra consciencia y subconsciencia con designios simb&oacute;licos sedimentados en la experiencia. Nos hace participar de todos los ritmos c&oacute;smicos y pone en evidencia parte de nuestra fragilidad. Por eso le respondemos con la cultura. Necesitamos del fr&iacute;o como necesitamos de la totalidad porque la vida es un sistema dial&eacute;ctico de ordenaci&oacute;n que no admite disociaciones. El riesgo por alterar cualquiera de sus &oacute;rdenes deja resultados frecuentemente lamentables. Psicol&oacute;gicos y ecol&oacute;gicos. \r\nEsa urgencia humana por conservar los excedentes produjo dep&oacute;sitos fr&iacute;os artificiales, que de lo muy primitivo en perforaciones terrestres, hielos o nieves, a lo tecnificado de los refrigeradores contempor&aacute;neos, sigue operando el mismo conjunto de relaciones m&aacute;gico rituales prolongadoras de la vida. Y nada, de lo cient&iacute;fico o de lo fant&aacute;stico detiene nuestras b&uacute;squedas. Para conservar la vida de los seres humanos la ciencia ficci&oacute;n ide&oacute; refrigeradores estramb&oacute;ticos donde quien es \"guardado\" en un sue&ntilde;o vegetativo, despertar&aacute; en el futuro manteniendo su integridad biol&oacute;gica. Tal como ocurre con las carnes, tomates o frutos que metemos al refrigerador dom&eacute;stico para que alcancen al futuro.\r\nEl rito de trasplantar al h&aacute;bitat cuanto existe en la naturaleza para reproducir como en una maqueta de la existencia todo lo maravilloso de la vida, alcanz&oacute; con los refrigeradores modernos un logro extraordinario. Aunque a muchos ya no les asombre.\r\nUn refrigerador casero es abstracci&oacute;n de nuestra vocaci&oacute;n ancestral de magos dominadores de la naturaleza para  subordinar todas sus magnificencias vitales a nuestros caprichos cotidianos. Contienen en miniatura y separadamente todas las variables de las glaciaciones y de los inviernos. Contienen la pulsi&oacute;n humana del atesoramiento, porque son cajas de seguridad para el producto del trabajo y sus excedentes. Contienen la realidad est&eacute;tico-funcional de un tiempo en el que lo ritual vinculado a los alimentos simplifica, olvida y transforma tradiciones de todo tipo. Un refrigerador casero es santuario del futuro.\r\nDe ellos, por ellos y para ellos generamos culturas nuevas en las que los refrigeradores  participan como fetiche nutrido con significaciones muy dis&iacute;mbolas. Fetiche que expresa y activa un sentido del bienestar o la abundancia en movimiento constante entre el vaciamiento o las carencias. Fetiche que psicoanaliza nuestras relaciones y preferencias con los diferentes tipos de alimentos que atesoramos. Fetiche que desnuda la realidad m&aacute;s fr&iacute;a de nuestra situaci&oacute;n econ&oacute;mica y fetiche que se estigmatiz&oacute; como artefacto familiar-femenino a trav&eacute;s de sistemas ideol&oacute;gico- culturales muy especiales y a veces odiosos. Fetiche finalmente del amor, de la preocupaci&oacute;n porque haya v&iacute;veres, pocos o muchos, para garantizar la ofrenda afectiva mutada en viandas que m&aacute;s tarde ir&aacute;n a parar al altar de las mesas.  Fetiche de la vida.\r\nVistos como son, los refrigeradores producen y conservan emociones escalofriantes. Siempre que acudimos a ellos acudimos a un confesionario hist&oacute;rico donde consciente o inconscientemente declaramos el estado real de nuestros haberes morales, est&eacute;ticos y emocionales. Parados ante el refrigerador, con la puerta abierta o cerrada, somos una especie de feligreses en espera de cumplir un sacramento cotidiano que nos repondr&aacute; potencias ante la vida. Nos sentiremos satisfechos o endeudados, nos abandonaremos a la gratificaci&oacute;n de nuestros apetitos o al dolor por las calamidades.  Por m&aacute;s fr&iacute;o que sea el refrigerador nunca nos deja indiferentes.\r\nPero los refrigeradores son tambi&eacute;n espejo de las realidades colectivas hist&oacute;rico- econ&oacute;micas m&aacute;s vigentes. Desde sus or&iacute;genes el refrigerador estuvo muy cerca de la relaci&oacute;n econom&iacute;a-necesidad-satisfactor, y eso no se ha modificado en lo absoluto. En alguna &eacute;poca se consider&oacute; la propiedad de un refrigerador como signo de progreso y bonanza financiera. Hoy desgraciadamente para muchos sigue siendo igual aunque los sistemas crediticios y otras maromas comerciales hayan facilitado la propiedad sobre unrefrigerdor. Dialogar con el refri  es confesional y emocionante. El nos cuenta nuestro pasado m&aacute;s lejano y nuestro presente m&aacute;s inmediato. Conserva en sus entra&ntilde;as, junto a los v&iacute;veres, nuestros frutos m&aacute;s antiguos rituales y m&aacute;gicos. Dialogar con el refrigerdor y sus verdades puede dejarnos helados. \r\n\r\n<\/p>\n","contact":"","link":"","address":"","phone":"","parent_id":0,"mime_type":"text\/html","summary":"Quedarse helados","numcomment":0,"fileurl":"\/uploads\/","filesize":null,"article_url":"\/news\/2004\/05\/110574.php"},"attachments":[],"comments":[]}